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| 8/22/2004 12:00:00 AM

Arturo, el rey misterioso

Los historiadores siguen devanándose los sesos para averiguar la verdadera identidad del legendario rey medieval. El cine lo muestra ahora como un guerrero romano del final del Imperio.

La historia del poderoso y noble rey Arturo, que siendo casi un niño sacó su mítica espada de la piedra, la que narra los hechizos de Merlín y las valerosas hazañas de los Caballeros de la Mesa Redonda, ha pasado de generación en generación y desde hace muchos años es una leyenda universal. Para muchos de los que alguna vez leyeron o escucharon los relatos de Camelot, estos no pasan de ser un mito literario, un cuento de hadas. Sin embargo, detrás de la leyenda siempre ha estado latente una pregunta: ¿existió realmente el rey Arturo? Los creadores de la nueva película sobre el héroe piensan que sí.

Después de versiones como Camelot, la famosa cinta Excalibur de 1981 y El primer caballero, protagonizada por Richard Gere en el papel de Lancelot, la nueva producción titulada Rey Arturo es publicitada como "la verdadera historia". En ella queda de lado la imagen romántica del monarca medieval de Inglaterra y en su lugar aparece un comandante romano de origen britano (pobladores celtas del centro y sur de la Gran Bretaña) que lucha para liberar a este pueblo de la invasión de los sajones. Su nombre es Artorius Castus, un soldado al servicio de Roma, y su hazaña tiene lugar en el siglo V, en el desplome del Imperio y los albores del llamado Oscurantismo, casi cinco siglos antes de lo que narran las legendarias historias. Para entonces, tras más de 300 años de ocupación, las legiones romanas comienzan a retirarse para defender su hostigada ciudad, dejando la provincia romana de Britania (hoy Inglaterra y País de Gales) a merced de los invasores anglosajones. En la cinta Artorius, y sus caballeros, que no son los típicos hidalgos de brillantes armaduras sino guerreros rasos, derrotan a los agresores.

Cambiar la imagen de un rey y su vasto imperio por la de un caudillo no deja de ser un poco desilusionante. Sin embargo, algunos historiadores coinciden en que, como sucede con muchos de los grandes mitos, es posible que surjan de una realidad menos magnífica. "Los personajes por primera vez se inspiran en seres verdaderos y son muy diferentes a los que conocimos en su contexto mitológico", expresó el historiador John Matthews, autor de Relatos olvidados de la Mesa Redonda. En efecto, la nueva versión cinematográfica no es descabellada. Hay evidencia historiográfica de que existió un caudillo britano que tal vez dirigió a tropas de galeses y britanos en alguna batalla entre los siglos V, VI o VII. La primera vez que se menciona el nombre de Arturo es en el texto de Nennius, un monje galés, quien en su libro Historia Brittonum (Historia de los britanos) relata las duras contiendas entre éstos y los invasores anglosajones. Enumera 12 batallas en las que el personaje, que no es un rey y al que llama dux bellorum (duque de la guerra), obtuvo siempre la victoria. Cuenta que finalmente y pese a todos los esfuerzos, el caudillo no consiguió detener la invasión.

No obstante, esta referencia a Arturo es por lo menos tres siglos posterior a los hechos narrados por el monje, tal vez producto de lo que los juglares transmitieron oralmente, por lo que es difícil comprobar su veracidad. Historiadores más cercanos a la época, como Gildas, quien vivió en el siglo VI, simplemente omitieron o ignoraron el nombre. Por otra parte, algunos estudiosos del tema han tratado de comprobar que diversos personajes históricos pudieron ser Arturo. Se sabe que existió un general llamado Lucius Artorius Castos, quien al parecer aplastó una revuelta en Britania. El problema es que en este caso, aunque el nombre y la descripción concuerdan con las de la cinta, la fecha no coincide. "Jerry Bruckheimer, productor de la película, se toma la licencia de trasladar a este personaje real, quien comandó la legión romana estacionada en Britania en el siglo II d.C, a una época 300 años después para que luche con los sajones en el siglo V como el rey Arturo", explicó a SEMANA Rod Hampton, director del British History Club.

En el camino para comprobar la autenticidad del mítico personaje aparece otro caudillo del siglo V llamado Ambrosius Aurelianus. Gildas recuerda a este hombre como un militar de ascendencia romana que estuvo al frente de la resistencia contra los invasores, y algunos expertos consideran que es Aurelianus la figura detrás de la leyenda.

En textos posteriores Arturo ya empieza a aparecer como "el campeón pronto desaparecido de un pueblo derrotado y sometido, que espera su segunda venida, que traerá consigo la redención y la victoria", como escribió Carlos García Gual en su libro Historia del rey Arturo. Mito o realidad, Arturo se convirtió en una especie de Mesías. Quizá por ello las hazañas del remoto caudillo dieron origen a partir del siglo XII al popular relato novelesco imperecedero, a la versión romantizada de la leyenda. En ese período, un clérigo galés llamado Geoffrey de Monmouth, en su libro Historia de los reyes de Britania, alimentado por hechos fantásticos, presenta a Arturo como el gran rey de Inglaterra, quien unificó el país e incluso derrotó al emperador romano.

Esta obra sirvió a los propósitos de la época, como ha sucedido tantas veces a través de los tiempos. Cuando la República Romana se convirtió en Imperio, Virgilio escribió La Eneida para darle un origen sagrado a los fundadores de Roma. De este mismo modo, los duques normandos que apenas un siglo antes habían conquistado Inglaterra y usurpado la corona del rey anglosajón Harold necesitaban darle un origen mítico a su estirpe y nada mejor que convertirse en descendientes directos de un rey celta que vivía en un ambiente a la medida de la gesta caballeresca y feudal, haciendo eco de la situación de la Europa de ese momento. La narración fue tomada por histórica y auténtica, y su veracidad fue poco discutida hasta el siglo XVI, cuando tomó fuerza el debate sobre la realidad de los hechos.

En 1190 un hallazgo pareció darles la razón a quienes apostaban por la existencia del rey Arturo. En la abadía de Glastonbury, en el oeste de Inglaterra, se descubrieron las supuestas tumbas de él y de su esposa. "Aquí yace el renombrado rey Arturo con su segunda esposa Ginebra en la isla de Avalon", fue el texto inscrito en una cruz sepultada siete pies bajo tierra, y más abajo encontraron los huesos de un hombre. Pero algunos expertos consideraron el descubrimiento un fraude pues se determinó que la escritura pertenecía al siglo X, es decir que no había sido grabada en la época de Arturo. Es difícil saber más al respecto pues con el tiempo se perdió el rastro de la cruz y los huesos.

En cuanto a Camelot, el hogar de Arturo, podría haber unas cuantas pistas. Primero, algunos arqueólogos lo ubicaron en Gales, luego en Winchester y en el condado de Cornualles (el extremo oeste de Inglaterra), y posteriormente creyeron haberlo encontrado en el castillo de Cadbury, ubicado en Somerset, un poco más al este. Se estima que la fortaleza circular se construyó entre los siglos V y VI. Además, en 1913 y 1966 se realizaron excavaciones y aparecieron varios objetos pertenecientes a la época del Oscurantismo. Aun así no hay ninguna certeza, como sucede con todo en esta historia.

Ya sea alimentados por la fantasía o por el deseo de encontrar la verdad, nunca faltará quienes sigan los pasos del mítico rey: las ruinas del castillo de Tintagel en Cornualles, donde podría haber nacido Arturo según dicen algunos; las cuevas de Merlín, el lago de Dozmary, en el que la dama del lago le habría entregado la espada Excalibur; Winchester, para conocer la supuesta mesa redonda, y Glastonbury, donde reposaron los restos del soberano. La leyenda seguirá viva.

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