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| 12/21/2013 3:00:00 AM

El imperio de las conejitas de Playboy

La revista ‘Playboy’ revolucionó los años cincuenta al plantear un estilo de vida al que millones aspiraban. Aunque ya esa época dorada pasó, a sus 60 años el conejo de corbatín sigue siendo una marca muy rentable.

"Queremos dejar claro desde el principio que no somos una revista familiar. Si usted es la hermana, esposa o suegra de alguien y compró la revista por error, por favor regálesela a un hombre y vuelva a su ‘Ama de casa’”. Así dio la bienvenida Hugh Hefner a los lectores de la primera edición de Playboy en 1953. Una rubia voluptuosa reía provocativamente en la portada: era Marilyn Monroe.

Se vendieron 54.000 copias y Playboy no solo se convirtió en un éxito inmediato, sino en un símbolo de la revolución sexual. Sesenta años después, sigue siendo la revista para hombres mejor vendida del mundo y lo celebra por todo lo alto: abrió un nuevo Playboy Club en Londres, muy cerca del icónico bar que la empresa tuvo en los sesenta, y disfrazó de conejita a la modelo más importante de la última década, Kate Moss.

El propio Hefner hizo esa primera edición en la cocina de su casa con 8.000 dólares que le habían prestado su madre y algunos amigos. La revista no llevaba fecha porque Hefner no sabía si lograría publicar un segundo número, pero las ganancias que hizo le dieron suficiente para arrancar la compañía en forma. 

De hecho, antes de que terminaran los años cincuenta, ya el éxito era absoluto: el conejo blanco y negro era un símbolo tan conocido que se vendían mancornas estampadas con él; la empresa estrenó el primero de muchos programas de televisión, Playboy’s Penthouse, y presentó el primer Playboy Jazz Festival. Además, Hefner compró una mansión en Chicago, la llenó de chicas semidesnudas y personificó el estilo de vida que vendía en las páginas de su revista. La marca había despegado y el cielo parecía ser el límite.

Para 1971 Playboy ya vendía más de 7 millones de copias mensuales. Pero la revista –en la que además de mujeres aparecían textos de autores importantes, como Ray Bradbury, que publicó allí por entregas su novela Fahrenheit 451– era apenas la punta de lanza. 

La compañía tenía 33 clubes, resorts, hoteles y casinos en todo el mundo, además de una agencia de modelaje, un servicio de limosinas, una disquera, una editorial y una empresa de producción de cine y televisión. Todo esto, especialmente los clubes, eran parte de una estrategia infalible: hacer sentir a los hombres parte de ese mundo sofisticado en el que podían hacer tintinear su whisky y fumar tranquilamente rodeados de hermosas mujeres disfrazadas de conejitas.

Pero llegaron los ochenta y la época dorada comenzó a disiparse. La revolución sexual ya no era una novedad y la atracción de la revista, que antes se sentía como algo casi prohibido, disminuyó. Además, otras publicaciones como Penthouse, que inicialmente era muy parecida a Playboy, y la más popular Hustler empezaron a sacar desnudos mucho más explícitos, lo que le quitó lectores. 

Las demás divisiones de la compañía también comenzaron a perder dinero y los clubes y casinos, después de 20 años, dejaron de tener vigencia y fueron cerrando poco a poco. Con la masificación de internet y la facilidad de conseguir porno gratis, las ventas terminaron de irse al piso.

Hefner, Mr. Playboy, que había personificado la marca, ya tiene 87 años. Inevitablemente el público pasó de sentir envidia por él a sentir algo cercano a la pena ajena, al verlo todavía en su bata roja rodeado de mujeres cada vez más jóvenes y más operadas. Pero su imperio no iba a derrumbarse tan fácilmente. 

La marca sigue representando la mayor entrada de dinero para la compañía, así que la han explotado al máximo. En países asiáticos y en Europa del Este, sobre todo, tienen todavía un mercado enorme al que ofrecerle ropa, pendientes, gafas y todo tipo de artículos marcados con el famoso conejito. Por eso en 2002 lanzaron Playboy Fashion en Asia y pronto comenzaron a abrir tiendas en todo el mundo.

Después se estrenó en E! la serie Girls of the Playboy Mansion, sobre la vida de Hefner junto a sus tres novias Holly, Kendra y Bridget, tres rubias extravagantes –y poco brillantes– de unos 20 años. En ella, Hefner era más una figura paternal para las chicas que un amante, pero tuvo mucho éxito y duró seis temporadas al aire. Nuevos clubes abrieron en Cancún, Las Vegas, Chicago y Londres y el canal de televisión de Playboy ha pasado a hacer programas menos enfocados en sexo y más accesibles a un público más diverso. Y le ha ido bien. 

En 2011 Hefner compró todas las acciones de la compañía y la sacó de la bolsa. Y aunque la revista hoy vende alrededor de 1 millón y medio de ejemplares mensuales (mucho menos que en su mejor momento), sigue siendo la más exitosa de su género. Ante este panorama, que continúa mejorando, la compañía reabrió su oficina principal en Beverly Hills.

Aunque Hefner ya esté pasado de años como para ser el representante del estilo de vida que Playboy vende, es inevitable asociar su nombre con la icónica marca. Muchos, incluido él mismo, creen que después de su muerte se convertirá en una figura mucho más rentable. “Será más fácil perpetuar mi historia cuando ya no esté aquí, porque entonces a nadie le dará rabia que, a mi edad, sigo teniendo sexo”, dijo Hefner una vez. 

En todo caso, y a juzgar por la longevidad de su madre, que vivió hasta los 101 años, a Mr. Playboy todavía le queda tiempo para rodearse de más rubias despampanantes, de hacer muchas más fiestas en su famosa mansión y de seguir impulsando su imperio hacia épocas más prósperas.
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