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| 12/17/2011 12:00:00 AM

Adiós al genio

En 2011 murió Steve Jobs, el hombre cuya visión del futuro tecnológico cambió la vida de buena parte de la humanidad.

Para algunos, tuvo la talla de Thomas Alva Edison, a quien se atribuyen más de mil inventos, como la bombilla eléctrica. Otros lo consideran una especie de Henry Ford, pues su genio radicaba en el talento para comercializar productos novedosos. Como quiera que haya sido, la verdad es que Steve Jobs, el fundador de Apple, que murió el pasado 5 de octubre por un cáncer de páncreas, pasará a la historia como uno de los hombres más influyentes de los últimos años.

Varios inventos configuran su lista de logros. Creó el elegante computador Macintosh y revolucionó el mundo con iTunes, una forma de descargar música por internet que le dio la estocada mortal al mercado de los CD. Así mismo, lanzó al mercado el iPod, en el que oyen canciones millones de personas desde Suecia hasta Chile, y, más recientemente, el iPad, en el que la gente manda correos electrónicos, lee periódicos, devora novelas, toma fotos y habla.

De allí que su muerte generara gran conmoción. Le habían diagnosticado el cáncer en 2006, y él se había negado a dejarse vencer. Fue y volvió como presidente de Apple, pero la enfermedad lo llevó a la tumba. Como ha sucedido en pocas ocasiones, su biografía, escrita por Walter Isaacson, fue publicada 19 días después del deceso, se tradujo a varios idiomas y se convirtió en uno de los libros más vendidos del año.

Nació el 24 de febrero de 1955 en San Francisco. Su padre, un inmigrante sirio llamado Abdulfattah Jandali, estudiaba en la universidad y vivía con la madre del muchacho. La difícil situación los llevó a dar al pequeño Steve en adopción. Así fue a parar al hogar de Paul y Clara Jobs, a quienes desde entonces consideró su familia. Fue justamente Paul Jobs quien lo aficionó a la tecnología, actividad de la que no volvió a desprenderse jamás.

Matriculado para cursar el bachillerato en el Colegio Homestead de Cupertino, una localidad próxima a San Francisco, Steve tomó la determinación de enrolarse en algunos cursos que dictaban en la firma Hewlett-Packard con sede en Palo Alto. En 1972, Jobs entró a Reed College, una universidad de Artes Liberales situada en Portland, en el estado de Oregon. Pero tan pronto finalizó el primer año, abandonó los estudios aunque siguió tomando algunos cursos. Entre estos el de Caligrafía, una disciplina que siempre lo sedujo e influyó en su obsesión por el diseño de sus productos.

Jobs, de pelo largo y barba, era un seguidor tan rotundo de los Beatles que Apple, su sello disquero, dio origen al nombre de la compañía que fundó con Steve Wozniak el primero de abril de 1976. Pocos meses después, en julio, Jobs y su combo vendieron el primer computador con esa marca, el Apple I, cuyo precio era de 666,66 dólares.

A mediados de los ochenta, las cosas dejaron de marchar. Aunque sus computadores eran una revolución por su interfaz mucho más amigable que la de los tradicionales PC, resultaban caros y poco compatibles. Las ventas declinaban y crecía la controversia interna. Clausuraron tres de las seis fábricas y despidieron al 20 por ciento de los empleados. La crisis lo llevó a retirarse, tras lo cual creó su propia marca, NeXT, equipada con un sistema operativo tan novedoso que Apple, a finales de los noventa, le compró la empresa y le pagó en parte con acciones. Era su regreso triunfal.

Entonces comenzó el repunte. En 2001 lanzó el iPod; dos años más tarde, iTunes y en 2007, el iPhone. Las ventas llegaron a los 64.000 millones de dólares el año pasado, cuando Jobs ya estaba enfermo y se había retirado varias veces de la compañía. Para entonces lo acompañaban su mujer, Laurene Powell, y sus hijos, Erin, Reed y Eve. Todos estuvieron con él hasta el final.

Fue un hombre polémico. Según Isaacson, era "detestable, petulante y en ocasiones muy duro con la gente". Muchos empleados de la empresa le tenían pavor. Fuera de eso, era arrogante y no ahorraba palabras para criticar a otros personajes célebres.

De Bill Gates, fundador de Microsoft, dijo que "nunca ha sabido mucho de tecnología", que "es falto de imaginación". Y a Sergey Brin y Larry Page, los creadores de Google, los amenazó cuando afirmó que iba a destruir el sistema de teléfonos inteligentes Android y que para ello iba a gastarse "hasta el último centavo de los 40.000 millones de dólares de Apple".

Odiable o adorable, excéntrico o loco, genial u oportunista, Steve Jobs dejó una huella indeleble en el mundo de la tecnología, y no es descabellado afirmar que tras su paso por el mundo, la vida no será la misma.
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