Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Años de libertad

Se cumplen 30 años de la muerte del generalísimo Francisco Franco, dictador de España 'por la gracia de Dios'. Para algunos salvó a la madre patria. Para otros, la hundió en el estancamiento por casi 40 años.

Francisco Franco Bahamonde.

Hace 30 años, cuando el dictador Francisco Franco murió, muchos jóvenes salieron a la calle a celebrar. Era la mejor noticia que habían recibido en sus vidas más de 25 millones de españoles que lo odiaban. Otros lloraron la desaparición del caudillo que, según ellos, los libró del comunismo. Unos y otros recuerdan, con la distancia de los años, una España muy diferente de la actual. Franco gobernó el país con mano de hierro durante 37 años, luego de ganar la Guerra Civil (1936-1939), que dejó más de medio millón de muertos y casi un millón de exiliados. Sus opositores siempre lo calificaron de sanguinario, intransigente y fascista. Sus seguidores lo declararon el salvador de España "por haber derrotado la revolución en tres ocasiones, haber librado a España de la guerra mundial y dejar un país próspero y políticamente moderado", según dijo a SEMANA el historiador Pío Moa. Hijo de una familia de tradición militar y fervientemente católica, Franco nació en 1892 en El Ferrol, Galicia, y entró a la academia militar a los 15 años. Desde entonces, y fruto de la mentalidad militar católica de aquella época, su objetivo siempre fue luchar para que España volviera a ser un gran imperio colonial y extender el catolicismo sobre los 'infieles'. Por eso pidió en 1910 ser destinado en Marruecos y allí libró decenas de batallas para doblegar a los insurrectos que se negaban a seguir siendo colonia española. A los 30 años fue ascendido a comandante gracias a la creación de la Legión Extranjera, y a los 34 años consiguió el grado de general, un hecho que siempre aplaudieron sus seguidores porque se convirtió en el más joven de Europa desde Napoleón Bonaparte. Mientras los militares luchaban en África por la reconquista de las antiguas colonias, España comenzó a cambiar con los nuevos aires de la democracia y de la izquierda. En 1931 los partidos republicanos, socialistas y regionalistas echaron al rey Alfonso XIII y proclamaron la Segunda República. Y en 1936 una coalición de partidos de izquierda ganó las elecciones y se dispuso a gobernar el país. Fue entonces cuando los militares se sintieron traicionados y Franco se unió al alzamiento nacional liderado por el general José Sanjurjo, con el propósito de "exterminar a los rojos". "En ese momento Franco y los militares vieron a los demócratas y republicanos como herejes comunistas y lo peor: anticatólicos, y lanzaron contra ellos una guerra semejante a las antiguas cruzadas europeas sobre los 'bárbaros' musulmanes. Con esta sed de sangre comenzó la Guerra Civil española", comentó a SEMANA Fernando Vallespín, politólogo de la Universidad Autónoma de Madrid. La muerte de Sanjurjo puso a Franco como líder de los militares contra el gobierno, que trataba de defenderse con algunas guarniciones leales y con milicias civiles armadas. Franco buscó y logró la ayuda de Hitler y Mussolini, quienes convirtieron la guerra española en un ensayo general de su proyecto bélico. Guernika, en el País Vasco, en 1937, fue arrasada para probar el poderío de sus bombarderos y el gobierno democrático no pudo sobrevivir, ayudado sólo con escasas armas llegadas de Rusia y el apoyo de grupos de las idealistas Brigadas Internacionales integradas por extranjeros de todas partes del mundo, entre ellos el escritor Ernest Hemingway. La guerra civil terminó el primero de abril de 1939. Franco tenía en su poder las riendas del Ejército, del único partido político -la Falange Española- y del gobierno. En aquel momento aseguró que no creía en la reconciliación entre vencedores y vencidos y se dedicó a perseguir sistemáticamente a sus enemigos. "Los españoles no creen en las palabras rendición y prisioneros, sino sólo en la victoria y la muerte", dijo. Los derrotados huyeron por miles hacia Francia como refugiados, pero más de 250.000 de ellos fueron capturados por los nazis e internados en campos de concentración en Francia y Alemania. Hitler le preguntó a Franco qué hacer con ellos y Franco le respondió: "Haga lo que quiera, ellos no son españoles". Así murieron más de 10.000 de sus conciudadanos en los campos de exterminio. "Mientras tanto, España tenía 300.000 presos, que fueron utilizados por el franquismo para construir obras públicas y sobre todo fueron arrendados como fuerza laboral barata y dócil a las empresas privadas, la mayoría contratistas del Estado, en un abuso que se prolongó hasta 1970", dijo a SEMANA el historiador catalán Josep Benet. Pese a las presiones de Hitler y Mussolini, Franco declaró a España neutral y se mantuvo al margen de la Segunda Guerra Mundial. Pero tras el triunfo de los aliados, Rusia vetó la entrada de España en la ONU y se decretó un "bloqueo de suministros", que le impedía el comercio con otros Estados. Fue una larga época de hambre que forzó a migrar a cientos de miles de españoles hacia América Latina y el resto de Europa y el mundo. España sobrevivió gracias a las alianzas de Franco con algunos aliados. Perón, desde Argentina, le enviaba carne y alimentos. Salazar, desde Portugal, mantenía el comercio con España. La economía empezó a mejorar a finales de los años 60 y comienzos de los 70, cuando Franco abrió el país al turismo. Para entonces, ya había 'adoptado' al príncipe Juan Carlos de Borbón como su sucesor. Franco tenía 80 años cuando dejó la presidencia en 1972 al almirante Luis Carrero Blanco, pero éste fue asesinado por ETA en 1973 y sus deseos de perpetuar 'su obra' se comenzaron a deshacer. En 1975, poco antes de morir, dio la última muestra de su crueldad cuando ordenó el fusilamiento de cinco jóvenes presos, pese al pedido de clemencia de la comunidad internacional y del papa Paulo VI. El 20 de noviembre de 1975, tras una larga enfermedad, el generalísimo Francisco Franco Bahamonde murió millonario y emparentado con la realeza, porque casó a su hija y a su sobrina con miembros de familias con títulos nobiliarios. Falleció envuelto en bolsas de hielo y rodeado de sus 20 doctores, a los 83 años, tras una agonía de 35 días en los que se emitieron 56 boletines médicos. Franco murió en plenos años 70, pero la sociedad española vivía como en los 40. Los que más lo celebraron fueron los jóvenes y las mujeres. "El franquismo aplastó tanto a las mujeres, que hasta mediados de los años 70 nosotras, para poder trabajar, debíamos presentar ante los empresarios una autorización de nuestros padres si éramos solteras o de nuestros esposos si éramos casadas. Franco quiso subyugarnos con un moralismo de la Edad Media, los besos en la calle estaban prohibidos y los homosexuales eran considerados criminales, se les llevaba a la cárcel y muchos fueron condenados a la pena de muerte", dijo a SEMANA Enriqueta Chicano, de la Federación de Mujeres Progresistas. Pero la segregación de la mujer llegaba más lejos. A ellas les estaba prohibido firmar escrituras y adquirir casas y coches. No podían abrir cuentas bancarias sin la autorización de un hombre y, por orden expresa de Franco, los hijos de las exiliadas perdieron la nacionalidad española. Tras la muerte de Franco, Juan Carlos de Borbón fue coronado rey de España y de inmediato impulsó la democracia, que se estrenó en enero de 1976 con las primeras elecciones municipales. Luego vino la Constitución de 1978, que declaró a España una monarquía parlamentaria y desde aquel momento el país ha progresado rápidamente. Los seguidores de Franco se unieron en un partido llamado Alianza Popular, que luego se convirtió en el Partido Popular, en la actualidad liderado por José María Aznar y Mariano Rajoy. Los socialistas crearon el Partido Socialista Obrero Español (Psoe), que llevó al poder en 1982 a Felipe González, quien consiguió la incorporación de España en la Unión Europea y aseguró un multimillonario flujo de recursos para la construcción de infraestructuras y la modernización del país, que en la actualidad recibe 52 millones de turistas al año y deriva del turismo sus principales ingresos. Desde hace 30 años, cada 20 de noviembre, los pocos seguidores de Franco lamentan con el brazo derecho en alto -el saludo nazi- la muerte del Generalísimo en la Plaza de Oriente de Madrid, frente al Palacio Real. La Falange Española sigue siendo un partido con unos 5.000 miembros que concurre a las elecciones, pero invariablemente fracasa. Y el Partido Popular siempre ha querido distanciarse y sepultar en el olvido a Franco, pero desde el gobierno de Aznar ha apoyado con subvenciones, la última de 83.000 euros, a la Fundación Francisco Franco, creada para "honrar la memoria del caudillo" y presidida por su hija, Carmen Franco, que siempre firma con su título nobiliario: duquesa de Franco. El Catecismo Patriótico español de 1939 que fue libro de lectura obligatoria en los colegios en tiempos franquistas, les enseñaba a los niños y jóvenes que "El caudillo es como la reencarnación de la patria y tiene el poder recibido de Dios para gobernarnos". Pero desde hace 30 años, toda estatua y referencia a Franco ha sido borrada lenta e inexorablemente. El último símbolo en caer fue la gran estatua ecuestre del dictador, que presidía la entrada al Ministerio de Medio Ambiente en Madrid y que fue retirada en marzo pasado por el actual gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. "Lo que muchos lamentamos es que España pasó muy rápidamente a la democracia tras la muerte de Franco y el pasado franquista se sepultó quizá muy de prisa, porque se perdonó a las familias que se beneficiaron del poder con Franco, que amasaron fortunas con la corrupción del régimen y muchas de ellas están afiliadas ahora en el Partido Popular. Por esas prisas, perdimos la ocasión de juzgar a los corruptos y propiciar una mayor justicia social para los vencidos en la Guerra Civil española", dijo el sociólogo Alberto Moncada a SEMANA. "Llevamos 30 años celebrando la muerte de Franco con mucho vino, risas y besos, y seguiremos celebrándolo felices el resto de nuestras vidas", dijo a SEMANA la feminista gallega Rosa Cobo. Lo cierto es que España ha vivido una fiesta constante durante estas últimas tres décadas. El dinero de la Unión Europea y el turismo le lavaron la cara al país. La modernidad se asentó en los campos y las universidades y la misma gente que vivió temerosamente guardada en sus casas durante los casi 40 años de dictadura salió a la calle a hacer vida nocturna y convirtió a España en el país con 'más marcha' y más festivo de Europa. Un país en el que la memoria de Franco es como una mala pesadilla.

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