Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1986/12/22 00:00

AJA, VIEJO FERCHO

El fenómeno de un costeño, que siendo caleño, es ídolo de los costeños.

AJA, VIEJO FERCHO

Bruno Díaz se llama el hombre que ha hecho el milagro de imitar a los costeños sin que los costeños se sientan ridiculizados. Este hecho insólito ocurre todas las noches cuando Díaz, que es un caleño total, se transforma en el "Fercho Durango", ese personaje intrigante, vida fácil y maloso que compite en popularidad con las demás estrellas de la telenovela "Gallito Ramírez".
Compite y a veces gana. En una ciudad como Cartagena, por ejemplo, el K.O. del Fercho a Gallito fue evidente en las fiestas del once de noviembre. Por sus playas y sus calles paseó triunfante su insólita popularidad de costeño-caleño y con miles de "ajá, viejo Fercho", fue recibido como un camaján más de cualquier barrio cartagenero, cuando en realidad Díaz es un camaján pero del barrio Junín de Cali.
Su popularidad en la costa ha llegado ya a extremos: son cientos de muchachos los que han asumido muchas veces sus mismas actitudes (especialmente el caminado) y no es escasa la cantidad de jóvenes que ha optado por llevar el pelo a lo Fercho, con ese color zanahoria.
"Llegar ahí no ha sido fácil y pienso que todavía me falta mucho", reconoce Bruno Díaz, un caleño de 33 años, casado y con dos hijos, que hizo su bachillerato en el Santa Librada de Cali, colegio que por su actividad estudiantil es conocido como el "Santa Pedrada". De esa época y de sus compañeros de colegio así como de los del barrio de donde es oriundo, el Junín, uno de los más pobres de la capital del Valle, es de donde Bruno se ha nutrido para realizar su personaje: "Camajanes como el "Fercho Durango", he conocido muchos", afirma. Pasó luego a la Universidad del Valle a estudiar economía, pero llegó sólo hasta la mitad de la carrera porque lo tentó la idea de hacer teatro en Bogotá y de tocar salsa, con quienes eran sus compañeros de militancia política en el MOIR, grupo de izquierda de orientación China.
Así, a mediados de los años setenta y cuando el MOIR pasaba por "su cuarto de hora de popularidad" sobre todo en el movimiento estudiantil, Bruno Díaz entró a hacer parte del Teatro Libre de Bogotá y del Son del Pueblo, agrupaciones ambas de esa organización política. Con ellos tuvo la oportunidad de hacer una gira por Europa y la China. En esos años más que un compromiso profesional se tenía era un compromiso revolucionario dice. A la llegada de la gira por el centralismo democrático, como lo llamaron sus compañeros, que hacía que personas ajenas a los dos grupos dispusieran de ellos a su antojo, llevó a Bruno Díaz a presentar su renuncia y en agosto de 1983, el Teatro Libre de Bogotá perdía a uno de sus actores y el Son del Pueblo a su percusionista y cantante. Políticamente huérfano y sin un centavo en el bolsillo, Bruno Díaz comenzó su deambular por las calles de Bogotá y principalmente por la calle 19, sitio en donde están ubicadas las programadoras RTI y Caracol, con la esperanza de que algún director se fijara en su pinta y lo contratara. No llegó el director pero sí un buen consejo. Su amiga, la actriz Clemencia Velásquez, esposa de Jaime Santos, le dijo un día que ella podría ayudarlo a entrar a televisión, pero que debía conseguir la licencia de actor. De inmediato, Bruno comenzó a hacer los trámites y el día que lo citaron para el examen se encontró que sus examinadores eran Jairo Anibal Niño, cuentista y ex MOIR, y Gustavo Londoño, actor y director de teatro que había tenido algunos vínculos con el TLB. Al tercer jurado, Leonor Barreto, jefe de licencias, no la conocía, pero el estar entre dos amigos le valió que más que someterse a un examen tuviera una entrevista, de la cual salió airoso y con su licencia entre el bolsillo.
Vinieron, entonces, sus primeros papeles, los cuales intercaló con su participación en el programa concurso de RCN, "Cuánto vale su actuación", en donde llegó a ocupar como cantante el segundo lugar en el año de 1984. En ese año, también le ofrecieron el primer papel protagónico al lado de María Eugenia Dávila, en un espacio de cuentos nacionales producido por Caracol, titulado "María La Salsa", en el cual interpretó a un cantante, ya madurado, que se va a Estados Unidos a buscar fortuna y se enreda en líos y termina muerto. Por ese papel recibió, hace algunas semanas, el Premio CICA, para el actor revelación 1985.
Sin embargo, muchos televidentes relacionan al "Fercho Durango" con el actor de dos propagandas de televisión. La primera, una de Postobón, en donde baila y hace fonomímica y que se le ofreció porque la agencia de publicidad le encontró parecido con el famoso cantante norteamericano Lionel Richie. De esa cuña guarda el actor un triste recuerdo, ya que le demoraron el pago más de seis meses. La otra propaganda es la del Jabón Fassi, en donde fue su pinta y hablado valluno, lo que le valió el contrato. "A ve p've", es la frase que pronuncia. "Pero las propagandas sólo son buenas cuando uno se ha cotizado -dice Bruno-, de lo contrario la remuneración es irrisoria".

GOLPE DE SUERTE
El papel de "Fercho Durango" se lo había ofrecido Julio César Luna, director de la telenovela, a Guillermo Gálvez, quien no lo pudo aceptar. Ese "golpe de suerte", como lo llama Bruno, permitió que Luna se fijara en él con una única condición: debía pintarse el cabello de un amarillo rojizo. "No lo dudé; cuando uno se mete a payaso tiene que pintarrajearse. Además, como actor de teatro he estado acostumbrado a ver que los actores se rapan, se adelgazan o engordan, según el papel. El único problema fue con mi hijo menor -dos años-; cuando me vio se asustó, claro que sintió mi calor, mi energía y mi amor y aunque un poco desconfiado decidió besarme y decirme papá".
Al personaje se le debía imprimir un sello característico y Bruno recordó, entonces, a sus compañeros de relajo del "Santa Pedrada", a los "camajanes" del barrio Junín de Cali, y comenzó a imitar su manera peculiar de caminar y que le ha valido una identificación muy particular al "Fercho Durango". Y el costeño salió del ambiente de la telenovela, de sus compañeros que como Carlos Vives, es un auténtico samario, de los continuos viajes a Cartagena. Y la manera tan perfecta como se costeñizó este valluno hace que parezca un barranquillero de pura cepa. "Todo esto lo he logrado -afirma Bruno Díaz-, gracias a la dirección de Julio César Luna y a la confianza que ha depositado en todo el equipo de actores".
Pero la actuación, por sí sola, no satisface a Bruno Díaz, quien añora la salsa. Por eso, después de que renunció al Son del Pueblo se fue a tocar con el grupo Charanga de la Candela y desde hace unos dos meses viene ensayando un show como solista. Se trata de un recorrido de canciones de música salsa que comienza con los sones del Trio Matamoros y del Beny Moré, pasa por Tito Rodríguez y llega hasta los últimos éxitos de la salsa que se oye hoy.
Y aunque los compañeros del Son del Pueblo y del Teatro Libre ya no saludan a Bruno Díaz, el papel del "Fercho Durango" le ha valido reconocimiento no sólo en las playas de Cartagena sino por la Plaza de Caicedo de Cali y por la Avenida 19 de Bogotá, en donde es uno de los "camajanes" más reconocidos y es obligado a levantar los brazos como si se tratara de un querido dirigente.

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