Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1988/03/21 00:00

ATRACCION FATAL

Con la muerte de su tercera esposa, Carlos Monzón enfrenta la pelea más difícil de su vida.

ATRACCION FATAL


"Las manos y la fuerza no se dominan fácilmente aunque uno tenga toda la concentración del mundo", afirmó hace 8 años Carlos Monzón refiriéndose a sus tiempos de boxeador. El pasado 14 de febrero esa sentencia se hizo realidad y Monzón, como le ocurría con frecuencia, perdió los estribos, golpeó violentamente a su mujer Alicia Muñiz quien, en hechos que aún no se han aclarado, cayó por el balcón del apartamento en que pasaban vacaciones en Mar del Plata y murió instantáneamente. El ex campeón mundial de los pesos medianos, saltó al parecer por la misma baranda para auxiliar a su mujer, sufriendo múltiples fracturas. Ese día marcó, sin duda alguna, el final de la fama de uno de los hombres más admirados en el boxeo mundial y uno de los personajes más controvertidos de farándula argentino.

Monzón nació en 1942 en el barrio La Flecha, en la provincia de Santa Fe. Como ocurre siempre, era de familia muy pobre. Prefirió aprender en las calles que en las escuelas y se convirtió en lustrabotas y voceador de periódicos. Era lo que los argentinos llaman todo un "canallita". Y no era para menos. La pobreza de sus padres no daba para que los 12 hijos del matrimonio Monzón tuvieran algo mejor. Carlos se hizo un "duro" de las calles y su fama de peleador lo llevó a visitar los gimnasios de su ciudad. De esa época data su prontuario: a los 20 años, cuando se casó con su primera esposa, Mercedes Beatriz García-la "Pelusa"-, ya había sido fichado por la policía santafecina por ebriedad, riña callejera y desacato.

Esos antecedentes, sin embargo, no le sirvieron de mucho en el gimnasio, donde los entrenadores no se hacían muchas ilusiones con respecto a su futuro en el ring debido a su aspecto esquelético. Parecía un chico desnutrido y perdió 2 ó 3 peleas como amateur.

La revancha vino poco tiempo después, cuando Amilcar Brussa, el mismo que llevó a la conquista de los campeonatos mundiales al "Happy" Lora y Sugar Baby Rojas, se dedicó a entrenarlo. Brussa no era partidario de que Monzón pasara tan rápidamente al profesionalismo pero Carlos, con la responsabilidad de un hogar que mantener, no podía continuar peleando como aficionado, sin recibir ni un centavo. Su primer rival, Ramón Montenegro, cayó a los 6 minutos de pelea. Luego vinieron otros rivales hasta conseguir el título argentino ante Jorge Fernán en el templo del boxeo argentino, el Luna Park.

Mientras esto pasaba, su matrimonio empezó a tener problemas. El temperamento de Carlitos explotó en varias ocasiones y la "Pelusa" sufría las consecuencias. En 1970, Tito Lecture, su apoderado, le dio la gran oportumdad de su vida. En noviembre de ese año, Monzón partió hacia Roma para enfrentar a Niño Benvenutti, el entonces campeón mundial de los medianos. Pocos argentinos creían en su compatriota, pero el "Cholo" subió al ring del Palacio de los Deportes de Roma con la misma decisión con que se había enfrentado a sus rivales callejeros. Benvenutti, un boxeador fuerte pero de estilo depurado, consentido de la intelectualidad europea, no tuvo argumentos para detener los ataques de ese "don nadie" de más de 1 metro con 80. Monzón había llegado a la cúspide y no estaba dispuesto a dejarse tumbar: "Cada vez que estoy peleando, pienso que el que está al frente mío quiere quitarme lo que tanto trabajo me ha costado".

Monzón pasó a ocupar el lugar que tenía Benvenutti en los círculos europeos. Cada nueva pelea era todo un acontecimiento. Llegó a ser uno de los boxeadores que más dinero cobraba y se hizo famoso, si ya no lo era, por sus inversiones en finca raíz en la Argentina, para evitar que la creciente devaluación del peso argentino lo arruinara. Vino la época dorada. Carlitos enfrentó y venció a los mejores del mundo en su categoría. Sus puños acabaron con la carrera del cubano-mexicano José "Mantequilla" Nápoles, fulminó al francés Bouttier, el niño mimado de Francia y a Gratier Tonna. En ese ir y venir, conoció a la vedette Susana Giménez, 3 años mayor que él, y que se había hecho famosa por aparecer desnuda en un comercial de televisión. Lo cierto es que, como lo reconocería "El Cholo" muchos años después, la Giménez lo utilizó como un gancho publicitario para su carrera de actríz, en la que sólo sobresalió por los desnudos. Al comenzar la relación con Susana, los reclamos de la "Pelusa" no se hicieron esperar. El asunto estalló un noche, durante una cena en honor del campeón, cuando un comentario de su esposa desató la furia de Carlos, en un episodio en el que alcanzó a hacer dos disparos. Mucha gente se puso del lado de "Pelusa", pero los triunfos de Carlitos en el cuadrilátero hacían olvidar su disipada vida hogareña. Venció a Emille Griffih, el ídolo gringo; derrumbó a Benny Briscoe, el gigante calvo que siempre peleaba con la estrella de David bordada en su pantaloneta y quien perdió tambien frente al colombiano Rocky Valdés. Era un supercampeón que tenía tiempo hasta para dedicarse a filmar películas con su nueva esposa.

En 1976 apareció el último hombre que podía disputarle el título con buena opción y con el que se podía armar un verdadero espectáculo. Rodrigo "el Rocky" Valdés, un morocho cartagenero, se convirtió en el compañero de fórmula de Monzón. Valdés era campeón mundial por una de las asociaciones y la pelea que se celebró en Montecarlo, a mediados de ese año, iba a unificar el título. Fue una de las bolsas más grandes de su vida (US$250 mil para Monzón y US$60 mil para Valdés). Toda Europa estuvo pendiente del combate y en Colombia se recuerda cómo artistas de la talla de Omar Sheriff y Alain Delon animaban en ring-side a los boxeadores por los que habían hecho grandes apuestas. Monzón ganó esa pelea y un año después, en 1977, repitió en la pelea de revancha. Aunque Monzón dijo entonces que Valdés no había sido un rival digno, lo cierto es que el cartagenero fue el único que derribó al campeón-en el segundo combate-y sin él, Monzón no habría acumulado la fortuna que logró reunir. En agosto de 1977, en una cena en su honor que tuvo como invitado especial a Valdés, el invicto campeón anunció su retiro del boxeo. Ya por esa época la popularidad de Monzón estaba declinando, aunque su vida privada seguía siendo la misma. En varias oportunidades, la Giménez pasó días enteros con lentes oscuros para disimular los moretones que le había hecho el campeón. Había sido demandado por un mesero al que golpeó sin razón aparente y había destruido un bar en Santa Fe. Una vez retirado, Monzón se dedicó a los negocios de finca raíz, promoción de espectáculos deportivos y venta de carros.

Los escándalos con Susana siguieron hasta que se anunció el divorcio. La Giménez pasó al olvido y Carlitos consiguió nueva compañera: la bailarina Alicia Muñiz. Como ocurrió antes, Alicia también fue víctima de toda la gama de golpes que el "Cholo" aprendió en el gimnasio. El tercer matrimonio, del que quedó un hijo, fue tan efímero como los anteriores. En los últimos días, al parecer Alicia había estado de acuerdo en hacer un nuevo intento por arreglar las cosas, por lo que se planeó el viaje a Mar del Plata donde, según todos los indicios, nada se logró. Ahora Monzón, enyesado y arrenpentido, espera saber si el juez le otorga la libertad condicional mientras se desarrolla el juicio. Triste fin para un hombre que fue grande en el ring-su record de 14 defensas del título no pudo ser igualado ni siquiera por el "Maravilloso" Marvin Hagler-, pero al que la soberbia y la fama acabaron por ganarle la pelea de la vida por K.O. fulminante en el último asalto.

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