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| 11/2/1998 12:00:00 AM

ALMA DE KANAK

El defensa de la selección francesa Christian Karembeu conserva los principios de la tribu que lo vio nacer.

Desde que llevó de la mano a la selección francesa a ganar por primera vez el campeonato mundial de fútbol en julio pasado, Christian Karembeu se ha convertido en más que un ídolo de su país. Luego de su excepcional actuación en la copa su popularidad ha crecido como espuma en campos que no tienen nada que ver con el deporte. La contextura de su cuerpo y su aire primitivo han llamado la atención de los diseñadores de modas, que le han ofrecido desfilar al lado de cotizadas modelos. Y es que si el arquero Fabien Barthez ha causado sensación por la forma como se codea con la realeza de Mónaco, Karembeu ha hecho lo propio en el mundo del glamour, al punto de conquistar el corazón de Adriana Sklenarikova, una escultural rubia eslovaca que ha sido catalogada como una de las modelos más completas del planeta y tiene el récord de poseer las piernas más largas de su gremio.Nacido en Nueva Caledonia, la paradisíaca isla del Pacífico, Karembeu es descendiente de la tribu Kanak y aunque su educación ha sido francesa, todavía conserva los principios de sus antepasados. En los partidos internacionales nunca se le ocurre cantar el himno de Francia, no por un gesto de irrespeto sino por una simple razón cultural, pues según los Kanak los cantos de guerra no son apropiados para el deporte. A pesar de ser decididamente Kanak la historia de su clan era algo que prefería mantener en reserva. Sólo hasta que el antropólogo Didier Daeninckx descubrió hace poco la realidad de su familia. En un libro de reciente aparición, el investigador cuenta cómo los bisabuelos de Karembeu fueron exhibidos como animales, al lado de una camada de cocodrilos enjaulados, durante una feria colonial celebrada en París en 1931. Lo peor vino después, cuando los cocodrilos empezaron a morir y entonces un zoológico de Hamburgo ofreció un nuevo lote a cambio de los 60 Kanak, incluidos los parientes de Karembeu, para que fueran mostrados como atracción popular en Alemania. Los Karembeu regresaron a Nueva Caledonia con la moral destrozada y ninguno de los desdichados aventureros se atrevió a confesar el terrible atropello que sufrieron en el viejo continente. Aunque 67 años después la situación ha cambiado diametralmente, el defensa estrella de la selección francesa se niega a olvidar. Y, por el contrario, aprovecha cualquier oportunidad para reafirmar sus creencias y demostrarles de paso a los franceses que, por encima de todo, él sigue siendo un Kanak.
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