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| 5/23/2015 11:00:00 AM

Beatifican a monseñor Romero, mártir de una Iglesia cercana a los pobres

El recordado religioso salvadoreño, que trabajó por la justicia social y el fin de la represión en su país, fue asesinado mientras oficiaba una misa.

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AFP
Millares de fieles procedentes de todo el mundo se congregaron este sábado en la capital salvadoreña, bajo un sol ardiente, para celebrar la beatificación del asesinado arzobispo Óscar Arnulfo Romero, propuesto por el papa Francisco como modelo de una Iglesia más cercana a los pobres.

La ceremonia presidida por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos y enviado especial del Papa, tendrá la presencia de delegaciones de 57 países. El gobierno prevé que llegaran unas 280.000 personas.

Desde horas de la madrugada, columnas de personas vistiendo camisetas con la imagen de Romero avanzaban hacia la Plaza Salvador del Mundo, en el este de San Salvador, donde se levantaron tarimas e instalaron pantallas gigantes y sistemas de sonido para la fiesta popular de la elevación del arzobispo a los altares.

Otros pasaron la noche en una vigilia inaugurada la víspera por el cardenal de Honduras Óscar Rodríguez Maradiaga en el entorno de la plaza, desafiando la lluvia que cayó intermitentemente.

El Guatemalteco Warner Castellanos pernoctó con un grupo de compatriotas cerca de la plaza para no perder las incidencias de la ceremonia.

"Monseñor Romero es un pastor para nosotros en Guatemala también, yo quiero pedirle que no se olvide de mi país, que nos ayude a salir de tantas dificultades que tenemos con la corrupción y la violencia", comentó el joven estudiante.

A su espalda, un grupo de entonaba cantos religiosos mientras otros gritaban consignas como "Viva nuestro pastor".

Una muerte impune

Dos jóvenes de rostro cubierto llegaron a la conmemoración con una manta que decía "el asesino tiene nombre: Roberto d'Aubuisson", una referencia al fallecido exmayor del ejército y figura de la derecha salvadoreña, señalado en un informe de la ONU en 1993 como autor intelecual del asesinato de Romero.

El entonces arzobispo murió de un disparo en el pecho el 24 de marzo de 1980 a manos de un francotirador de la ultraderecha, después de clamar por justicia social y el fin de la represión en su país.

El asesinato desató una guerra civil de 12 años que dejó 75.000 muertos.

Su muerte fue considerada por el Vaticano como un "martirio por odio a la fe", lo que allanó el camino para su beatificación. Nadie ha sido sancionado por el magnicidio.

Sorprendentemente, la derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), partido fundado por d'Aubuisson que en que en sus 20 años de gobierno (1989-2009) mantuvo a Romero relegado al olvido, publicó este sábado un anuncio de una página entera en los diarios con la leyenda "nos unimos a la celebración de la Iglesia católica en la Beatificación de Monseñor Romero, compartiendo su mensaje de reconciiliación y defensa de la vida para que los salvadoreños vivamos como hermanos".

"Ayer lloramos tu asesinato, hoy también venimos llorando pero de júbilo, paz y alegría. Hoy se te hace justicia pastor amado. Viva San Romero de América", se leía en una pancarta sostenida por Roberto Campos, de 46 años, quien con una delegación de 500 personas llegó desde Lourdes, 20 km al oeste de San Salvador.

En un lugar preferente frente a la tarima de la ceremonia, Gaspar Romero,  hermano menor del extinto arzobispo, encabezaba a cerca de un centenar de miembros de la familia que eran testigos del evento.

"Nosotros como familiares nos sentimos honrados por ese regalo que nos ha dado nuestro señor a través del Papa (Francisco), que tenemos en la familia a un santo que todo el mundo ya bautizó como San Romero de América", declaró Gaspar, de 85 años.

A la celebración también llegaron delegaciones oficiales de varios países latinoamericanos, incluyendo los presidentes Rafael Correa, de Ecuador, y Juan Carlos Varela, de Panamá.

Cardenales y obispos del mundo entero estaban presentes en El Salvador para participar de la fiesta de la beatificación que se aceleró notablemente tras la llegada de Francisco al papado.

La beatificación es significativa para los sectores comprometidos en América Latina con la llamada Teología de la Liberación, que durante el papado de Juan Pablo II fue celosamente llamada al orden desde El Vaticano que veía con recelo los tintes marxistas de esa concepción del catolicismo nacida en los años setenta.

"Con esa beatificación Francisco muestra que es particularmente sensible a los sufrimientos que América Latina ha vivido bajo dictaduras y conflictos, que es sensible al dolor y al martirio que Romero padeció", sostuvo a la AFP Marco Politi, biógrafo del papa.
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