Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2003/05/12 00:00

Atrapado sin salida

Con el brazo aprisionado por una roca durante cinco días, un montañista tomó una decisión drástica para sobrevivir. Se lo amputó con su cuchillo.

Como cualquier escalador de alta montaña Aron Ralston había visto la muerte de cerca. En febrero, mientras escalaba y esquiaba con un grupo de amigos en un lugar conocido como El Paso de Tennessee, una avalancha de nieve lo aprisionó casi por completo. Gracias a que su cabeza quedó al descubierto uno de sus compañeros lo encontró y juntos pudieron rescatar a otro que permaneció enterrado por más de 15 minutos. Pero a Ralston lo esperaba una experiencia mucho más dramática. "Sé que hacer esto es innecesario, pero al mismo tiempo es absolutamente indispensable para mí", explicó en aquella ocasión al referirse a su profesión. Por eso siguió adelante como si nada hubiera pasado. Como tenía pensado escalar el Monte McKinley, en Alaska, próximamente, todos los fines de semana los dedicaba a su preparación. A sus 27 años Ralston había escalado 49 de los 59 picos más altos de Colorado a 4.270 metros sobre el nivel del mar y a finales del año pasado se había trasladado a Aspen y renunciado a su trabajo como ingeniero para poder dedicarse de tiempo completo a practicar ese deporte extremo. En la tarde del sábado 26 de abril tomó su bicicleta y llegó hasta el cañón Blue John, cerca del Parque Nacional Canyonlands, al sur de Utah, pues pensaba realizar un ascenso en solitario. Cuando se encontraba recorriendo un estrecho desfiladero una avalancha de rocas interrumpió su excursión. Una de 400 kilos aprisionó su brazo derecho y lo dejó atrapado. En ese momento, en medio de su dolor, recordó que había cometido un grave error: no contarles a sus padres ni a sus compañeros de trabajo del centro de montañismo Ute Mountaineering dónde iba a escalar. Fue entonces cuando cuatro opciones empezaron a rondar por su cabeza. La primera era esperar a que alguien lo rescatara, algo muy poco probable pues, aunque la zona es bastante concurrida, él había tomado la ruta más despejada. Por eso sus gritos de auxilio fueron en vano. Con el paso de los días se percató de la inviabilidad de su segunda y tercera opción: mover la roca o tratar de romper parte de la piedra. Con sus herramientas para escalar y sólo con su brazo izquierdo disponible improvisó una polea, pero no logró desplazar la piedra ni un centímetro. Su fuerza se había agotado. La cuarta opción, la más dolorosa, fue la que logró liberarlo y la llevó a cabo la mañana del jueves primero de mayo. Hacía dos días se había quedado sin agua y sabía que no tenía mucho tiempo. Por ello decidió que no tenía más remedio que cortar su brazo, justo debajo del codo, con un cuchillo que hacía parte de su equipo. Luego, a pesar de que casi se desmaya por el dolor y por la fuerte hemorragia que le produjo la improvisada cirugía, fue capaz de hacerse cuatro torniquetes con las sogas y de aplicarse los primeros auxilios con su botiquín para evitar una infección. Con su maleta se hizo un cabestrillo para sostener el brazo cercenado. Su proeza no tuvo límite: en esas condiciones instaló las anclas con las cuerdas y descendió cerca de 25 metros con un solo brazo. Cubierto de sangre, deshidratado, logró recorrer ocho kilómetros hasta el parque, donde a las 3 de la tarde dos excursionistas lo vieron y le hicieron señas a un helicóptero que realizaba el operativo de búsqueda. Compañeros de trabajo habían informado a la familia Ralston que Aron no había ido a trabajar y por ello el miércoles, después de informar a las autoridades, se iniciaron las labores de búsqueda. El día anterior su madre, con la ayuda de un amigo del joven, logró entrar a su correo electrónico y así descubrieron dónde había ido. Los rescatistas lo mantuvieron despierto durante los 12 minutos que duró el vuelo hasta que llegaron al hospital. Su estado era crítico pues la herida se infectó. Sin embargo, gracias a la oportuna atención, hoy está saliendo adelante. Los médicos le practicaron una cirugía para reducir uno de los huesos de su brazo y lograr que en el futuro pueda usar una prótesis para que algún día pueda terminar la hazaña que emprendió ese sábado fatídico. Sin duda a las cuatro alternativas en algún momento pudo sumarse una quinta: la muerte. Pero fue como su padre, Larry Ralston, explicó: "Esa no estaba en su lista".

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