Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/08/12 00:00

Bajo los escombros

Un colombiano es el protagonista de la nueva cinta de Oliver Stone. Se trata de Will Jimeno, un policía que quedó aprisionado en las Torres Gemelas y que logró sobrevivir para contar su historia.

Aunque Will Jimeno creció en Estados Unidos, recuerda con cariño Barranquilla, su ciudad natal

Aunque la esperanza de que alguien lo rescatara de aquella tumba de escombros no se había ido del todo, William Jimeno prefirió hacer las paces con Dios. Después de persignarse con su mano hinchada, le agradeció por sus 33 maravillosos años de vida y por haberle permitido convertirse en oficial de Policía. "Si tengo que morir aquí, mientras trataba de salvar a otras personas está bien. Mi familia estará orgullosa de mí", pensaba. Y le pidió que cuidara a su esposa Allison, y a sus hijas Bianca y Olivia. Lo que más le dolía era no tener la oportunidad de sostener a esta última en sus brazos pues apenas estaba por nacer.

Sin embargo, su temor no se hizo realidad y después de 13 horas de padecimientos bajo las ruinas de las Torres Gemelas, hoy puede contar su historia: la de un barranquillero criado en Nueva Jersey, que decidió hacer parte de la Policía de Puertos de Nueva York, que vio de frente la muerte en los atentados del 11 de septiembre y que es protagonista de la más reciente película de Oliver Stone. World Trade Center, cuyo estreno fue la semana pasada, un mes antes de que se conmemoren los cinco años del episodio, narra la tragedia de este colombiano, interpretado por el actor latino Michael Peña, y la de su superior, el sargento John McLoughlin, encarnado por Nicolas Cage.

Era una soleada mañana de septiembre, sin una nube en el cielo, hasta que una sombra apareció sobre Manhattan. "¿Qué es esto, ¿un avión volando bajo?", se preguntó Jimeno, quien se encontraba haciendo su trabajo cotidiano de sacar a prostitutas y mendigos de la terminal de buses. Cuando a las 8:45 de la mañana, el Boeing 767 se estrelló contra la primera torre, lo primero que hizo fue llamar a su esposa, como solía hacerlo cuando había un tiroteo o una persecución peligrosa, para avisarle que estaba a salvo. Lo siguiente fue presentarse en el cuartel general donde McLoughlin se preparaba para conformar un escuadrón de rescate. Nadie mejor preparado que este sargento que había ayudado a diseñar el sistema de seguridad del WTC luego del primer atentado, en 1993.

En enero de 2001 Jimeno, después de seis años de esfuerzos para que lo aceptaran, se había graduado de la academia, en una ceremonia que curiosamente se realizó en el lugar que luego se conocería como la Zona Cero. "Siempre me había preguntado exactamente cómo iba a reaccionar cuando tuviera mi primera emergencia", cuenta en la página web de la Port Authority Police Benevolent Association. Por eso fue uno de los primeros en ofrecer su ayuda, junto a su amigo Dominick Pezzullo. La segunda llamada a su esposa no fue como las habituales. "Tengo que ir", le dijo, y colgó rápidamente.

Mientras se dirigían al lugar, se estrelló el segundo avión. Ninguno de sus entrenamientos lo habían preparado para la escena que vio al llegar: un hombre, como muchos otros, saltó desesperado de una de las torres frente a sus ojos. "Desapareció detrás de un edificio, y supe que se había ido. Era el padre de alguien, el hijo de alguien. Pese al escalofrío que recorrió su cuerpo, estaba preparado para proteger y servir a los demás. Mi meta era muy simple, subir y cargar a alguien, sacarlo y hacerlo de nuevo. Apuesto que eso era lo que pensaban mis otros cuatro compañeros".

Tan pronto alcanzaron la entrada de la torre sur, el piso empezó a temblar y el techo colapsó. Era la primera edificación que se desplomaba. Jimeno vio una gigantesca bola de fuego y se encontró de un momento a otro enterrado, al igual que McLoughlin, entre hierros retorcidos y escombros, en medio de polvo y humo. Sus piernas estaban aprisionadas y el dolor era intenso. Empezó a llamar a sus amigos pero sólo el sargento y Pezzullo respondieron. "Creo que los otros están en un lugar mejor", dijo este último.

Como Pezzullo era el único de los tres que podía moverse, trató en vano de rescatar a Jimeno, quien, por su parte, usaba sus esposas y hasta su pistola para tratar de liberarse de las ruinas. Su amigo siguió intentándolo hasta que el suelo volvió a estremecerse con la caída de la segunda torre. "Will, nunca olvides que intenté salvarlos", fueron las últimas palabras de Pezzullo, como recuerda Jimeno en su autobiografía. Luego sacó su arma e hizo un disparo a uno de los pocos espacios donde se filtraba la luz del exterior, como pidiendo auxilio. Un gran bloque de concreto lo había golpeado enterrándolo en el abismo de escombros.

A pesar de la tristeza y el dolor por la muerte de su compañero, Will no estaba dispuesto a dejarse vencer. Por eso, conservó el optimismo hasta el último momento: "Nos alimentábamos mutuamente, manteniendo nuestras mentes ocupadas hablando acerca de nuestras familias. Yo le contaba a John historias sobre Allison, mi niña y la bebé en camino, y él me relató cosas de su esposa y cuatro hijos", añade Jimeno. En esas estaban cuando tres sargentos de marina los encontraron a más de seis metros bajo tierra. Ni siquiera tres meses de hospitalización y alrededor de 20 operaciones lograron desaparecer las huellas físicas del atentado porque Jimeno aún camina con un refuerzo ortopédico. Por su parte, las heridas del alma son imposibles de borrar. Pero también lo es la amistad que ambos forjaron en esas fatídicas horas.

Tanto Jimeno como McLoughlin participaron de cerca en la elaboración de la película al narrarle a Stone hasta el más mínimo detalle de su pesadilla. Por ello, esta es la primera cinta que describe desde adentro la valentía de los policías y bomberos que arriesgaron y entregaron sus vidas para salvar las de otros. A diferencia de muchas de las anteriores producciones del director, ésta no pretende mostrar una línea política. Según Newsweek, para Stone el fin de World Trade Center es hacer evidente la pregunta "¿qué es lo que nos mantiene vivos?"

Michael Peña convivió durante una semana con la familia Jimeno en su casa en Clifton, Nueva Jersey, para conocer más de cerca los sentimientos de su personaje. Y ahí, con Allison y sus dos pequeñas, encontró la respuesta.

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