26 febrero 2011

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¡A luchar por la justicia!

PERSONAJESUn fenómeno recorre las calles de varias ciudades, a medio camino entre la realidad y la ficción. Son los superhéroes, centenares de ciudadanos del común que luchan contra el mal, vestidos con trusas, capas y máscaras.

¡A luchar por la justicia!.

Es la una de la mañana. Dos pandilleros borrachos intercambian insultos, puños y patadas en un parque de Milwakee, Estados Unidos. De repente, alguien que se escondía detrás de los árboles sale de la oscuridad y les grita: "¡Deténganse!". Los jóvenes se quedan estáticos, mirando sorprendidos a aquel
hombre de traje negro, máscara roja y una W en el pecho, quien con las manos en la cintura amenaza con intervenir si no paran la pelea. La escena no pertenece a una historieta ni a una película de superhéroes; es un día cualquiera en la vida de Watchman, un hombre panzón, común y corriente, de unos 35 años, que de día tiene un trabajo de oficina y de noche recorre las calles de su barrio para "luchar contra el crimen". 
 
Watchman (Vigilante) hace parte de un movimiento conocido como 'Superhéroes de la vida real', conformado por unos 400 mortales que, como dice la carta de presentación de

www.reallifesuperheroes.com, la página de Internet que los aglutina, eligen todos los días marcar la diferencia. "No son 'chiflados en disfraces', como parecen a primera vista -reza el comunicado-. Estos héroes modernos son nuestros vecinos, nuestros amigos, nuestros familiares. Son artistas, músicos, atletas y, sí, políticos".
 
La mayoría patrulla las calles de su ciudad en busca de ladrones, violadores o traficantes de drogas. Otros reparten comida a los indigentes, regalos a niños enfermos en los hospitales o copias de la Constitución estadounidense a los transeúntes para que aprendan sobre su país. Hay también quienes cuidan a las prostitutas, protegen a las mujeres borrachas en los bares para evitar que los hombres se sobrepasen con ellas o limpian los andenes. Todos crean su propio alias y disfraz, que por lo general incluye capa y máscara. Y tienen accesorios que les ayudan a cumplir sus misiones, como un botiquín de primeros auxilios, gas pimienta para ahuyentar a los malandros y un celular para llamar a la Policía si se presenta un problema. Algunos salen solos y otros en grupo, al mejor estilo de la Liga de la Justicia de Supermán, Flash, Linterna Verde y compañía.

"Es un movimiento increíble -comentó a SEMANA Dark Guardian (Guardián Oscuro), superhéroe y administrador de reallifesuperheroes.com-. Ayudamos a la gente y combatimos el crimen, y siempre lo hacemos con nuestro propio dinero". Chris Pollak es el verdadero nombre de este profesor neoyorquino de artes marciales que por las noches patrulla la ciudad en busca de los vendedores de droga que trabajan en los parques. Chris cuenta que era un niño con muchos problemas hasta que empezó a leer cómics y descubrió que quería ser como uno de los protagonistas de esas aventuras. Entonces compró una camiseta "a prueba de balas", guantes "contra puñaladas", botas, gafas, linterna y megáfono, y salió a perseguir delincuentes.
 
El fenómeno de los superhéroes que no vuelan ni tienen visión de rayos X ha crecido tanto durante los últimos años que se expandió de Estados Unidos a algunos países de Europa. En Inglaterra, por ejemplo, es famoso Statesman (Estadista), un banquero que recorre las calles de Londres y dice que ha ayudado a la Policía a atrapar a más de un ladronzuelo. Hace unos cuatro años, cuando medios como el diario The New York Times o la revista Rolling Stone empezaron a publicar artículos sobre el tema, se calculaba que había aproximadamente un centenar; dos años después se empezó a hablar de 250 y hoy ellos dicen ser 400, aunque reconocen que resulta casi imposible contarlos, pues muchos jóvenes se unen cada semana al movimiento. 
 
Los superhombres de carne y hueso se han vuelto tan famosos que ya tienen un documental, que se estrenó en el más reciente Festival de Sundance. También varias exposiciones fotográficas, realizadas por Peter Tangen, quien se enamoró de historias como la de Knight Owl (Búho de la Noche), un bombero anónimo que estuvo en Irak y que, tras convertirse en superhéroe, decidió escribir un manual para que sus colegas aprendan de primeros auxilios. También lo cautivó la vida de Mr. Xtreme (Sr. Xtremo), quien tras ser violado en su niñez decidió que tenía que proteger a los indefensos y patrulla desde hace diez años las calles de San Diego. Y la de Life (Vida), un productor de cine que todas las noches se pone una corbata, un antifaz y un sombrero para llevarles alimentos, jabones, cuchillas de afeitar y cepillos de dientes a los indigentes de Nueva York.
 
"Creo que el fenómeno ha crecido por la afición a las historietas y por las películas y series sobre el tema. También porque muchos queremos cambiar el mundo, y como siempre hemos visto a los superhéroes como poderosos que lo pueden hacer, pues los tratamos de imitar -comentó a esta publicación Life, quien organiza encuentros de superhéroes a través del portal superheroesanonymous.com, y cuyo verdadero nombre es Chaim Lazaros-. Los héroes siempre han estado ahí, pero solo lograron comunicarse después del 'boom' de Internet. En 2007, yo los reuní para hacer un documental y terminé convertido en uno de ellos".
 
Tea Krulos es un periodista independiente que tiene un blog sobre "justicieros sin superpoderes" y está terminando un libro sobre el mismo tema que piensa titular Héroes en la noche. Krulos cuenta que el primer superhéroe real que encontró durante su investigación actuaba en los años setenta. Era un hombre gordo y con barba que se hacía llamar Captain Sticky (Capitán Pegajoso), y se dedicaba a destapar escándalos en ancianatos. Años después aparecieron otros, como el mexicano Superbarrio, un exluchador enmascarado que defendía los derechos de vivienda de los damnificados del terremoto de 1985 y que participó en unas elecciones presidenciales. Luego el fenómeno fue creciendo hasta convertirse en lo que es hoy en día.
 
"Una de las cosas más alucinantes de estos superhéroes es que el rango de gente que participa es muy amplio: hay ricos, pobres, cristianos, ateos dijo Krulos a SEMANA-. Pero apenas se ponen sus disfraces, todos son iguales. Están cansados de ver las cosas malas que pasan, y dicen: 'Esta noche voy a salir a ayudar en vez de quedarme viendo televisión'".

Pero no todos han tenido tan buena suerte como Dark Guardian, quien asegura que lo han amenazado y le han apuntado con una pistola, aunque nunca le ha pasado nada. El periódico británico The Times publicó hace unos años la historia de Mr. Invisible, un californiano que se preparó durante años para salir a la calle. Cuando por fin lo hizo, se encontró con un hombre que le gritaba a su mujer. Quiso intervenir, pero ella le pegó un puñetazo que le rompió la nariz. Luego se sentó en el andén y un mendigo lo orinó. La publicación comentó entonces que ese hecho confirmaba su invisibilidad.
 
Para otros lo más difícil no es enfrentar a los delincuentes, sino contarles a sus parejas que son superhéroes, pues explican que no a todo el mundo le gusta que un ser querido salga en la noche vestido como para una fiesta de disfraces. "Hoy no es Halloween", suelen gritarle a Watchman. Él se lo toma con humor, pues es precisamente su pinta lo que lo ha salvado. "Por lo general, los pandilleros se distraen con mi traje -dice- y se ríen y me preguntan quién diablos soy. Al poco tiempo se les olvida que estaban peleando o causando problemas". Él, entonces, sale satisfecho porque cumplió con su labor de hacer del mundo "un lugar más seguro".
 
 
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