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| 1/12/2013 12:00:00 AM

Aventura polar

Hace un siglo, Ernest Shackleton se convirtió en un héroe al sobrevivir año y medio perdido en la Antártida. Hoy, un grupo de exploradores quiere repetir su hazaña usando el mismo equipo rudimentario del irlandés.

Cuando el capitán Ernest Shackleton vio cómo el hielo se tragaba su barco, el Endurance, de inmediato ordenó a su tripulación abandonar la nave. Habían zarpado de la desértica isla de Georgia del Sur con el objetivo de cruzar a pie la Antártida, pero la temperatura bajó tanto que el agua se congeló y dejó atrapado al barco en el Mar de Weddell. Allí permanecieron refugiados diez meses hasta que las pesadas capas de hielo aprisionaron el armazón del Endurance. En ese momento Shackleton supo que debía renunciar a su sueño para salvar a sus 27 hombres, así que improvisó un campamento sobre la superficie helada a la espera de que el clima mejorara.

Para sobrevivir a la intemperie los marineros tuvieron que sacrificar los perros siberianos y comer carne de pingüino. Cuatro meses después, las placas empezaron a derretirse y eso les permitió regresar a bordo de tres botes salvavidas. Sin embargo, las fuertes corrientes los llevaron a las deshabitadas costas de la isla Elefante, donde comenzó su verdadero viacrucis. Como las probabilidades de que algún barco pasara eran nulas, Shackleton y otros cinco hombres se aventuraron en el bote James Caird rumbo a Georgia del Sur, su punto de partida, en busca de ayuda.

El grupo tardó 16 días en recorrer las 800 millas náuticas (unos 1.300 kilómetros) que hay entre una isla y otra. Durante ese tiempo, sortearon olas de más de 15 metros y cuando por fin desembarcaron se encontraron con otro problema: para llegar al pueblo de pescadores más cercano debían caminar 35 kilómetros de montañas. Aunque Shackleton ya conocía el frío polar, pues había participado en dos travesías, esta vez el reto era mayor dado que las provisiones escaseaban. Los seis expedicionarios no se rindieron y, sin comida ni equipo de montañismo, encontraron el puerto. Meses después, el irlandés convertido en héroe regresó a la isla Elefante a rescatar al resto de sus compañeros.

Desde entonces, su nombre hace parte del top de aventureros más admirados de la historia, pese a que nunca puso un pie sobre el continente blanco. Es tal su popularidad que, cuando está a punto de cumplirse un siglo de su hazaña, un grupo de exploradores quiere repetirla. Su líder, el británico-australiano Tim Jarvis, emprendió la travesía el pasado 3 de enero junto a cinco experimentados navegantes y un camarógrafo. Su meta es hacer el recorrido que Shackleton y sus hombres trazaron desde la isla Elefante hasta Georgia del Sur, y una vez allí, cruzar a pie los 35 kilómetros que los separan del muelle. Aunque el viaje es mucho más corto que el original, las dificultades no son menores.

El bote de Jarvis es una réplica exacta del James Caird y transporta los mismos suministros de hace 100 años, como cajas de té, galletas marca Plasmon y un concentrado de carne seca y bayas disecadas, muy útil por su alto contenido calórico. Además, los marineros deben orientarse con los instrumentos de navegación de la época (nada de GPS), dormir en sacos hechos con piel de reno y, lo peor de todo, usar la ropa de los antiguos exploradores. Lo único moderno que llevan son radios y un botiquín de emergencia como lo establece la Organización Marítima Internacional. Un buque también los acompañará a lo largo de todo el trayecto.

Ya varios habían intentado seguirle los pasos al irlandés, pero esta es la primera vez que sus descendientes apoyan una empresa tan arriesgada. Alexandra Shackleton, nieta del explorador, le dio el visto bueno a la iniciativa porque, según ella, Jarvis tiene las credenciales suficientes para lograrlo. En efecto, el aventurero de 46 años no solo ostenta el récord de ser la persona que ha llegado al Polo Sur sin ayuda y en el menor tiempo, sino que se atrevió a imitar la travesía de 1912 del geólogo Douglas Mawson, calificada como la peor jamás realizada al corazón de la Antártida. En esa ocasión, Jarvis recorrió 500 kilómetros mientras tiraba de un trineo lleno de suministros y se alimentó con las mismas raciones que mantuvieron con vida al científico.

Con esos antecedentes, la nueva aventura bien podría ser una más en su largo historial de proezas. Pero Jarvis sabe que el mar de Weddell es de temer aún en verano, sobre todo porque su bote no tiene quilla. Los riesgos de chocar contra un iceberg son altos y como la chalupa es tan pequeña (solo mide siete metros) la tripulación difícilmente se puede resguardar de los peligros.

Durante estos días, los expedicionarios apenas se están familiarizando con el terreno y se espera que el 17 de enero zarpen de isla Elefante. La idea es que a mediados de febrero lleguen a la tumba de Shackleton, situada en Georgia del Sur, donde fue enterrado en 1922. “Si tenemos éxito no podremos decir que hicimos lo mismo que él y su equipo, ya que nuestras posibilidades de ser rescatados son mejores que las de ellos –escribió Jarvis en su blog poco antes de partir–. Sin embargo, estaremos lo más cerca posible de su hazaña”.
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