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| 7/4/1988 12:00:00 AM

ADIOS ANITA

Muere a los 92 años la doctora Aslan y su sueño de prolongar la juventud se desvanece.

En 1974, cuando casi nadie habia oído hablar de ella, la doctora Ana Aslan entró a la picaresca política colombiana por la puerta grande. En ese año, el entonces presidente electo Alfonso López Michelsen y varias figuras del primer plano de la sociedad viajaron a Rumania para someterse a su tratamiento contra la vejez. Desde entonces, la doctora Aslan se convirtió en uno de esos personajes tan familiares como el "hijo de Linbergh" (más perdido que) o el Vargas de "averíguelo", de esos sobre quienes mucha gente se pregunta si existieron o no, y en caso afirmativo, en qué época. La doctora Aslan desde entonces es la sentencia inapelable de la conseja popular para quien se considera mayor para algo "Está tan viejo como para la doctora Aslan".
Pero para quienes llegaron tarde, la doctora Aslan sí que existió, tanto, que se murió de vieja el pasado 20 de mayo en su nativa Rumania. Y si bien pertenece hoy al léxico popular de los colombianos, estaba lejos de tratarse de un personaje doméstico: su fama llegó tan lejos y tan alto que entre sus clientes estuvieron nada menos que Charles De Gaulle, Nikita Kruschev, Indira Ghandi, el mariscal Tito y Konrad Adenauer, entre miles de pacientes de todo el mundo.
Lo que hizo de la doctora Aslan un personaje poco menos que mítico fue una droga que desarrolló, denominada Gerovital H-3, que tanto ella como su grupo de leales seguidores promocionaron como un elíxir de juventud.
Todo cornenzó poco después de la Segunda Guerra Mundial. La doctora Aslan, quien se especializaba en artritis, empezó a trabajar con un connotado especialista rumano en hormonas, Constantin Parhon. Cuando se estableció el Instituto de ese nombre bajo el auspicio estatal, en 1954 la doctora Aslan se convirtió en su figura dominante. Pronto ese establecimiento se convirtió en una especie de imán para la gente poderosa y adinerada de todas partes del planeta, que buscaba retrasar de alguna manera los efectos de la edad.
Pero a pesar de su éxito clamoroso, la doctora Aslan nunca tuvo la satisfacción de recibir el reconocimiento de la comunidad científica internacional. La gran mayoría de investigadores no rumanos siempre descalificaron el Gerovital, del que afirmaban que se trataba de una falsa fuente de la juventud. Las autoridades de salud de la Gran Bretaña y los Estados Unidos, incluída la Asociación Médica Norteamericana, no le encontraron mérito alguno, y la Food and Drug Administration (Administración de Comestibles y Drogas) nunca quiso aprobarla. Sin embargo, algunos científicos de prestigio, incluído el doctor Albert C. Simard, del Instituto Louis Pasteur de París, lo consideraban una droga maravillosa.
A pesar del bombo y platillos con que en algún momento fueron anunciados sus tratamientos, la doctora Aslan no asumió la actitud de reclamar el mérito por el rejuvenecimiento de tal o cual personalidad internacional en particular, pero tampoco se tomó jamás el trabajo de desmentir a sus fanáticos cuando reclamaban éxitos extravagantes. Pero lo que de todas maneras llamaba la atención era su apariencia, que hacía que a los 70 años aparentara 40. Seguramente este gancho, el de su juventud perdurable que le duró hasta el final, fue factor determinante en el tránsito de la doctora Aslan al territorio de la leyenda.
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