Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2004/11/28 00:00

Amor que duele

Escándalo en Gran Bretaña: el ministro estrella del gobierno, quien además es ciego, afirma ser el padre de los hijos de su amante casada.

Desde hace unos días el Reino Unido sigue capítulo a capítulo una de las historias de amor más extrañas de los últimos tiempos. El culebrón de moda tiene, además de ingredientes tradicionales como sexo, mentiras y despecho, un grupo de protagonistas de altísimo perfil, entre ellos un ministro, y como escenario las páginas de todos los diarios del país, desde los más serios y tradicionales hasta los tabloides más amarillistas. Lo que diferencia esta historia de otras similares es que en este caso el despechado es un hombre, quien además ha recurrido a instancias insospechadas para probar que es el padre de los hijos de su amante.

El desesperado y abandonado hombre es David Blunkett, ministro del Interior del Reino Unido, de 57 años y uno de los miembros más respetados del gobierno. La ex amante es Kimberley Quinn, una periodista norteamericana de 44 años que trabaja como editora de la revista The Spectator, considerada de la biblia del Partido Conservador británico. El tercero en cuestión es el esposo de Kimberley, Stephen Quinn, un millonario de 60 años, que además es el editor de la revista Vogue de ese país.

Hace tres años Blunkett conoció a la señora Quinn en una comida. El ministro, que es ciego de nacimiento, se enamoró inmediatamente de la mujer. El único problema era que Kimberley estaba recién casada. Sin embargo, esto no fue un obstáculo. El idilio entre el ministro y la editora floreció y se mantuvo incluso durante el embarazo de Kimberley, cuyo hijo William nació en 2002.

Pero a mediados de este año la prensa hizo pública la relación adúltera y Kimberley, quien estaba nuevamente embarazada, dejó a Blunkett para tratar de salvar su matrimonio. Sin embargo el ministro, quien se divorció hace 14 años de la madre de sus tres hijos, no se resignó a perder a la periodista. La semana pasada Blunkett contrató a un equipo de abogados para tratar de demostrar que él es el padre no sólo de William, quien ya tiene 2 años, sino del bebé que viene en camino y que debe nacer en febrero del próximo año.

Aunque ni Blunkett ni los Quinn han dado declaraciones sobre el tema a la prensa, fuentes cercanas a estos han dejado saber que es poco probable que Blunkett sea el padre de William, pues éste "fue concebido con la ayuda de un hospital londinense, de tal manera que sólo Stephen Quinn puede ser el padre", según publicaron los medios británicos. Sin embargo, otros amigos de la pareja han dicho que "después de mucho pensarlo" Stephen habría llegado a la conclusión de que el nuevo bebé podría no ser suyo.

Por ahora se rumora que Blunkett ya contactó a los abogados de Kimberley para pedir una prueba de ADN de ambos niños. En este tema tiene todo de su lado, pues según una ley reciente el juzgado puede ordenar que un niño se someta a una prueba de paternidad aun en contra de la voluntad de la madre.

Ante la dimensión del escándalo, Kimberley, aduciendo una enfermedad relacionada con el estrés, pidió una licencia en su trabajo hasta mayo próximo. Falta ver si sobrevive al escarnio público y a la incertidumbre de no saber quién es el padre de sus hijos.

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