Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/10/12 18:27

La impresionante historia detrás del creador de los Nobel

La culpa llevó a Alfred Nobel a crear los premios que hoy son conocidos en todo el mundo.

Alfred Nobel patentó 355 inventos. Foto: Archivo particular

Alfred Nobel (1833 – 1896) era un químico comprometido con los derechos civiles y asuntos pacifistas. Hablaba con fluidez varios idiomas, incursionó en la literatura y patentó 355 inventos, entre ellos la dinamita, el producto que lo haría multimillonario y que a la vez lo llevaría a sentirse culpable de cientos de muertes.

El genio sueco nació en 1833 en Estocolmo. Es descendiente del intelectual Olof Rudbeck, escritor y científico, su padre Immanuel era ingeniero e inventor, constructor de puentes en Estocolmo y su madre Andriette Ahlsell provenía de una familia muy adinerada. Alfred tenía tres hermanos: Robert Nobel (1829–1896) y Ludvig Immanuel Nobel (1831-1888), dos ingenieros reconocidos en el mundo petrolero en Rusia, y Emil Nobel (1843-1864) quien murió en uno de los tantos experimentos de la familia con explosivos. Nunca se casó ni tuvo hijos.

La familia viajó a Rusia en busca de nuevas oportunidades y allí Immanuel se convirtió en uno de los mayores proveedores de minas marinas para el Ejército Rojo. Su finanzas crecieron y fundaron la empresa Fondéries & Atéliers Mécaniques Nobel & Fils de artefactos bélicos. Con estos productos Rusia impidió que la Marina Real Británica se acercara a San Petersburgo durante la guerra de Crimea.

Alfred fue educado por maestros privados. A los 17 años ya hablaba fluidamente en sueco, ruso, francés, inglés y alemán; tenía la costumbre de memorizar diccionarios enteros. Él y sus hermanos veían clase de ruso, literatura, química, matemática y física. Alfred se interesó también en la filosofía y la poesía, estaba fascinado por la literatura inglesa, especialmente por los poetas Lord Byron y Percy Bysshe Shelley. Incluso adoptó una actitud hacia la vida similar a la de Shelley, con un idealismo extravagante, un amor extremo por la humanidad, un carácter pacifista y un ateísmo que rozaba lo fanático.

Mientras sus hermanos se quedaban en la empresa trabajando con su padre, Alfred decidió viajar por el mundo. Estando en París en 1847 conoció al químico italiano Ascanio Sobrero, quien tres años antes había descubierto la nitroglicerina, un líquido altamente explosivo, considerado muy peligroso para ser utilizado en la práctica, ya que tenía una fuerza mucho mayor que la pólvora, y podía detonar de manera inesperada si se exponía a calor y presión.

Desde ese momento Alfred Nobel se interesó mucho en la nitroglicerina y en la búsqueda de un método para su uso práctico en la construcción. Trabajaba por encontrar una solución a los problemas de seguridad que acarreaba la utilización de este químico.

Cuando finalizó la Guerra de Crimea con el tratado de Paris en 1856 la familia Nobel quedó en banca rota porque los rusos prefirieron abastecerse de productos extranjeros. Entonces su padre regresó a Estocolmo, mientras Alfred y sus hermanos se quedaron un tiempo más en San Petersburgo. Sus hermanos fundaron una exitosa empresa petrolera. Él por su parte decidió seguir experimentando con explosivos.

En 1863 Alfred regresa a Estocolmo y trabaja en el uso nitroglicerina. Al mezclar la nitroglicerina con diatomita (una clase de roca maleable) se dio cuenta de que podía controlar este explosivo al que bautizó en 1867 ‘dinamita’. Con este invento se reducirían los costos de la construcción de edificaciones que requerían explosiones de rocas como la creación de canales o túneles.

El precio que tuvo que pagar Alfred en su búsqueda por controlar la nitroglicerina fue muy alto. En septiembre de 1864, una gran explosión en la fábrica Nobel en Estocolmo cobró las vidas de su hermano menor Emil y de otras cuatro personas. Por estos sucesos Alfred se sentiría culpable y sufriría fuertes episodios de depresión.

El sector de la construcción que demandaba este nuevo explosivo hizo que Alfred Nobel se convirtiera en un gran empresario. Creó un imperio de tiendas en más de 20 países, llegó a vender dinamita para la construcción en varias naciones de Europa, Oceanía y América. Gracias a la dinamita se construyeron importantes obras civiles como el túnel Söder en Estocolmo y el gran túnel San Gotardo en los Alpes Suizos. Sus viajes por el mundo hicieron que el poeta Víctor Hugo lo describiera como “el vagabundo más rico de Europa”.

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En 1868, el año posterior a obtener su primera patente por la dinamita, Alfred Nobel y su padre Immanuel fueron condecorados con el Premio Letterstedt de la Real Academia Sueca de Ciencias (la misma institución que décadas más tarde se haría cargo de administrar varias categorías de los Premios Nobel). El premio lo recibió por "sus descubrimientos de gran importancia y valor práctico para la humanidad".

Con todo, el uso de la dinamita en las guerras hizo que los problemas de depresión de Alfred se agudizaran. El período de su vida que va de los años 1880 hasta principios de los 1890, estuvo lleno de episodios de depresión. Incluso llegó a recluirse en centros de reposo, pero su deseo por una vida activa hizo que pudiera continuar con sus labores, sus investigaciones y sus experimentos.

Cuando murió en 1896 en San Remo (Italia) muchos se sorprendieron de su testamento en el cual estipuló que la mayoría de su fortuna (406 millones de dólares) sería utilizada en fondos de inversión para la creación de premios que se entregarían cada año a “aquellos quienes durante el año anterior hayan otorgado el mayor beneficio a la humanidad. Los intereses mencionados serán divididos en cinco partes iguales: una parte a la persona que haya realizado el descubrimiento o invento más importante en el campo de la física; una parte a la persona que haya logrado el descubrimiento o mejora más importante en química; una parte a la persona que haya realizado el descubrimiento más importante dentro del dominio de la fisiología o medicina; una parte a la persona que haya realizado la obra más sobresaliente en el campo de la literatura en una dirección ideal; y una parte a la persona que haya logrado la mayor cantidad o mejor obra por la fraternidad entre naciones, por la abolición o reducción de ejércitos y por la organización y promoción de congresos de paz”, se lee en su testamento.

Estipuló que los premios de física y química fueran entregados por la Academia Sueca de Ciencias; que los trabajos en fisiología o medicina estuvieran a cargo del Instituto Karolinska en Estocolmo; el de literatura en manos de la Academia en Estocolmo, y el de la paz, por un comité de cinco personas elegidas por el Parlamento Noruego.

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“Es mi expreso deseo que al entregarse los premios no se tendrá en cuenta la nacionalidad de los candidatos, serán los que más lo merezcan aquellos quienes recibirán el premio, sean de origen escandinavo o no”, puntualizó. Esta fue la forma en que Alfred Nobel buscó reparar su sentido de culpa.

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