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| 7/6/2012 12:00:00 AM

Alejandra Azcárate y los serios peligros del humor

¿Por qué una columna que su autora cree divertida tiene indignado a todo el mundo?

Uno de los fenómenos de las nuevas tecnologías es la pronta y masiva respuesta a cualquier hecho. Sin twitter, por ejemplo, es posible que la reforma a la Justicia hubiera pasado sin mayores reacciones en contra. Pero tras un par de trinos, luego unas quejas en Facebook y otros comentarios de los usuarios en los medios se dio origen a una masa social que indignada llevó al presidente Juan Manuel Santos a declararse "horrorizado" y a la totalidad de los congresistas a votar su hundimiento contrariando su propia opinión que horas antes había sido favorable.

Alejandra Azcárate ahora tiene ahora a un buen número de lectores en contra por una columna que ella insiste en llamar divertida y que tituló 'Las 7 ventajas de la gordura'. (Lea aquí la columna).
 
El artículo fue publicado por la revista Aló Mujeres, que como recuerda su directora Claudia Galindo P., suma ya 608 ediciones. En estos 25 años ha procurado ser fiel a un estilo de tono agradable, con temas light y dirigida a un público en su mayoría femenino. En este tiempo, la publicación no había soportado un vendaval así. ¿Qué pasó entonces?

Alejandra Azcarate argumenta que su intención ha sido la de ironizar y tomar la vida con humor y que basada en estos preceptos fue que creó su texto. Al margen de la valoración, es seguro que sin redes sociales hubiera generado unas cuantas cartas al lector que hubieran terminado publicadas en la edición siguiente.
 
Sin embargo, una bloguera reaccionó en la red con un breve texto en el que expresó su indignación, su rechazo absoluto y confesó que estaba muy herida en su condición de mujer. Su solitaria opinión fue 'retuiteada' y hoy es el tema de mayor lectura en Colombia. Está claro que la reacción de los lectores ahora es de vértigo y masiva. Estamos ante una nueva realidad informativa. Atrás quedaron los tiempos en los que los lectores eran seres anónimos y pasivos.

Con las horas el caso adquirió un tono de linchamiento social porque Alejandra Azcárate insistió en el argumento de que su columna era graciosa. Se disculpó pero acusó a sus críticos de faltos de humor. Y ese ya es otro tema. El humor es algo tan subjetivo que pueda que ella sea honesta y ese haya sido su propósito. Lo que ocurre fue que no le puso rostro a lo que ella llama chistes y lúcidos apuntes por lo que un amplio sector de la población los recibió como un puro insulto.
 
Los humoristas más finos tienen el ingenio para, por ejemplo, tomar a un individuo exagerar sus virtudes o defectos y caricaturizarlo. La norma es elemental allá o aquí.
 
Lucas Caballero Calderón Klim, por ejemplo, divertía y ponía a pensar a los lectores de El Tiempo porque cada semana ironizaba sobre Alfonso López. Él era su sujeto de burlas y los demás políticos se reían aunque el chiste fuera contra ellos; Daniel Samper Pizano fue más allá y llevó su columna Reloj también en El Tiempo a uno de los espacios en donde más actos de corrupción se destapaba, pero con una lucidez y una redacción extraordinaria y sobre todo unos sujetos claramente definidos que en el imaginario de los lectores tomaban forma.
 
Por su parte, Osuna en El Espectador se convirtió en un punzante dolor de cabeza para los gobiernos de Turbay Ayala y Belisario Betancur con los sencillos dibujos de unos caballos de las caballerizas de Usaquén y la monja de Botero, respectivamente. Estos ejemplos rozaban la excelencia porque eran sinónimo de irreverencia bien construida. La materia prima del humor es la inteligencia.

Alejandra Azcárate dice que en su columna ella también pretendió reírse de sí misma. Lo que pasa es que en el texto esta afirmación no aparece escrita. Lanza es una diatriba contra las mujeres gordas a las que, entre otras cosas, les dice: que pueden tener la libertad de comerse "una bandeja paisa al desayuno"; que "los hombres les ceden el puesto por miedo a que se les sienten encima, que las miran con ternura para evitar una agresión"; que "no generan envidia".
 
Añade que en "en el sexo se desinhiben con facilidad" y "siempre se entregan como si fuera la última vez, porque de hecho saben que podría serlo" y que “no tienen límites, no les preocupa si la luz está prendida o apagada, no las altera ninguna posición, saben con certeza que su fortaleza es generar placer hasta el punto de hacerle olvidar a su pareja la sensación de estar amasando un sofá abullonado" y que en la "playa o el plan de piscina no las cohíbe" porque "uno las ve pavoneándose sin pareo y sin el menor pudor. Se asolean como un sapo boca abajo desparramadas sin tapujos". Y para no dejar lugar a dudas de sus conceptos dice: "Están gordas. ¡Asúmanlo! Y así suene cruel, es la cruda verdad".

¿Alguien pudo reírse con esto? ¿Qué pensarán la gran mayoría de mujeres de los estratos bajos que por una dieta pobre y por absoluta necesidad no pueden pagarse un gimnasio, un tratamiento de adelgazamiento o ir a un spa o seguir los lineamientos de un nutricionista para adelgazar? ¿O sencillamente porque por constitución física son así? Como se lo dijo la Gorda Fabiola "el humor no puede tomar sectores sociales, religiosos o políticos en general porque se corre el riesgo de provocar lágrimas en lugar de risas". Y si a esto se le suma el efecto multiplicador de las redes sociales, las consecuencias son devastadoras.

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