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| 5/30/2004 12:00:00 AM

Antonio García Angel: letras bacanas

El autor de Su casa es mi casa, Antonio García Angel, fue el ganador de la Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos, que busca aspirantes en todo el mundo. Gracias a este premio, el escritor caleñó tendrá todo un año para trabajar en su segunda novela bajo la tutoría personalizada de Mario Vargas Llosa

"Imaginaba que si alguien estuviera controlando nuestros destinos, era proclive al surrealismo, a las novelas policíacas y al cine de Woody Allen; 'casi' sentí simpatía por él al observar que había logrado una situación bastante divertida: un perseguido por metiche, un ex chofer alcahuete y tres colaboradores voluntarios, uno de ellos presa de su tesis de grado, metidos en una discoteca ante la imposibilidad de mejorar en algo su condición."
Antonio García Angel, Su casa es mi casa

Todo comenzó por una suerte de apuesta. Una tarde cualquiera, mientras "gaseoseaba" en la cafetería central de la Universidad Javeriana, la misma que lo vio graduarse en las carreras de Comunicación y Literatura, Antonio García discutía con un grupo de amigos y todos coincidían en el mismo punto. "En Colombia no hay novelas policíacas, debíamos hacer una de esas", fue la conclusión de la tarde.

Para la mayoría se trató de un pacto sin mayor trascendencia, pero a Antonio -o "Toño", como lo conocen sus amigos- la idea le quedo sonando. Esa misma tarde de 1995 escribió a mano la primera página de Su casa es mi casa y así, sin imaginarlo, echó a rodar una lenta bola de nieve que hace poco terminó en avalancha cuando ganó la Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos que, además de los generosos beneficios económicos, le permite trabajar un año entero bajo la tutoría de Mario Vargas Llosa, uno de sus ídolos literarios.

Pero saltar de aquella tarde en la Javeriana a su encuentro con el escritor peruano sería simplificar demasiado la historia, así que mejor vamos por pasos.

Vicisitudes de un joven escritor

Después de esa página, durante algunos años Antonio trabajó en la novela de vez en cuando, como quién no quiere la cosa. "Con la misma frecuencia de quién se quiere limpiar el ombligo, yo escribía una página, pero después de cuatro años con esa frecuencia uno termina con un morrito entusiasmador", recuerda.

Según lo cuenta, hacía 1998 gracias a un "arepazo" terminó contratado para conducir Papaya, un programa de televisión que pagaba bastante bien debido a la inflación en salarios que trajeron los recién lanzados canales privados. Mientras todo el equipo lloraba la cancelación de Papaya en febrero del 99, Antonio la celebraba, ya que los ahorros por cuenta de la "cajita mágica" le iban a permitir dedicarse a terminar su novela. Durante el resto del año se consagró a escribir y a dictar una clase en la Javeriana "que escasamente servía para pagar el TV Cable".

Después de aquel empujón presentó la novela a la editoriales y a punta de rechazos la fue puliendo. Así se consumió el 2000 al tiempo que se iban agotando las posibilidades. Planeta era la única editorial que todavía no le había cerrado las puertas pero tampoco le había dado el sí y en aquel 31, al lado de las uvas y las lentejas, Antonio hizo un propósito de año nuevo: el primero de febrero sería el último plazo y si no había obtenido ninguna respuesta estaba decidido a entrar a sangre y fuego por su manuscrito con la resignación de saber que si quería ser publicado debía empezar de ceros con una historia diferente. Pero el viernes 12 de enero llegó la anhelada llamada en la que le propusieron firmar el contrato para enviar a imprenta Su casa es mi casa.

Finalmente, en abril del 2001, la historia de Martín Garrido, un estudiante que sin quererlo se ve involucrado en una caricaturesca historia policíaca, llegó a las librerías. Como el mismo Garrido responde en una de las páginas del libro, él es "el sapo que sabe más de la cuenta y lo quieren callar." La novela tiene como escenario a Bogotá -en palabras del protagonista "la contradicción urbana más grande que la humanidad haya conocido"- y está escrita en caleño.

A Su casa es mi casa le dan vida el humor, los juegos de palabras y un colorido lenguaje coloquial en los diálogos, el mismo que usa su autor, un confeso coleccionista de palabras, cuando habla. "Yo, como corresponde a alguien que jamás pudo llenar un álbum, tengo un puñado de palabras que atesoro como un niño guarda las canicas que más le gustan", admite en su última columna de la revista Soho. Bacano es una de sus favoritas y, aunque en ningún momento llegó a declararlo, basta conversar con él para detectar que gaseosear también hace parte de su repertorio.

Conversación en la capital

Siendo ya un escritor publicado, Antonio estaba dedicado al noble oficio del periodismo cuando sonó el timbre de su casa en junio del año pasado y recibió un paquete de FeDex con el membrete de la Rolex, aquella corona de puntas alargadas, anunciándole que había sido nominado. En el interior había folletos y fotos que explicaban de qué se trataba la iniciativa, que tiene por objeto ofrecer a jóvenes artistas de extraordinario talento la posibilidad de trabajar durante un año con un artista consagrado en su misma disciplina. Básicamente, el premio consiste en tiempo para trabajar, un regalo muy apropiado viniendo de un fabricante de relojes.

En el material también mencionaban que en esta ocasión el mentor en literatura iba a ser Mario Vargas Llosa. Instantáneamente pensó que tratándose del escritor peruano, él era el indicado o, para ponerlo en sus palabras, "el tigre para esa pelea".

La iniciativa está dirigida a artistas de todo el mundo y a esa altura todavía nada estaba asegurado. El siguiente paso fue llenar un formulario en el que le pedían algunas muestras de su trabajo. Envió Su casa es mi casa, una crónica sobre San Andrés para la revista de Avianca, un cuento inédito, otro publicado en una antología y un artículo sobre las citas a ciegas que escribió para Soho.

Además de los escritos, otro de los requisitos era un video de presentación. Con la ayuda de Carlos Mario Urrea, un amigo realizador, Antonio se "puso la camiseta", "payasió" -en el buen sentido de la palabra-, e hizo un vídeo diferente al tradicional donde el convocado le habla a la cámara. En el suyo lee un fragmento de Su casa es mi casa sobre las paradojas urbanas de Bogotá mientras las imágenes lo muestran ilustrando aquellos lugares de los que habla. "De todos los videos que mandaron el mío era el más chipi-chipi", explica, y eso le dio recordación.

Comenzó a intuir que se trataba de algo que podría llegar a cambiarle la vida y leyó los pocos libros de Vargas llosa que le hacían falta, entre ellos Conversación en la catedral, y el destino comenzó a enviarle señales. En el proceso de selección, un jurado escoge a los tres finalistas y entre ellos es el propio mentor quien elige al ganador. En noviembre Vargas Llosa vino a Bogotá y aún sin conocer si hacía parte de los tres escogidos a Antonio se lo presentaron por pura coincidencia. En diciembre, Antonio viajó a Perú y se lo encontró de nuevo en una pizzería, aunque no lo saludó para no pasar por psicópata.

Así llegó febrero, cuando enviaron a los tres finalistas a entrevistarse con el mentor. "Me hicieron ir a Lima y pasé una noche gaseoseando con Vargas Llosa. Ya en ese momento sentía que todo era ganancia porque no a todo el mundo le regalan un pasaje para ir a hablar con él", cuenta. Antonio llegó contento al hotel, y sintió que eso ya era un buen indicio.

Sus competidores eran Andrés Barba, un español, y Álvaro Enrigue, un mexicano residente en Estados Unidos y aunque admite que él es el más joven de los tres en términos literarios, por el espíritu del premio sabía que las posibilidades eran grandes. Después de tanta espera, hace poco más de un mes le contaron que había sido el escogido pero todavía no sabe quién propuso su nombre. Lo que sí tiene claro es que fue gracias a Su casa es mi casa. "Esa novela es la cosa más agradecida del mundo. Su ciclo de vida debía estar agotado pero tiene un eco, un efecto doppler que sigue sorprendiéndome".

Su gran reto es escribir con la asesoría de Vargas Llosa su segunda novela, que apenas está comenzando. El primero de mayo tuvieron su primer encuentro y ya acordaron un plan de trabajo con entregas todas las semanas. "Esta va a tener más narradores, una trama más compleja y nuevos problemas estilísticos. Quiero arriesgar y poner más fichas sobre la mesa", afirma Antonio. "Si cuando se cumpla el año no he terminado la faena espero por lo menos tener al toro maluco y banderillado".

Artículo de Conexión Colombia
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