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| 8/2/1999 12:00:00 AM

ASESINA POR NATURALEZA

Una anciana de 70 años acaba de confesar haber matado a ocho de sus 10 hijos. A pesar de ello <BR>no irá a la cárcel pues el espeluznante caso ha pasado a manos de los sicólogos.

En 1963 los lectores de la revista Life se conmovieron con la dramática historia de Marie Noe,
una mujer de 34 años que había sufrido en carne propia el dolor de perder a varios de sus hijos a causa del
síndrome de la muerte súbita. En medio de su inmensa tristeza la madre narró cómo había encontrado a sus
pequeños niños asfixiados. Con el paso del tiempo la narración fue adquiriendo dimensiones de mito dentro
de la comunidad de Filadelfia, que no acababa de comprender por qué Dios castigaba de esa forma a los Noe,
un matrimonio estable y amoroso que a finales de los 60 llevaba a cuestas la cruz de haber perdido a ocho
de sus 10 hijos a causa del síndrome. De los dos hijos restantes sólo el último sobrevivió, pues el noveno
murió a las pocas horas de nacido.
Los afligidos padres no tardaron en convertirse en la imagen viva del dolor y durante varias décadas contaron
con el apoyo y compresión de sus vecinos. Sin embargo la fatídica historia dejó un mal sabor entre los
médicos. Si bien es cierto que la 'muerte de cuna', fenómeno en el que un bebé fallece sin que se puedan
establecer a ciencia cierta las razones del deceso, cobra varias víctimas en todo el mundo, no dejaba de ser
extraño que una familia tuviera la mala suerte de sufrir ese flagelo en tantas oportunidades.
Ante la extraña naturaleza del caso las autoridades adelantaron varias investigaciones y descubrieron
que todas las muertes se presentaron cuando Marie se encontraba sola en casa. A pesar de la coincidencia
los detectives nunca hallaron pruebas que incriminaran a la madre y no tuvieron más remedio que archivar
el proceso.
Superado ese incidente con la justicia los Noe vivieron en completa calma durante 30 años hasta que en
1997 la aparición del libro La muerte de los inocentes alborotó el avispero. La obra, de carácter científico,
señalaba que las sucesivas muertes de cuna en una misma familia no debían verse como simples
accidentes sino que detrás de ellas podía haber un homicidio.
Alertadas por esa revelación las autoridades decidieron reabrir la investigación y en agosto del año pasado
ordenaron el arresto de la señora Noe. Ante la contundencia de la indagación Marie, una anciana de 70
años, no tuvo otra salida que confesar su terrible secreto. Sin mostrar señal alguna de arrepentimiento relató
que durante el período comprendido entre 1949 y 1968 ella asfixió con una almohada a los pequeños Richard,
Elizabeth, Jacqueline, Arthur Jr., Constance, Mary Lee, Catherine y Joseph . Los asesinatos los realizó
cuando su esposo se iba al trabajo y jamás se atrevió a contarle lo ocurrido.
La semana pasada, luego de permanecer recluida en su hogar durante 10 meses y pagar una fianza de
500.000 dólares, Marie se declaró culpable de homicidio en segundo grado. Debido a su avanzada edad y
sus problemas de salud los fiscales y la defensa llegaron a un acuerdo y Marie tendrá su casa por cárcel
durante los próximos 20 años.

Mente criminal
El caso de Marie ha levantado ampolla entre la sociedad norteamericana. Mientras las asociaciones de padres
de familia piden la cabeza de la asesina los médicos abogan por la reclusión de la mujer en un centro
especializado para estudiar de cerca su comportamiento criminal.
De acuerdo con varios científicos, Marie podría ser víctima de una extraña enfermedad mental provocada
por una disfunción en la actividad de las mitocondrias, estructuras que se encuentran en el citoplasma
de las células y cuya función primordial es convertir el alimento en energía. Cuando esta transformación
no se realiza apropiadamente en las células cerebrales la persona puede presentar episodios de demencia
momentáneos e incluso perder la memoria. Lo anterior explicaría porqué Marie mantuvo una vida normal a pesar
de cometer los asesinatos y porqué le ocultó la verdad a su esposo.
Pero la importancia del caso Noe no se ha limitado a los fundamentos científicos. Varios grupos
activistas negros han utilizado la historia de Marie para acusar a la justicia estadounidense de ser
demasiado benevolente con los blancos. Según ellos, la sentencia no habría sido así de laxa si la asesina
hubiera sido una mujer negra.
En medio de los cruentos debates los más intrigados son los médicos y los sicólogos, quienes durante los
próximos cinco años tendrán la tarea de escudriñar el cuerpo y el alma de esta mujer con el fin de determinar
las causas que la llevaron a transformar su instinto maternal en un deseo asesino.
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