Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1989/11/20 00:00

ANGEL DE LA GUARDA

La viuda millonaria Basia Johnson, se convirtió en la tabla de salvacion monetaria de "Solidaridad".

ANGEL DE LA GUARDA

Algunos la llaman el ángel norteamericano de Lech Walesa.
Es que Basia Johnson, quien abandonó a Polonia en 1968, ha sido más que eso para el conflictivo líder de "Solidaridad".

Todo comenzó la mañana del 25 de mayo último cuando Walesa, después de asistir a misa en la iglesia,de Santa Brigida, en la ciudad de Gdansk, celebrando el Corpus y a la cabeza de miles de compañeros de "Solidaridad", le mostró las instalaciones abandonadas a esa mujer polaca que regresó a su pais después de 21 años de ausencia.

Con acento grave, Walesa le explico cómo la situación de los astilleros era dificil, justamente en el sitio donde nueve años atrás había nacido "Solidaridad". En octubre de 1988 las autoridades comunistas anunciaron su decisión de cerrar las instalaciones que resultaban, según ellas, improductivas. El gobierno adujo motivos financieros pero los sindicatos respondieron que se buscaba una nueva situación política con esa decisión.
Walesa le contó a la amiga que si los astilleros eran cerrados, por lo menos 10.000 personas quedaban sin empleo y el verdadero corazón de "Solidaridad" quedaría destruido.
Había que rescatar los astilleros y pronto. Ella le preguntó en cuánto calculaba las necesidades económicas de las obras y él respondió que entre 70 y 100 millones de dólares. Siguieron caminando y contemplando las paralizadas máquinas. Esa cifra, que hubiera impresionado a otra persona, no provocó el menor gesto en Bárbara Piasecka Johnson, con 52 años y heredera de una fortuna calculada en 300 millones de dólares, al morir su marido, J. Seward Johnson, cabeza del emporio farmacéutico de Johnson & Johnson.

Siguieron caminando y de pronto ella se detuvo y le dijo a Walesa: "Cuente con mi ayuda". Al principio Walesa no creyó lo que acababa de escuchar. Pensó que había entendido mal, que ella no quería decir lo que dijo. Pero durante el resto del día, un frenético Walesa seria testigo del acto durante el cual los funcionarios de los amenazados astilleros y la señora Johnson firmaban un contrato de intención que sería una bofetada para las autoridades polacas de entonces.
Walesa estaba muy excitado, la abrazaba y la besaba y le decía: "Con este gesto usted ha dado un ejemplo de cómo hay que fortalecer económicamente a Polonia. He conocido presidentes, reyes, reinas, jefes de Estado, la gente más importante sobre la Tierra, pero jamás alguien tan maravilloso como usted. De ahora en adelante, cuando enfrente al mundo quiero tenerla a mi lado".

El primero de junio nació una compañía llamada " Bárbara Piasecka Johnson-Gdansk Shipyard", con un documento de tres páginas por el cual la viuda aceptaba invertir 100 millones de dólares bajo la condición de que el gobierno polaco no procederia a nacionalizar o intervenir los astilleros.

Un ejército de abogados, financistas y expertos llegaría después a Gdansk para perfeccionar un negocio que tiene como principal responsable a una mujer que durante los últimos meses aceptó cambiar la comodidad y el lujo de su mansión de 30 millones de dólares por las espartanas habitaciones de los hoteles polacos. Este negocio ha sido una auténtica bocanada de aire fresco para la ciudad de Gdansk, donde desde hace 400 años se construye toda clase de barcos. Era una zona laboriosa y tranquila hasta cuando, en 1970, 28 trabajadores fueron masacrados por organizar huelgas contra el gobierno.

Convertirse en líder de un proyecto gigantesco y arriesgado como este, refleja muy bien el temperamento agresivo de esta mujer. Tres años atrás heredó del marido pero antes tuvo que gastarse 20 millones de dólares en la pelea judicial que sostuvo contra sus seis hijastros que querían desheredarla. Ese fue uno de tantos combates celebrados en Estados Unidos. Su historia parece de un cuento de hadas.
Salió de Polonia a los 31 años y con 200 dólares en el bolsillo más un grado en arte. Entro como sirvienta en la mansión de J. Seward Johnson, 42 años mayor que ella. Tres años después se casaron y vivieron juntos durante otros 12, hasta cuando él murió de cáncer. En el testamento, el marido le dejaba todos sus bienes.

No ha sido una vida fácil para ella.
Además de los juicios, ha tenido que pelear contra la imagen pública que tiene. La acusan de derrochar el dinero, de construir una perrera con aire acondicionado y gastarse 25.000 dólares en un par de muebles. Como respuesta ella habla de su "infierno norteamericano ".-

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