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| 6/22/1987 12:00:00 AM

BELLA DE DIA

Biografía de Grace Kelly recuerda que la princesa no siempre fue una santa

Han pasado casi cuatro años desde que la princesa Grace de Mónaco falleció en circunstancias rodeadas de misterio, dejando al mundo entero en esa especie de incredulidad que es el rescoldo de la existencia de las personas que han accedido a la categoría de mito. Su vida entera se había convertido en el espejo de los sueños de millares de jovencitas en todo el mundo, para quienes la historia maravillosa de una joven bella y distinguida que, después de obtener a su antojo el éxito más rutilante en la pantalla del cine, se había casado, como en un cuento de hadas, con un príncipe encantado de una pequeña pero hermosa región de la Europa continental, era más de lo que nadie podía soñar.
El examen detallado que se ha hecho ahora de las circunstancias de la vida de Grace revela, a través de una biografía publicada por el escritor norteamericano James Spada hace pocos meses, que detrás de las apariencias, de trigo y miel, se escondía una existencia atormentada que transcurrió bajo las más grandes presiones y amenazada constantemente por el fantasma del escándalo.
La vida de Grace Kelly fue el fiel reflejo de lo que había experimentado en un ambiente familiar donde la apariencia primaba sobre la realidad. Los ímpetus de escalador social de su padre se tradujeron sobre Grace en una infancia hambrienta de cariño. En Hollywood, su imagen sería la de una joven aseñorada que nunca salía con hombres a no ser con la compañía de su hermana casada como chaperona, mientras su vida sentimental era absolutamente todo lo contrario. Su compromiso con el príncipe Rainiero de Mónaco se presentó al mundo como una historia de fantasía, cuando en realidad el amor a primera vista se había visto remplazado por una serie de dispendiosas negociaciones económicas e intrigas palaciegas que incluyeron hasta la práctica de exámenes médicos que certificaran la fertilidad del proyecto de princesa. Su vida fue a partir de entonces una lucha constante por mantener alejados del público sus esfuerzos sobrehumanos por ser aceptada por la encopetada familia de su marido y por obtener el favor de sus súbditos, así como la inmensa soledad de su confinamiento en el principado de Mónaco, la rebelión posterior de sus hijas, sus dificultades maritales y su problema con la bebida.
En la vida de Grace Kelly, un patrón dominante se establece rápidamente: una extraordinaria dicotomía. Si bien ella tuvo éxito en proyectar la imagen de lo que en el fondo era su personalidad, siempre la persiguió la brecha entre lo que Grace quería para sí misma y lo que tuvo por fuerza que aceptar sobre su destino, entre lo que quería ser y lo que se esperaba de ella.

FAMILIA DE ATLETAS
La familia de Grace estaba compuesta, además de sus padres, Jack y Margaret Kelly, por cuatro hijos: Peggy, nacida en 1925; John Jr., en 1927; Grace, en 1929, y Elizabeth, que vino al mundo en 1933. Una familia acomodada, que vivía de la industria del padre, una fábrica de ladrillos. De todos sus hijos, a la que Jack Kelly entendía y apreciaba menos era precisamente a Grace. Un deportista consumado, gozaba intensamente con las habilidades que en ese sentido le habían heredado todos sus hijos, con excepción de Grace, quien parecía más bien una niña enfermiza. Jack llegaría a comentarle a un amigo: "Nosotros somos una familia muy atlélica, muy buenos deportistas, y esa niña escasamente puede caminar ".
La mayoría de las motivaciones posteriores de la vida de Grace serían determinadas por una profunda necesidad de ser reconocida y amada por su padre, pero parecia que nada de lo que ella hiciera podría impresionarlo. Aun ganar el Oscar, no fue suficiente. Con ocasión de la entrega del premio a su hija, Jack Kelly dijo a los reporteros: "Yo siempre créí que (el éxito) lo tendría Peggy. ¿Cómo pueden explicarse estas cosas?".
Las aficiones teatrales de Grace se remontan a sus años infantiles, pero fue su tio George Kelly, dramaturgo él mismo, quien las patrocinó hasta influir en la Academia Americana de Arte Dramático para que fuera recibida. Se afirma, sin embargo, que la influencia de su tío no fue la única razón de su admisión, pues sus maneras de dama y su figura realmente llamativa, combinados con sus especiales aptitudes, hicieron el resto.
Su traslado a Nueva York solo fue admitido por sus padres con la condición de que se estableciera en el elegante Hotel Barbizon para señoritas, según ellos, el único lugar digno de ella en la Babel de cemento. Poco tiempo antes de su llegada a esa ciudad, y a la edad de 18 años, Grace perdio su virginidad con un hombre varios años mayor que ella y, por añadidura, casado, circunstancias que se repetirían constantemente a lo largo de su vida. Ella misma describió ese primer encuentro con la sexualidad, asi, en una carta a una amiga suya: "Todo sucedió muy rápido. Yo llegué inesperadamente a la casa de una amiga casada--recuerdo que estaba lloviendo--y su esposo me dijo que ella no regresaría hasta muy tarde. Me quedé a charlar con él, y antes de que me diera cuenta, estábamos juntos en la cama".

RUMBO A LA ACADEMIA
La iniciación de clases en la Academia le trajo una nueva sorpresa a la señorita Kelly: precisamente el primer día conoció a Herb Miller, de quien se enamoró inmediatamente. Corría el año de 1947, y la sexualidad recientemente despertada de Grace empezaba a tomar forma. Sus amores, sin embargo, jamás fueron descubiertos aun a despecho de la adustez del Barbizon, tal vez porque la figura distinguida de la Kelly, su porte real, hacían un juego tan perfecto con la fachada victoriana del edificio que las apariencias tenían que decirlo todo. Mientras en su dedicación al estudio lograba mejorar lo que parecia el único obstáculo de su carrera --su pronunciación nasal y un tono de voz demasiado agudo--comenzó a trabajar como modelo publicitaria, en la portada de la revista Redbook, a la que seguirían Cosmopolitan y Ladies' Home Journal. Es la época en que según recuerda Miller, Grace solía bailar desnuda en los corredores del hotel, para saltar de nuevo a su habitación cuando se acercaba el ascensor.
Su vida con los demás estudiantes, sin embargo, no se caracterizaba por la popularidad. Su apariencia, fría y distante, no le acarreaba mayores simpatías. Ese fue, sin embargo, el ambiente en que conoció a su siguiente fiancée, el instructor Don Richardson, en ese entonces de veintisiete años, y recién separado de su esposa. Ese si fue el primero de una serie que resultaría larga de relaciones amorosas con hombres mayores que ella, un patrón que se repetiría prácticamente toda su vida. Recuerda Richardson que "su apariencia pública era tan diferente de su ser privado, que el resultado erafenomenal. Ella era tan ponderada, que la gente pensaba en ella como en una monja. Pero, cuando estábamos solos, solía bailar desnuda para mí al son de música hawaiana. Si no se piensa que eso era una vision incréíble, uno debe estar loco". El asunto terminó mal, con la esposa de Richardson demandando el divorcio y los padres de Grace en estado de frenesí. Los separaron, y pronto Grace se graduó en la Academia. Sin embargo, se siguieron viendo furtivamente por tres o cuatro años hasta que Richardson descubrió que Grace se habia hecho amante, al menos momentáneamente, del Alí Khan.
Sin embargo Richardson y Kelly continuaron siendo amigos toda su vida. El recuerdo del primero es diciente: "No es que fuera ninfomaniaca. Ella tenía un objetivo, y si para llegar a él tenía que hacer el amor con todo el mundo, estaba dispuesta a hacerlo. Por otra parte, tenía una constante necesidad de reafirmar su propia existencia, una necesidad tremenda de afecto, como resultado de su situación familiar. La afligía una terrible sensación de soledad y vacío y el sexo era su forma de aliviarlas".
Con su título debajo del brazo, Grace comenzo a buscar un lugar en el mundo del espectáculo y, por fin, hizo su debut en un teatro provinciano pero prestigioso en New Hope, Pensilvania. La obra era precisamente de su tio "Los portadores de antorchas". Algún tiempo más tarde, realizaría su sueño de entrar al mundillo de Broadway, en la obra de August Strindbeg "El padre", con Raymond Massey. Sería la primera y última vez que actuaria en Broadway por varios años, para dedicarse a una actividad que entonces, los primeros años cincuenta, entraba en furor: los dramatizados vivos en televisión. Después, luego de varias alternativas, conoció en Denver, Colorado, a donde había llegado por una invitación para actuar una temporada de verano, a su nuevo amor: el actor Gene Lyons.
Se trataba de un irlandés con un carisma semejante al de Marlon Brando, que parecía destinado a una carrera exitosa que nunca llegó. Diez años mayor que ella, su relación se profundizó al punto en que Grace se sintió obligada a informar a sus padres. De nuevo, se daba la circunstancia de que Lyons estaba en proceso de divorciarse de su esposa. Se trataba de un hombre de un atractivo fundado tal vez en cierta fragilidad, que, por otra parte, le llevaría a un problema de alcoholismo que acabó por echar a perder el romance. La pareja se presentó en un drama televisivo titulado "El niño rico", en el que una mujer joven deja a su amor por los problemas de él con la bebida. Se trataba claramente de uno de esos casos en que el arte imita a la vida. A pesar de que continuó viéndose con Lyons por un año más, Grace abandonó todos sus planes de casarse con él.
Llega entonces para Grace la oportunidad de su vida, al ser escogida para coprotagonizar High Noon, nada menos que con Gary Cooper. Su etapa en Hollywood está a punto de empezar.

RUMBO AL ESTRELLATO
Esa película fue la primera en una largá serie de éxitos en los cuales Grace alternaría cón lo más granado de la farándula cinematográfica de la época, algo que no tenía precedentes tratándose de una hgura nueva y casi sin ninguna experiencia previa. Allí, el primer amor que atacaría el corazón de Grace sería precisamente Gary Cooper, un hombre mucho mayor. Pronto, la pareja estaría en boca de todas las revistas de chismografía de artistas. Cooper representaba una especie de hombre ideal para Kelly, pero, como sucedería tantas veces a lo largo de su vida, el cuento llegó a los oídos de sus padres en Filadelfia, lo que motivó que la madre de Grace viajara de inmediato a chaperonear a su hija. Gary Cooper, como tantos otros, no era solamente demasiado viejo para Grace, sino también demasiado casado.
High Noon fue un éxito artístico y comercial y, a pesar de algunas críticas adversas, abrió el camino del estrellato definitivo para Grace. Fue llamada para trabajar al lado de Clark Gable y Ava Gardner en "Mogambo", por el director John Ford. Ello le significó la firma de un contrato de exclusividad con la Metro Goldwin Meyer que habría hecho la boca agua a cualquier actriz experimentada. Sin embargo, lo que le contó a su madre al enterarla de lo sucedido era más bien intrigante: "Adivina qué voy a hacer ahora: ¡voy al Africa, con Clark Gable!".
A pesar de las advertencias de su madre, para quien la compañía del galán no resultaba en absoluto conveniente para su hijita, esta finalmente viajó al continente negro y pasó lo que tenía que pasar. Grace se enamoró de Gable, aunque los indicios parecen indicar que Gable no le correspondió y que, de todas maneras, se trató de una relación eminentemente espiritual y no física. Gable estaba aún bajo el influjo de su tragedia con Carole Lombard, y, a los cincuenta y un anos, parecía demasiado lejano y aficionado a la bebida como para interesarse en una muchachita como la Kelly. De todas maneras, al final de la filmación, había nacido una amistad que se prolongaría hasta la muerte de Gable, en 1960.
En el otoño de 1953, Alfred Hitchcock conoció a Grace. Aunque no le habían impresionado las actuaciones de la Kelly, su entrevista personal le dejó profundamente impresionado. Su dicotomía, que se hizo evidente para él desde un comienzo, le fascinó. Más tarde afirmaría: "Una actriz como Grace que también es una dama, le da al director ciertas ventajas, pues le permite darse el lujo de ser más "colorido" con una escena de amor que si la representa una mujer cualquiera. Con una cualquiera tal escena puede ser vulgar, pero con una dama, en las mismas circunstancias, el resultado es excitante y glamoroso".
La primera película con Hitchcock (Rear Window), al lado de Ray Milland, aprovechó esa especial característica de la personalidad de Grace. Pronto se haría evidente que el viejo maestro del suspenso se estaba enamorando de ella. Su amor reverencial le llevaría a realizar todas las siguientes películas de su producción con el concurso de Kelly como estrella. El enredo sentimental, sin embargo, no acechaba a Grace por los lados de su amante secreto, sino desde otro ángulo mucho más lógico: su coprotagonista Ray Milland, un galán atractivo que llenaba, debido al extraño sino de la actriz, las características tantas veces repetidas: cuarenta y nueve anos y una esposa.
Esta vez el escándalo llegó a extremos insospechados. Milland y su esposa se separaron, y él y Grace anidaron en un pequeño apartamento que él tomó en Hollywood. La sociedad tenía a la pareja de Milland y su esposa como una de las más estables del medio, y rechazó el romance casi unánimemente. Milland pronto se dio cuenta de lo impráctico que resultaba divorciarse de su mujer, mientras Grace recibia la ya usual y angustiada presión de su familia. Sin embargo, un ingrediente nuevo añadia dramatismo a la escena: Metro Goldwin Meyer, por primera vez, dejó sentir su preocupación por el daño que los repetidos escándalos de Grace podían causar a su promisoria carrera, y por los costos que tenían que asumir para mantener a la prensa alejada de todo ello. La reputacion de Grace, al menos en los medios de la meca del cine, bajó al nivel de una mujer fácil. Una reputación que solamente el encanto misterioso de Grace podía superar, como en efecto lo hizo. Sus amigos, entre los que se contaba Hitchcock, la rodearon de un afecto que ayudó a reconstruir la imagen de una hermosa y joven muchacha que, si bien era demasiado apasionada para renunciar a sus romances, siempre estaba motivada por buenas intenciones. Trabajó intensamente con Hitchcock, lo que ayudó sin duda a la creación de una imagen cinematográfica. Para el final de 1954, Grace Kelly era la figura número uno del cine norteamericano, una sensación mundial.
La historia sentimental de Grace Kelly no pararía allí. Pronto aparecerían en escena, uno detrás del otro, dos de los idolos norteamericanos de todos los tiempos. Primero fue Bing Crosby, quien, desde mediados de 1952, sostenía una relación tórrida con Grace mientras su esposa se debatía entre la vida y la muerte, víctima del cáncer. El amor de Bing por Grace le duró toda la vida, tanto que en 1978 la viuda de Crosby, su segunda esposa, le pidió a Grace aparecer en un homenaje póstumo presentado en televisión, lo que Grace efectivamente hizo. Holden, por su parte, había caído enamorado de Grace a partir de la filmación de "Los puentes de Iokoro", y no tardó en buscar de nuevo los favores de su amada una vez se enteró que Crosby había salido del panorama. Holden, dieciséis años mayor que Grace, fue uno de los amores que más produjo frustración y angustia en la vida de Grace, pero, en este caso, lo que se les atravesó en el camino era un obstáculo distinto: habiendo ya obtenido Holden el divorcio, ello no era suficiente como para que la Iglesia Católica, a la que Grace pertenecía, aceptara la boda; pero si Holden abrazaba la fe, se consideraria que su anterior matrimonio no tenía validez. Holden rechazó la posibilidad, dejando a Grace en un estado que la puso al borde del colapso. Se trátaba de la máxima humillación.
Ya solamente la separaba de su destino final un romance notorio, también fracasado por el mismo tipo de circunstancias que habían hecho de la vida de Grace Kelly una especie de infierno de satín. Se involucró con el playboy internacional Oleg Cassini, un diseñador de modas quien, como siempre, levantó las airadas protestas de sus padres, según lo recuerda su hermana Lizanne. No solamente Cassini no era norteamericano, sino que era judio y ruso de nacimiento. Las iras de su padre se triplicaron. La última película de Kelly con Hitchcock, "Para atrapar un ladrón", se acababa de realizar en la Riviera Francesa, y allí se había conocido con él playboy. Un discreto pero profundo romance con Cary Grant, que resultaría en una amistad para toda la vida, acababa de terminar. Cassini no mejoró el panorama, y Grace se sumió, de nuevo, en la soledad y la depresión.


POR FIN EL PRINCIPE
Entre 1954 y 1955, Grace tomó un descanso que se prolongó por seis meses. De allí solamente salió para atender un compromisó comercial que cambiaría definitivamente su vida: asistiría al Festival de Cannes, en representación de Estados Unidos y, con toda seguridad, para convertirse en el centro mismo de la atención del mundo. Lo que vino después, su encuentro con el príncipe Rainiero de Mónaco, no fue fortuito, como quisieran tantas damas románticas. La idea fue del editor de cine de la revista Paris-Match, Pierre Galante. El propósito publicitario era evidente, y hacía que la presencia de Grace en Cannes se justificara como noticia por sí misma. Las expectativas de matrimonio del principe, entonces, a los treinta y dos años, el soltero más codiciado del mundo, eran objeto de la más grande expectativa alrededor del mundo. El plato estaba dispuesto.
Galante no solo dispuso la presentación de los dos personajes, sino que se las arregló para que Grace visitara a Rainiero en su palacio de Mónaco. Las hordas de fotógrafos eran impresionantes. El encuentro, como es de suponerse, impresionó a ambos favorablemente.
Faltaba, sin embargo, un último escándalo, del que se encargaría la prensa francesa. Un romance secreto, que había sostenido Kelly el año anterior con el astro francés Jean Pierre Aumont, se habia descubierto por virtud de unas fotografías tomadas con cámara escondida.
La relación entre Grace y Rainiero empezó en el más puro estilo de la realeza europea, con la intervención de un tercero, un sacerdote, que comunicó a la familia de Grace, en forma eufemistica, el interés del príncipe por la reina del cine. La situación derivó pronto en un cruce de correspondencia cada vez más personal, y se multiplicaron sus conversaciones telefónicas. En diciembre de 1955, Rainiero viajó a Estados Unidos, donde consideró que su romance podria tener un desarrollo más cómodo, acompañado por su amigo el padre Tucker y su médico personal, cuya misión, créase o no, era asegurarse de que Grace era fértil.
Su encuentro tuvo las características de una reunión familiar. con ambas partes asumiendo su papel con discreción y elegancia, y con la atracción mutua creciendo constantemente. Sin embargo, las diferencias culturales evidentes entre una monarquía centenaria como la de Mónaco y un país como Estados Unidos representarían dificultades embarazosas, por decir lo menos. Rainiero, para conservar la independencia de su principado, debería tener descendencia, y por ello Grace debió someterse, una vez que se habló de boda, a pruebas ginecológicas que aseguraran, contra toda duda, su fertilidad. Su problema no era ese, sino mantener su imagen de virgen en la que aparentemente creía Rainiero. Siguieron, como es de suponerse, dias de tremenda angustia para Grace, hasta cuando los exámenes dictaminaron que podria tener con Rainiero cuantos hijos quisiera.
Pero una dificultad más esperaba al proyectado matrimonio. Los funcionarios del principado habían anunciado perentoriamente a Jack Kelly que la boda no podría realizarse sin el pago de una dote que estimaban en dos millones de dólares. Si la necesidad del examen de fertilidad era difícil de entender para los norteamericanos, esta exigencia era poco menos que incomprensible. Tras complicadas negociaciones, y motivado por su incesante necesidad de reconocimiento social, Jack Kelly aceptó pagar la dote, no sin antes asegurarse no solamente de que se trataba de una costumbre antigua tanto en Europa como en el estrato social de Rainiero, sino de que con la transacción no se llenarian necesidades apremiantes del principe en materia financiera. Es decir, que él no era la tabla de salvación de un distinguido pero quebrado principe europeo.
Lo que vino después revistió todas las características de un cuento de hadas, aunque la realidad más profunda distaba mucho de ser eso. Como recuerda Oleg Cassini, "Ella (Grace) me habló en esa época sobre el príncipe Rainiero, y sobre cómo casarse con él era la solución para su vida. Al casarse con él ella satisfacía a un gran grupo de personas que tenían poder sobre ella--su familia, las autoridades eclesiásticas... Grace sacrificó todo por el establecimiento".
Los años que siguieron al matrimonio principesco significaron para Grace el sacrificio de todo lo que hasta entonces había tenido significado en su vida, los principios que le habian dado valor a su existencia, y principalmente, el abandono de una carrera que quedó trunca en un momento inigualable. Y por la cual siempre sintió nostalgia. Por lo que parece, además, la vida marital con el principe no fue un jardín de rosas, aunque tampoco se pueda hablar de un matrimonio infeliz. Ultimamente, sus sufrimientos se debieron a las repetidas dificultades que tuvo con su hija mayor, Carolina, cuyo comportamiento en materia sentimental debieron traerle recuerdos no siempre gratos. El final de su vida,su deceso, que algunos consideran un suicidio, no contribuyó en nada a disipar la leyenda negra que se teje, cada vez con más insistencia, sobre quien alguna vez fuera considerada la "chica más feliz del mundo" .
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