Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2015/09/29 08:15

"Ayotzinapa es una situación de muerte que trae la resurrección”

Alejandro Solalinde, el sacerdote que ha trabajado por develar lo sucedido con los 43 estudiantes desaparecidos en México, habló con Semana.com durante su visita a Colombia.

"Ayotzinapa es una situación de muerte que trae la resurrección” Foto: Revista Proceso

Durante su visita a Medellín como invitado al Festival del premio Gabriel García Márquez de Periodismo, Alejandro Solalinde, el sacerdote defensor de los derechos humanos que ha trabajado por develar lo sucedido con los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa (México), habló son Semana.com

Semana.com: A un año de la desaparición de 43 estudiantes de la escuela rural de Ayotzinapa, ¿cómo ha cambiado a México esa tragedia?

Padre Alejandro Solalinde (P. A. S.):
Definitivamente es una irrupción en la historia de México. La movilización ha sido tal y las evidencias tan claras que el narcoestado que tenemos no podrá escapar a la justicia. Así le haya apostado al exterminio mismo, y ante el ocultamiento de la realidad, el sesgo de la justicia y la obstaculización de la verdad que ha habido, poco a poco la verdad ha ido saliendo a la luz.

Semana.com: ¿Qué tuvo esta tragedia que despertó a la sociedad de un país acostumbrado a la violencia y las desapariciones como México?

P. A. S.:
Aunque hacía uno o dos años había habido situaciones similares, en este caso el asesinato de jóvenes fue masivo. Ese es un factor clave. Pero que ahora sea el Estado el que haya sido sorprendido haciendo todo lo posible por encubrir su crimen, ha sobrepasado los límites. La de Ayotzinapa es una situación de muerte que trae la resurrección. La sangre de estos jóvenes no va a ser inútil; su sacrificio tiene que permitir  recuperar a México de las manos de la barbarie y la corrupción.

Semana.com:¿Ha habido avances en el proceso pese a la presunta implicación de altos niveles gubernamentales, tal como sospechan algunos organismos internacionales?

P. A. S.:
Yo pienso que sí se ha avanzado. Principalmente en dos cosas: la aparición de un camión cuya existencia negaba la Procuraduría y el  cargamento de heroína ahí llevaban. Esos dos hallazgos explican muchas cosas. Que el Ejército y la Policía Federal acompañaron a los estudiantes es claro, y que el destino único de los estudiantes no fueron los Guerreros Unidos, también. La gente está perdiendo el miedo, está hablando cada vez más y con eso el gobierno está entrando en un callejón sin salida.

Semana.com: Sin los movimientos sociales y las manifestaciones del año pasado, ¿habría primado la versión oficial?

P. A. S.:
Sí. Uno de los factores que hizo que le caso de Ayotzinapa no fuera uno más fue el hartazgo que manifestó la sociedad mexicana. En ese momento ya no era posible soportar una masacre o desaparición forzada más. Esto pasó de ser un hecho aislado a un movimiento de indignación con franquicia que generó tal identificación en América Latina y el mundo que rebasó las fronteras nacionales.

Semana.com: En ese sentido, recientemente en Guatemala y en Honduras se han presentado grandes manifestaciones antigubernamentales. ¿Se puede hablar de una primavera latinoamericana?

P. A. S.:
Definitivamente. Porque padecemos los mismos males, tenemos –salvo algunas excepciones- presidentes corruptos, narcoestados, y una impunidad altísima, aunque ninguna como la de México. Ayotzinapa fue la gota que derramó el vaso y que nos permite ponerle decir ‘no más’. En toda América Latina necesitamos cambios, democracia, la emergencia de una sociedad civil como sujeto social y aunque esto aún está débil pueden ocurrir sorpresas como la de Guatemala.

Semana.com: ¿Cómo aprovechar los medios para encontrar la verdad en países como México donde los periodistas corren tanto peligro?

P. A. S.:
El precio de investigar y contar la verdad, sabemos, es alto. El estado de Veracruz es la prueba fehaciente de ello y hasta el mismo gobernador se ha convertido en el mayor azote nacional para los periodistas. Ese territorio y México en general parecen campo minado para estos valientes, pero su labor es fundamental.

Semana.com: ¿Por qué este tipo de galardones contribuyen a la libertad de prensa y a la búsqueda de la verdad?

P. A. S.:
Este tipo de festivales y galardones aparecen como estímulo para los periodistas de América Latina que luchan por contar la verdad. El premio García Márquez es una caricia para los que no se han callado ante tanta persecución y amenazas. Sin incentivos así no tendríamos periodistas como Carmen Aristegui ni Diego Osorno. Ellos han profetizado la verdad más que nadie.

Semana.com: Colombia ha entrado en la recta final del proceso de paz sin que haya consenso sobre las penas para los responsables de la guerra. ¿Cree que para llegar al final del conflicto es aceptable sacrificar un poco de justicia para conocer toda la verdad?

P. A. S.:
La justicia jamás debe sacrificarse en su totalidad. Sí hay que hacer ciertas concesiones para que el perpetrador hable pero en el caso de Ayotzinapa habría que preguntarles a esos padres si están dispuestos a perdonar sin el esclarecimiento de los hechos y sin que se les aplique la justicia a quienes perpetraron ese crimen. Los responsables tienen que ser llevados a un juicio y asumir las consecuencias de sus actos. De lo contrario, ¿qué le espera a México?

Semana.com: ¿Hay cabida para el perdón en Ayotzinapa?

P. A. S.:
El perdón siempre tiene que estar a la mano pero se da cuando hay una aceptación de la culpa, en otras condiciones no tiene sentido. ¿Cómo puede uno perdonar a un perpetrador si ni siquiera reconoce lo que está pasando?, ¿si está negando sistemáticamente todo? Así no podemos hablar de perdón.

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