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| 5/14/2011 12:00:00 AM

Adiós al 'playboy'

El multimillonario alemán Gunter Sachs se quitó la vida cuando concluyó que sufría de alzhéimer. Fotógrafo, coleccionista de arte, rey del 'jet-set' europeo y exesposo de Brigitte Bardot, Sachs fue el último donjuán del siglo XX.

Antes de pegarse un balazo en la cabeza, Gunter Sachs se dedicó a leer textos sobre alzhéimer. Se hundió en libros de todo tipo, en manuales para profesionales, en notas especulativas y en vulgares panfletos. Llegó a la conclusión de que aquellos momentos de demencia que recientemente lo venían atormentando eran síntomas de una pérdida de memoria crónica. Y viendo amenazada su hasta entonces perfecta existencia, decidió ponerles fin a sus días. Interrumpió las vacaciones de pascua con su familia y se internó solo en su chalet de Gstaad, en los Alpes suizos. El pasado domingo, Sachs, el último playboy del siglo XX, se metió el cañón de su pistola en la boca y disparó.

Antes de suicidarse, escribió una carta que los lectores del diario suizo Blick encontraron al día siguiente en primera página. "La pérdida del control mental es para mí un estado tan indigno que he decidido afrontarlo de esta manera", escribió. No había consultado con los médicos. Según sus amigos, en los últimos meses su aura parecía invadida por la seriedad. Tal fue su miedo de enfrentar la decadencia del propio cuerpo que ni siquiera quiso escribir el nombre completo de su mal. "He llegado a la conclusión -continuó- de que sufro de la irremediable enfermedad A."

Cuatro décadas atrás, nadie habría creído que terminaría así la vida del chico de la sonrisa perfecta y los ojos azules, del pelo rubio y las pestañas largas, del hombre más popular de Alemania. La noticia de su suicidio sacudió al mundo. Sachs, un vividor inagotable, fue en su época el arquetipo masculino. Lo tuvo todo: riqueza, fama, educación, amigos y mujeres por montones. Fue esposo de Brigitte Bardot y amante de la emperatriz de Persia. Coleccionó arte moderno y alcanzó reconocimiento como fotógrafo y documentalista. Fue campeón europeo de trineo olímpico. Pero su capacidad social fue su mayor talento: en la cima de su fama se convirtió en alcalde honorífico de Saint Tropez y recibió el título de 'Maestro del Placer' de Saint Moritz, entonces paraísos del jet-set mundial.

Gunter Sachs nació el 14 de noviembre de 1932 en Mainberg, un pueblo en las inmediaciones de Schweinfurt, ciudad cuna de la industria alemana de rodamientos. Fue el menor de los dos hijos de una familia adinerada. Su madre, Elinor, fue nieta del fundador de la compañía de automóviles Opel; su padre, Willy, era el dueño de la fábrica Fichter & Sachs. Se divorciaron cuando Gunter apenas tenía 3 años. Elinor se mudó con sus dos hijos a Suiza, y los años siguientes transcurrieron en internados en los que Sachs conoció a sus futuros camaradas, entre otros, al heredero de Porsche Ferdinand Piëch.

Sachs habría podido entregarse al ocio, pero no lo quiso así. Estudió Matemáticas y su hobby era la astrología. De hecho, escribió un par de libros sobre el tema. A los 23 años, se casó con la francesa Anne-Marie Faure, madre de su primer hijo, y se dedicó a conocer el mundo. Pronto lo avasallaron las tragedias. En 1958, su padre, víctima silenciosa de una depresión crónica, se quitó la vida de un tiro. Tras el suicidio, Gunter se enteró de que había sido compañero de caza de los prominentes nazis Heinrich Himmler y Hermann Göring. Ese mismo año, su mujer falleció durante una operación.

La vida de Sachs dio un giro de 180 grados. Junto con su hermano, dirigió la empresa familiar que luego vendió para quedarse con un capital de 500 millones de dólares. En adelante, se dedicó a labrar la red que lo llevó a codearse con la alta sociedad. Andy Warhol le decoró un cuarto de su palacete en Saint Moritz, y Roman Polanski vivió en su casa durante una temporada para escribir un libro de memorias. Su matrimonio con Brigitte Bardot, en 1966, a quien le pidió la mano arrojando a su jardín mil rosas rojas desde un helicóptero, lo convirtió en un personaje mundial.

Gunter Sachs acumuló tanto dinero que se nacionalizó suizo para huir del fisco alemán, y hablaba francés mejor que la lengua de su natal Baviera. Allá llegó a los 3 años y allá murió como su padre: secretamente desesperado y con una bala en la cabeza.
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