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| 6/27/2009 12:00:00 AM

Adiós al rey

Con la muerte de Michael Jackson, el mundo despide a uno de los músicos populares más influyentes del siglo XX. Fue un hombre controversial que, con sus virtudes y defectos, será muy difícil de olvidar.

A sus 50 años, Michael Jackson quería volver a los escenarios para despedirse por lo alto. Y todo apuntaba a que así sería, pues los empresarios de su serie de conciertos en Londres, a partir de julio, habían tenido que aumentar sus presentaciones de 10 a medio centenar debido a la demanda. Como uno de sus tantos récord, el estadounidense había generado una de las ventas de entradas más rápidas en la historia: 11 boletas por segundo, o sea casi 40.000 por hora. En total, se habían recaudado alrededor de 85 millones de dólares. Con su serie This is it (Esto es todo), el artista esperaba “que cayera por fin el telón”. Pero esto sucedió inesperadamente el jueves en Los Ángeles: el rey había muerto.

Así como durante su vida millones de personas lo acompañaron en sus conciertos y hasta en su juicio por pedofilia, la aglomeración frente al centro médico de Ucla, en Los Angeles, no dejó duda de que se había ido uno de los más importantes artistas del siglo XX. Alrededor del mundo, la noticia causó tal conmoción, que Google llegó a pensar que estaba siendo atacado por piratas informáticos, pues la página colapsó ante la cantidad de internautas que querían detalles de la noticia. Otro de los monstruos de la red, Twitter, produjo esa tarde más de 100.000 mensajes por hora sobre el tema. Además, hubo una avalancha de pronunciamientos, desde Madonna hasta Hugo Chávez. Quizá las palabras más emotivas fueron las de Quincy Jones, quien fue su productor en su época dorada: “He perdido a mi pequeño hermano. Todavía hoy la música que creamos juntos en ‘Off The Wall’, ‘Thriller’ y ‘Bad’ se escucha en todos los rincones del planeta y la razón de ello es que él lo tenía todo: talento, gracia, profesionalismo y dedicación”.

Como sólo pasa con los grandes, el momento de su muerte quedará guardado en la memoria de todos. Un espontáneo le dijo a la revista Newsweek, en Nueva York: “¡No es un chiste! No hay más rey del pop. Esto es como cuando Kennedy fue asesinado. Siempre recordaré estar en Times Square cuando Michael Jackson murió”. No podía esperarse otro tipo de reacciones al tratarse del fenómeno que revolucionó la industria de la música con sus composiciones universales de rythm and blues y pop, sus videos que más bien eran cortometrajes, sus conciertos llenos de efectos especiales y su estilo propio: su voz delicada, sus movimientos alabados hasta por Fred Astaire, el guante con lentejuelas, las chaquetas militares y la combinación de medias blancas con zapatos negros. Del hombre que compuso con Paul McCartney, Lionel Richie y Stevie Wonder y que grabó con Eddie Van Halen. Del amigo íntimo de Elizabeth Taylor, el príncipe Carlos y Marlon Brando. De la estrella de los Guinness Records como el showman más exitoso de todos los tiempos. En 1984, una portada de la revista Time lo había descrito como “el mayor suceso desde los Beatles. Es el fenómeno individual más candente desde Elvis Presley. Tal vez sea el cantante negro más popular que haya existido”.

“Sólo hay una palabra exacta que lo define: leyenda”, opina el experto Manolo Bellon. “Aunque ya lo era antes de su muerte, sin duda va a pasarle como a Elvis: irse antes de tiempo dispara aun más esa leyenda”.

Todo comenzó...

El camino para llegar a serlo comenzó desde niño, cuando su papá, Joe Jackson, descubrió que tenía un prodigio. Desde siempre la idea de este herrero fue alejar a su familia, por medio de la música, de las calles y de la pobreza en Gary, Indiana. Por eso formó un grupo con sus hijos mayores, al que Michael se unió a los 5 años. Con el nombre de ‘Jackson 5’ firmaron en 1968 con el sello Motown, creado para impulsar artistas afroamericanos. Desde el comienzo Michael se robó el show: era el más carismático y el que mejor cantaba y bailaba. Se creyó tanto el cuento, que cuando una profesora le recriminó por sus malas notas en matemáticas, respondió que no se preocupara, que su mánager se ocuparía de sus finanzas. Pero ser el centro de atención tan pequeño tendría un precio. En su biografía Moonwalk, publicada en 1988, confesó que de niño tuvo un régimen muy estricto: su mamá, como testigo de Jehová, lo protegía en exceso del mundo exterior, mientras su papá le exigía fuertes rutinas después del colegio. Incluso habló de maltrato. Quizás haber tenido una infancia interrumpida lo congelaría en esa etapa.

Con Motown el éxito fue instantáneo y el grupo se convirtió en el primero en ubicar cuatro canciones en la cima de los listados musicales en el mismo año, 1970. Cinco años más tarde, los hermanos se pasaron a Epic Records. Con este sello, Michael logró posicionarse como solista, de la mano de Quincy Jones, a quien conoció mientras hacía de espantapájaros en el musical The Wiz, una versión del Mago de Oz.

Si hubiera que escoger el momento en que Jackson conoció la gloria sería 1983, cuando su álbum Thriller, lanzado a finales del año anterior, superó 45 millones de copias. Incluso, 10 meses después de su lanzamiento seguía vendiendo unos 200.000 por semana. El disco permaneció en los listados por más de dos años, y estuvo 37 semanas no consecutivas en el número uno. Es el más vendido de todos los tiempos, con más de 100 millones de ejemplares. También causó una revolución en MTV, el canal que había nacido dos años atrás. En la época no se solía emitir videos de artistas negros y los que predominaban eran producciones sencillas de músicos que aparecían cantando o dramatizando las letras. Jackson volvió a romper esquemas. El video Thriller no sólo habría costado un millón de dólares. Duraba 10 minutos, algo nunca antes visto, y tenía una trama y un estilo cinematográficos. Por si fuera poco, ese mismo año tuvo una presentación inolvidable: en el aniversario 25 de Motown dejó boquiabiertos a los espectadores cuando bailó hacia atrás deslizándose en las puntas de los pies. Este sería el debut del moonwalk, como bautizó a ese paso, otro sello personal. Según John Covach, autor de la historia del rock What’s that sound?, “este sería uno de sus momentos decisivos. Definitivamente ratificó su importancia dentro de la música pop”.

En esa década marcó otro hito cuando organizó el sencillo “We are the world” con decenas de celebridades, que impulsó la era de la filantropía de los artistas y consiguió 50 millones de dólares para los niños hambrientos de África.

Niño para siempre

Desde los 80, a la par con sus éxitos, crecía el interés por su vida personal y sus comportamientos cada vez más extraños. Las crónicas de la época señalaban que Jackson odiaba las entrevistas. Prefería estar rodeado de niños más que de adultos y esa faceta infantil lo llevó a comprar por 17 millones de dólares un terreno de 11 kilómetros cuadrados que llamó Neverland. Tomó el nombre del cuento de Peter Pan, uno de sus favoritos, pues su idea era hacer una metáfora del país de Nunca Jamás, donde los pequeños nunca crecen. Allá construyó un parque de diversiones, tuvo un chimpancé como mascota, llamado Bubbles, y una amplia colección de objetos de Disney. También especulaban que parecía asexuado, o por lo menos sexualmente ambiguo, que tomaba hormonas femeninas y que se le veía poco con mujeres, aunque alguna vez afirmó que había salido con Brooke Shields. Que no fumaba, no tomaba ni consumía drogas. Cuando los medios empezaron a referirse al blanqueamiento de su piel, Jackson simplemente dijo que se debía al vitiligo. Pero no todos creyeron el cuento.

Una década después del ascenso comenzó el declive. Justo en 1993. Manolo Bellon recuerda que asistió a la entrega de los premios Grammy de ese año. “La expectativa era total. Yo estaba frente a la oficina de prensa esperando a que llegara Jackson. Cuando apareció, levantó su guante blanco. En esos 10 segundos se me aceleró el corazón. Pero noté que sus ojos ya no mostraban emoción. Se veía distante. ‘¿Era en verdad Michael Jackson?’ Había cambiado, como si sintiera fastidio por la vida que llevaba”.

Había empezado la época de los escándalos, los cuales ocuparon, en los últimos 15 años, más espacio en los titulares que sus logros musicales: acusaciones de pedofilia, la adicción a los analgésicos, las deudas y los altibajos artísticos. En 1997 realizó su última gran gira, en 2001 lanzó su último album original (Invincible) y en 2006 tuvo una decepcionante presentación en los World Music Awards. “El legado de Jackson está ligado a su estatus de celebridad y a los peligros de ser una estrella en un ambiente saturado por los medios. Las cirugías plásticas, por ejemplo, hicieron que pasara de ser un ícono afroamericano a una persona que generaba debates sobre la identidad y el orgullo racial”, explica Theo Cateforis, profesor de historia y cultura de la música en la Universidad de Syracuse. Pero, como él mismo reconoce, detrás de esa fachada siempre habrá “un cantante ampliamente influyente, un bailarín innovador y un artista integral”.

Jack Perricone, director del departamento de composición del Berklee College of Music, en Boston, considera que marcó a “dos generaciones que crecieron con él, aunque me pregunto si él mismo creció alguna vez”. Por eso, por ser un eterno Peter Pan, quizá muchos de los niños y adolescentes de hoy que lo conocieron blanco y desprestigiado se deslumbran frente a la magia que lo convirtió en rey. Como dicen Chris Cadman y Craig Halstead, autores de tres libros sobre el cantante, “la música de Michael se seguirá escuchando en 10 años, en 20, para siempre”.
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