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| 10/6/2002 12:00:00 AM

Abuelos de oro

Símbolos de la rebeldía en los 60, hoy son una muy aceitada máquina de hacer millones. Los Rolling Stones cumplen 40 años y siguen tan campantes. Su gira mundial y el álbum 'Forty licks' así lo confirman.

Es una mañana cualquiera de junio de 1958. En uno de los andenes de la estación de tren de Dartford (Kent), Mike Jagger y Keith Richard, un par de adolescentes que de niños habían sido compañeros de la Wentworth Primary School, ahora se reconocían vagamente después de varios años sin verse. Keith, al ver que Mike iba a la estación Victoria y de allí al London School of Economics cargado de discos de Chuck Berry, se decidió a hablarle durante el corto trayecto y descubrieron su mutua pasión por la música. Ellos no lo sabían pero en aquel feliz encuentro comenzaba uno de los grandes mitos de la cultura popular del siglo XX y una de las más eficaces fábricas de dinero del nuevo siglo: los Rolling Stones.

La verdadera historia comenzó cuatro años más tarde, el jueves 12 de julio de 1962, cuando los Rolling Stones se presentaron por primera vez en el Marquee Club, de Londres. Mike ya era Mick y Keith le había vuelto a poner la s final a su apellido. Ese día tomaron prestado el nombre de una canción de Muddy Waters (Rolling Stone) y se presentaron con la siguiente formación. Brian Jones (guitarra), Mick Jagger (voz), Keith Richards (guitarra), Ian Stewart (piano), Dick Taylor (bajo) y Tony Chapman (batería). Taylor y Chapman se fueron y en su lugar llegaron Bill Wyman (bajo) y Charlie Watts (batería).

Desde entonces la leyenda tomó forma de manera vertiginosa. En ello tuvo mucho que ver su joven manager Andrew Loog Oldham, quien les inventó la pinta y la actitud de chicos malos, en contraposición a los Beatles, quienes se caracterizaban por su simpatía y su gran sentido del humor. Era paradójico. Los Stones, que venían de la clase media acomodada, representaban lo proletario con su aspecto sucio y provocador mientras que los Beatles, de la clase trabajadora, encarnaban los valores del establecimiento con sus peinados cuidadosos y sus trajes con corbata. El periodista Tom Wolfe lo sintetizó así: "Los Beatles quieren tomar tu mano, los Stones quieren quemar tu casa".

¿Dejaría usted que su hija se casara con un Rolling Stone?

La provocación era total. Se habían convertido en el símbolo del cambio social. Pero aquella publicidad la respaldaban con grandes canciones: Get off of my cloud, The last time, 19th nervous breakdown y, por encima de todas, Satisfaction, un himno generacional que suena tan actual en 2002 como en 1965 y considerada a finales de los 80 por la revista Rolling Stone como el mejor disco sencillo de la historia del pop. En aquella ocasión el comentarista comparaba el comienzo de guitarra de Satisfaction como el equivalente del pop de las tres notas iniciales de la Quinta Sinfonía de Beethoven.

Esa aparente rivalidad entre los Beatles y los Rolling Stones (en la vida real eran amigos) movió los hilos de la cultura pop en el Reino Unido, al menos hasta 1967, cuando cometieron el error de intentar imitar a los Beatles en un terreno que les era ajeno: el de la sicodelia y la experimentación. En esta época, además, Mick Jagger y Keith Richards se vieron involucrados en un desgastador juicio por posesión de droga y sólo en 1968, con su sencillo Jumpin jack flash y su álbum Beggar's Banquet, recuperaron su mejor forma. Esta nueva edad de oro duró hasta 1972 y coincidió con el fallecimiento en circunstancias oscuras de Brian Jones, quien apareció ahogado el 3 de julio de 1969 en la piscina de su casa. Jones, quien cada día participaba menos de las grabaciones del grupo, pocos días antes había sido reemplazado por el talentoso guitarrista Mick Taylor.

A Beggar's Banquet le siguieron el magnífico Let it bleed, luego Get yer's ya-ya out (grabado en vivo en el Madison Square Garden), Sticky fingers y Exile on Main Street. En el cambio de década los Rolling Stones se aburrieron del sello Decca, con el que habían grabado hasta entonces, y fundaron Rolling Stones Records, cuyo símbolo es la famosa boca con la lengua afuera que desde entonces los identifica.

En los 70 los Stones ya no eran parte de 'la rebeldía' sino protagonistas del primer orden del jet-set. Prueba de ello, el matrimonio de Jagger en 1971 con la exótica multimillonaria nicaragüense Bianca Pérez, la amistad de los Stones con personajes como Margaret Trudeau, esposa del primer ministro de Canadá, Pierre Trudeau, su asiduidad en la muy de moda discoteca neoyorquina Studio 54... Los Stones se transformaron en una gigantesca fábrica de dinero a través de sus monumentales giras mundiales y sus presentaciones en inmensos estadios.

Los Rolling Stones no han podido grabar un álbum tan redondo como sus cuatro joyas de finales de los 60 y comienzos de los 70. A finales de los 70, ya sin Taylor en la banda (lo reemplazó el ex Faces Ron Wood), entraron en la onda de la música negra y el disco con canciones eficaces como Miss you y Emotional rescue, pero sólo en 1981 volvieron a grabar una canción realmente representativa de su verdadera grandeza. Se trata de Start me up, una digna rival de joyas de su pasado como Brown sugar, Sympathy for the devil o Gimme shelter. Bill Gates les pagó cuatro millones de dólares por utilizar Start me up en la campaña de lanzamiento de Windows 95.

En 1989 la fábrica de hacer dinero tomó un segundo y definitivo aire con el Steel Wheels Tour. Detrás de este andamiaje está Michael Cohl, quien logró que los Stones se volvieran millonarios. "Antes se conseguía dinero pero no nos llegaba a nosotros", comentó Mick Jagger. En estos últimos 13 años los Stones han ganado 1.500 millones de dólares por concepto de giras, venta de discos y de mercancía. El secreto parece estar en el pulso de hierro que a desarrollado Mick Jagger para negociar. "Los Rolling Stones son una industria y eso los diferencia de otras bandas, señala Barry Diller, un amigo personal de Jagger. Ellos tienen abogados, contadores, banqueros e inversionistas".

Su nueva gira y su más reciente lanzamiento discográfico (el compilado Forty Licks) tienen al mundo en vilo, lo que demuestra que poco o nada le importa al público que los cuatro Stones sobrevivientes ronden los 60 años. Se comenta que es la última gira pero con ellos nunca se sabe. Como dice Richards, "para nosotros cantar es como respirar". En cuanto a Forty Licks, trae 36 grandes éxitos y cuatro temas nuevos que parecen más que suficientes para que este álbum sea indispensable para los fans de la banda.

Hoy día los Stones no son más que una parodia de sí mismos. Al igual que la familia real, forman parte de la tradición británica. El nombramiento de Mick Jagger como caballero es prueba de todo lo anterior. A diferencia de 1965, ahora cualquier padre de familia daría lo que fuera por lograr que su hija se casara con un Rolling Stone aunque el Daily Mirror plantea otra pregunta más acorde con los tiempos que corren: "¿Dejaría que su abuelita se casara con un Rolling Stone?".
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