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| 2/22/1993 12:00:00 AM

Adiós, mi bella dama

Murió Audrey Hepburn, el símbolo de la clase y la elegancia en Hollywood.

MAS QUE ACtriz ella fue la mujer que encarnó la sofisticación. Su delgada figura anoréxica, su cuello de cisne -sinónimo de clase-, su porte aristocrático y exquisita elegancia, que cualquier princesa de hoy envidiaría, marcaron una pauta en el mundo del cine. Audrey Hepburn no poseía la espectacularidad de Liz Taylor, ni la sensualidad de Marilyn Monroe o la fuerza interpretativa de Sofía Loren, pero irradiaba una feminidad que ninguna actriz pudo igualar y que causó admiración no sólo durante su época de gloria en los 50 y los 60. Givenchy la tuvo durante cuatro décadas como su modelo exclusiva y favorita.
Con su primer papel estelar, en "Roman Holiday" (La princesa que quería vivir), Audrey Herpburn conquistó el esquivo mundo de Hollywood y el Oscar de la Academia, en 1954. Pero su actuación también definió para siempre el halo de realeza que la identificó toda su vida. El público siempre la vio en una forma diferente de las demás actrices. Los paparazzi fueron inexplicablemente respetuosos de su vida privada. La prensa sólo escribió de ella para alabar su encanto.
Parte de esa aristocracia le venía de sangre. Su madre fue una baronesa holandesa, Ella van Meemstra, quien tras el divorcio de su padre, un banquero de origen angloirlandes, la envió a uno de los más exclusivos colegios londinenses. Allí estudió ballet y actuación. Nacida el 4 de mayo de 1929 en Bruselas, a los 22 años obtuvo su primer papel en teatro gracias a la novelista Colette, quien la conoció en un exclusivo hotel parisino y le propuso interpretar el papel estelar de "Gigi" en Broadway. La obra le abrió las puertas en los Estados Unidos. Tres años después, el mismo año en que ganó el Oscar, obtuvo premio Tony por la obra de teatro "Ondine". En el cine realizó papeles inolvidables al lado de los grandes galanes de la época: Roman Holiday, con Gregory Peck (1953); Sabrina, con Humphrey Bogart y William Holden (1954); La guerra y la paz, con Henry Fonda (1956); Funny Face, con Fred Astaire (1957); Love in the Afternoon, con Gary Cooper (1957); The Nun's Story, con Peter Finch (1959); Desayuno en Tiffany 's, con George Peppard (1961); Charade, con Cary Grant (1963); My Fair Lady, con Rex Harrison (1964), y Wait Until Dark, con Alan Arkin (1967), entre otras.
Luego de 22 películas y cinco nominaciones al Oscar, Audrey Hepburn se retiró del mundo que le había valido la fama para dedicarse a sus dos hijos: Sean, de su matrimonio con el actor Mel Ferrer, con quien se casó en 1954; y Luca, de su unión con el siquiatra Andrea Dotti con quien se casó en 1969. Desde su divorcio, en 1980, vivía en Suiza con el actor holandes Robert Wolder, con quien estuvo felizmente unida hasta el día de su muerte, el miércoles pasado, a los 63 años, víctima de un cáncer del cólon.
En los últimos 20 años, Audrey Hepburn regresó a la actuación sólo en cuatro oportunidades. La primera, en 1976, en Robin and Marian, al lado de Sean Connery. Y la última, en 1989, en la película Always, de Steven Spielberg, donde mostró que su encanto y su belleza perduraban aún a los 60 años. Pero para Audrey Hepburn su papel estelar lo realizó como embajadora de buena voluntad de la Unicef, consiguiendo fondos para los niños del Tercer Mundo. Este trabajo, que realizó con dedicación y entusiasmo durante los últimos seis años, le valió ser elegida, hace dos semanas, por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos para el premio humanitario "Jean Hersholt", el cual recibiría el próximo 29 de marzo en la ceremonia de entrega del Oscar.
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