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| 6/29/2013 12:00:00 AM

20 años sin la voz de Héctor Lavoe

El puertorriqueño falleció en Nueva York, a los 47 años, hace dos décadas. Semana.com recuerda al ‘cantante de los cantantes’.

"Me paran siempre en la calle, mucha gente que comenta: Oye Héctor, tú estás hecho, siempre con hembras y en fiestas. Y nadie pregunta si sufro, si lloro, si tengo una pena que hiere muy hondo", era una de las estrofas de El Cantante, la canción que escribió Rubén Blades para Héctor Lavoe y que se convertiría en su sello personal. Ese era él, 'El cantante de los cantantes', el más grande sonero, y hoy, que se cumple el aniversario número 20 de su muerte, el mundo lo recuerda. 

Héctor Lavoe es un nombre de leyenda, sinónimo de salsa en su más pura expresión. Aun así, este monstruo de la música conservó hasta el final de sus días la sencillez propia del nombre que le dieron sus padres, Panchita y Luis Pérez, cuando nació, el 30 de septiembre de 1946, en Puerto Rico. A eso también debió uno de sus más famosos apodos, el 'jibarito de Ponce', porque siempre vivió orgulloso de su raíz campesina y humilde. 

Tal vez fue por eso que cuando la fama le llegó rápido y de golpe, después de que en 1967 se convirtió en el cantante de la banda del trombonista Willie Colón, se dejó llevar por el mundo de las drogas. Quizá no supo asumir su desbordante éxito de otra manera. Poseer tanto dinero tampoco le era natural, así que se tomó, inyectó y esnifó hasta el último dólar que le pagaron.

Cuando era apenas un adolescente dejó su hogar y su tierra natal para buscar fortuna en Nueva York, la Gran Manzana. Estaba cansado de que su padre insistiera en que debía estudiar para formarse y ser alguien en la vida. En la capital del mundo sobrevivió con lo que le daban su trabajo como lavaplatos y limpiando mesas, mientras vivía en la casa de su hermana.

La fama le llegó pronto y junto a Colón formó uno de los dúos más innovadores de la música latina. Pusieron a bailar a todo el continente con sus canciones, Calle Luna Calle Sol, Juanito Alimaña, La Murga, entre muchas otras. Impusieron el estilo propio de la salsa con sus letras urbanas, de historias de barrio propias de la vida que llevaban los inmigrantes en el Bronx o el Harlem Latino. Luego se convirtió en el líder de su propia banda y logró la gloria con canciones como Periódico de ayer, El Todopoderoso, Rompe Saragüey y Mi Gente. 

Siempre se distinguió por ser 'el rey de la impuntualidad', pero aclaraba en la canción que lleva el mismo nombre: "yo no soy quien llega tarde, ustedes llegan muy temprano". Aun así, el público se dejaba hechizar por él a pesar de la espera, en gran parte gracias a su sentido del humor. Willie Colón decía que nueve de cada 10 veces los asistentes terminaban perdonándole sus retrasos, aunque en alguna oportunidad tuvieron que huir corriendo de la turba enfurecida. 



El drama

La vida de Lavoe siempre estuvo marcada por la tragedia. Cuando apenas tenía 4 años falleció su madre. Al poco tiempo perdió a uno de sus hermanos mayores. También debió sobrellevar en 1987 que su hijo menor muriera a los 17 años a causa de un accidente con un arma de fuego, que su suegra fuera asesinada, la muerte de su padre y ser diagnosticado con el virus del VIH. Para completar su desgracia, en 1988, cuando parecía haber perdido la esperanza, quiso suicidarse al lanzarse de un octavo piso, pero corrió con la mala suerte de no morir en el intento. Su cuerpo quedó muy malherido y medio paralizado, lo cual no le dejó fuerzas para luchar contra la enfermedad que terminó quitándole la vida el 29 de junio de 1993.

Lavoe se transformaba sobre el escenario, en donde verlo era estar en presencia de una leyenda que, a pesar de llevar una vida dura, llena de tristeza y con una clara tendencia autodestructiva, lograba contagiar la alegría de su música en todo aquel que la escuchaba. A pesar de ser de signo libra, Lavoe no conocía de equilibrios y su existencia se movía entre los extremos. Los viajes eufóricos de la heroína y los bajones depresivos y ansiosos de la abstinencia; la humildad de su procedencia y los lujos exuberantes de la vida de un cantante famoso. 

Muchos han querido ver a La Fania y a su director, Johnny Pacheco, como villanos en la historia de Lavoe, como quienes lo explotaron y luego no le quisieron tender una mano durante sus momentos de mayor necesidad. El propio Colón, que decidió alejarse de la oscuridad por la que pasó su amigo y compañero, escribió una carta abierta después de la muerte de Lavoe, que fue publicada en español en el diario Claridad y en inglés en Newsday (ambos medios de Nueva York), en donde acusaba a sus fanáticos por soportar sus malos hábitos y falta de profesionalismo, a los empresarios musicales de no pagar las regalías justas a su artista y hasta se acusó a sí mismo de haber traicionado a Lavoe por no haber tenido el coraje de enfrentarlo y hacerlo caer en la cuenta de su mala condición y sus adicciones. 

"Trato de complacer la humanidad, pero mi dicha aquí ha sido fatal, no pierdo la esperanza de luchar, y seguro que mi suerte cambiará, pero ¿cuándo será?", cantaba Lavoe en el clásico de la salsa El día de mi suerte. 'El único hombre de la Fania que de frente parece que estuviera de lado', 'el hombre que respira debajo del agua', en definitiva, el más grande intérprete de este género, tal vez sin saber, describió su vida en esa estrofa. Pero aun así, el mensaje que se repite en las gargantas de sus seguidores es el famoso grito: "¡Que cante mi gente!", porque fue en la música en donde dejó plasmada la alegría que no pudo disfrutar en la vida real.

Su voz, la 'Voz', entró en el corazón de todos los latinos que se identificaron de inmediato con la explosión de la salsa y del sello disquero de La Fania en la Nueva York de los 60 y 70. Es por esto que en 2013, 20 años después de morir de sida, el mundo aún lo extraña.
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