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| 2/11/2006 12:00:00 AM

Adiós a una heroína

Betty Friedan, la líder feminista que en los años 60 se convirtió en el símbolo de las amas de casa desesperadas, acaba de morir.

Los comerciales de televisión de finales de los años 50 en Estados Unidos mostraban a una señora abnegada de pañoleta y delantal que alistaba sonriente a sus hijos para el colegio y despedía a su esposo con un beso después de servirle el desayuno en una cocina reluciente. Pero si la escena tuviera una continuación, tal vez se podría ver que al cerrarse la puerta, la sonrisa de esa misma madre y esposa perfecta se transformaría en rabia y estrellaría los platos contra las paredes. Ese fue el tema de Betty Friedan en su obra Mística femenina, un libro que en 1963 se convirtió en el caballo de batalla de las amas de casa aburridas. Con su obra, Betty dejó de ser una de ellas para transformarse en activista y símbolo del movimiento feminista moderno de lucha por la igualdad de géneros, el legado que dejó al morir, la semana pasada, a los 85 años.

Su visión del mundo de la mujer hoy podría parecer obvia, pero para que se aceptara el hecho de que hay "vida más allá del hogar", fue necesaria una verdadera revolución cultural. Friedan fue una de sus gestoras y de ella se llegó a decir que era una mayor amenaza para Estados Unidos que los mismos rusos. Definió la insatisfacción de las mujeres como "el problema sin nombre", una condición causada por lo que ella denominó la mística femenina: "Su única ambición era tener cinco hijos y una casa hermosa, su única lucha era atender a sus maridos. Ellas se glorificaban en su papel de mujer y escribían orgullosamente en el espacio para el censo: 'ocupación: ama de casa'". Para la sicóloga colombiana María Ladi Londoño, directora de la Fundación Sí Mujer, "era tal el estereotipo, que se hizo popular la frase 'Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer'. Las feministas la transformarían diciendo: 'detrás de un gran hombre hay una mujer exhausta'".

Fue Friedan quien se atrevió a describir ese problema al afirmar que una mujer no debería sentirse culpable por preguntarse "¿quién soy? y ¿qué quiero hacer en mi vida? No debería sentirse como una persona egoísta y neurótica si quiere alcanzar metas propias, que no estén relacionadas con su esposo y sus hijos ".

Tras la conquista del voto, a comienzos del siglo XX, un nuevo detonante histórico hizo resurgir al movimiento femenino: "Por la Segunda Guerra Mundial, entre 1940 y 1944 alrededor de cinco millones de mujeres entraron a hacer parte de la fuerza de trabajo de Estados Unidos. Pero una vez terminó el conflicto, las cosas cambiaron y aunque muchas querían mantener sus empleos, la discriminación laboral volvió", explicó a SEMANA Debran Rowland, autora del libro The Boundaries of Her Body, acerca de la historia de los derechos de la mujer.

Antes de que Friedan se diera a conocer, los medios habían empezado a poner de manifiesto el tema de la infelicidad femenina y a presentar teorías que ridiculizaban la situación. Friedan cuenta que, por ejemplo, el periódico The New York Times atribuyó el problema a "la incompetencia de los técnicos en reparar los electrodomésticos". Además, se responsabilizó a la educación cuando fue publicado Modern women, the lost sex, de Marynia Farnham y Ferdinand Lundberg, dos sicoanalistas freudianos que afirmaban que las mujeres habían alcanzado niveles culturales tan altos, que les impedían adaptarse a su rol femenino.

Friedan también padecía el "problema sin nombre". Había renunciado a una beca en sicología por temor a no poder formar una familia. Luego se casó y se dedicó al periodismo. Cuando estaba esperando su segundo hijo la despidieron del periódico en el que trabajaba porque sus directivos no aceptaron que tomara otra licencia de maternidad. En su biografía, Mi vida hasta ahora, también cuenta que su esposo la maltrató hasta cuando decidió divorciarse.

La idea del libro surgió mientras trabajaba escribiendo artículos para varias revistas femeninas y se le ocurrió hacer una encuesta entre sus ex compañeras de universidad. Las respuestas revelaron la frustración que sentían. Como muchas revistas se negaron a publicar su artículo, ella decidió escribir el libro. "Betty fue una de las primeras feministas que no planteó una lucha contra los hombres. Ella hablaba de alianzas con el sexo opuesto para que las mujeres pudieran hacer parte de todos los aspectos de la sociedad", dijo a SEMANA Phyllis Chesler, compañera de lucha de Friedan.

Aunque algunos sectores criticaron su teoría y la acusaron de sólo incluir mujeres blancas de clase media, y pese a que otros la tildaron de poco rigurosa, Friedan no se quedó en las páginas y pasó a la acción. En 1966 fundó la Organización Nacional para las Mujeres (NOW), con el fin de hacer respetar la prohibición de la discriminación sexual que hace parte de la ley de derechos civiles de 1964. Exigía la igualdad de oportunidades laborales, que en las instituciones de educación superior acabaran las cuotas de acceso para el género femenino, y que hubiera igual número de hombres y mujeres en las comisiones y direcciones de los partidos políticos. En 1970 su movimiento lideró una multitudinaria marcha por la equidad a la que se unieron más de 500.000 mujeres. También defendió posturas en torno al aborto, que se legalizó en 1973. Sin embargo, su gran frustración fue no haber logrado que pasara la enmienda constitucional por los derechos de las mujeres.

"Todavía hay mucho por hacer", contó a esta publicación Olga Vives, vicepresidente ejecutiva de NOW, quien recuerda cómo cuando leyó La mística femenina, pensó: "Por fin alguien lo dijo. Y continúa: Cuando me uní al movimiento, en los 80, por cada dólar que un hombre ganaba de salario, una mujer obtenía 59 centavos. Hoy día, las mujeres norteamericanas reciben 75 centavos por cada dólar. La situación no ha mejorado para las latinas, que reciben 55 centavos. Aun así, el cambio de mentalidad ha sido tal que mientras en mi juventud pensaba en la igualdad sin mayor esperanza, mi hija hoy da por hecho que sus derechos son innegables".

Años atrás, Betty Friedan anunció la frase que le gustaría para su epitafio: "Contribuyó a construir un mundo en el que las mujeres están satisfechas de ser mujeres y se sienten libres de poder amar de verdad a los hombres". Hoy puede descansar en paz porque ya otras recogen las banderas de su lucha. n?
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