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| 5/3/2014 3:00:00 AM

Magnate en apuros

Los líos judiciales de Bernie Ecclestone, el patrón de la Fórmula 1, amenazan con alejarlo del millonario imperio deportivo que creó hace décadas. Pocos creen que termine en la cárcel.

“Me di cuenta de que Slavica era especial la tercera vez que me acosté con ella”, dijo Bernie Ecclestone sobre su exesposa. Ese comentario de mal gusto, junto con otros como que Hitler “tenía don de mando y conseguía que se hicieran las cosas” o que está de acuerdo con las leyes homofóbicas de Vladimir Putin, le han dado una reputación poco favorable al magnate de la Fórmula 1. Todos en el negocio le temen y algunos lo han calificado de siniestro. En medio de su fama y fortuna –estimada en 4.200 millones de dólares– el juicio que enfrenta en Múnich por sobornar a un funcionario promete sacar a la luz sus negocios turbios.

Las autoridades lo acusan de haber pagado 44 millones de dólares a Gerhard Gribkowsky, un empleado del banco BayernLB, para que manipulara la venta de un paquete de acciones de la F1 a favor del fondo CVC. A cambio de esta transacción, los nuevos socios mantuvieron a Ecclestone como jefe ejecutivo de la competencia. Gribkowsky ya fue condenado a ocho años de cárcel por evasión de impuestos, pues sacó la coima de Alemania y la invirtió en una ONG, lo que dejó mal parado al magnate ante la Justicia y con la posibilidad de pagar diez años de cárcel.

Pero no se llega a tener tanto dinero sin ser un hombre muy hábil. Por eso, el magnate ya armó una defensa bastante creíble: admitió que pagó el soborno –lo que ya está más que comprobado–, pero asegura que Gribkowsky lo chantajeó. Según Ecclestone, el banquero lo amenazó con dar información falsa a las autoridades sobre un fondo fiduciario que tiene en Liechtenstein y que habría utilizado para evadir impuestos. Explica que esa batalla legal habría sido mucho más larga y costosa que los 44 millones que pagó a Gribkowsky. Así, su decisión fue una cuestión de practicidad.

Resulta difícil creer que un hombre al que han comparado con el Padrino se dejara chantajear de esa forma, sobre todo cuando se hizo público recientemente que su exesposa es la dueña del nombrado fondo fiduciario de unos 2.000 millones de dólares, del que recibe 100.000 dólares cada año como parte de su acuerdo de divorcio. ¿El hombre más rico del Reino Unido recibe una pensión anual de su exmujer? Parece extraño. Lo que se ha dicho es que Ecclestone le transfirió el dinero a Slavica en 1997 justamente para evitar pagar un impuesto millonario y que, incluso, la entidad encargada de impuestos y aduanas de ese país sabía de la movida e hizo un trato con él.

Hay mucho que reprocharle a este británico millonario, pero también hay que admitir que es un genio de los negocios. Gracias a él, la Fórmula 1 pasó de ser un deporte que solo les interesaba a los conocedores a ser hoy en día uno de los espectáculos más vistos en el mundo, con 530 millones de seguidores. Y también uno de los más lucrativos. Las plazas para ver la carrera desde la zona de pits cuestan hasta 5.000 dólares por persona. Y eso no es nada en comparación con las sumas millonarias que pagan los países por ser anfitriones de la máxima categoría del automovilismo: en 2010 Putin firmó un contrato en el que se compromete a pagar 280 millones de dólares en siete años por tener ese privilegio en el nuevo circuito de Sochi. Además, los derechos televisivos y las regalías de contratos publicitarios implican otra cantidad sustancial para la compañía.

Ecclestone, hijo de un humilde pescador de Suffolk, estuvo involucrado en la Fórmula 1 desde la primera carrera, celebrada en 1950. Inicialmente quiso ser piloto, pero encontró que los negocios se le daban bastante mejor, así que en 1970 se convirtió en mánager del austríaco Jochen Rindt y luego compró el equipo Brabham. Más tarde tomó control de la Asociación de Constructores de Fórmula 1, desde donde logró quitarle a la Federación Internacional de Automovilismo los derechos mediáticos del circuito y la responsabilidad de elegir las pistas. Bajo su mando, la asociación comenzó a hacer mucho dinero: Ecclestone establecía precios altísimos a los países anfitriones y, una semana antes del evento, cuando ya estaba todo listo, inventaba cualquier excusa para aumentarlos. Los gobiernos, entre la espada y la pared, siempre accedían a pagar los excedentes.

Además de sus triquiñuelas y manipulaciones, también se dice que es tacaño. Aunque es más rico que la reina Isabel II, el patrón, como lo llaman, mantiene un perfil bajo. A diferencia de dos de sus hijas, Tamara y Petra, famosas por sus excesos: Petra se casó en 2011 en Roma y la boda costó 15 millones de dólares; sus invitados tomaron vino Château Petrus, cuya botella vale alrededor de 4.000 dólares. El matrimonio de su hermana en la Riviera francesa costó mucho menos, pero duró tres días. Ecclestone no quedó contento: “Fue demasiado extravagante, un despilfarro”, dijo.

El magnate además mantiene una posición bastante anticuada sobre las mujeres. Una vez dijo que pertenecen a la cocina y que “deberían vestir de blanco, como los otros electrodomésticos”. Ecclestone se ha casado tres veces y su esposa actual es 45 años menor que él. Con su primera mujer, de la que no se conoce casi nada, tuvo a Deborah, su primogénita. Luego pasó 23 años junto a Slavica Radic, madre de Tamara y Petra, con quien hacía una pareja muy particular: ella es guapa, 28 años menor y mide 1,88 metros; él, en cambio, tiene la cara un poco desfigurada por la mordida de un perro, cumplió 83 años y mide 1,59 metros. Además de tamaño, Slavica tiene carácter: una vez le estrelló la cabeza a su esposo contra la ventana de un carro y lo dejó con el ojo morado. Al parecer, la croata no compartía sus ideas retrógradas.

Se ha dicho que Ecclestone es el Berlusconi británico. Y al igual que Il Cavaliere, lo más probable es que no termine tras las rejas al final del juicio. Aunque el juez encargado del caso ya sentenció a Gribkowsky, nadie espera que envíe a la cárcel a un hombre de 83 años. En cuanto a la evasión de impuestos, que supuestamente realizó gracias a su fondo de Liechtenstein y que es considerada la mayor en la historia del Reino Unido, el magnate también tiene cómo explicarlo: en 1997, cuando transfirió el dinero a su mujer, estaba enfermo del corazón y su intención era velar por el bienestar de su familia en caso de que muriera.

Aun así, las consecuencias de este complicado asunto no se han hecho esperar: después de 30 años como jefe ejecutivo de la F1, el patrón presentó su renuncia. Sin embargo, por más temido y odiado que sea y por más que se conozcan sus negocios sucios, nadie en el circuito quiere que deje su cargo. No en vano Forbes estima que los 11 equipos de la Fórmula 1 en conjunto valen 4.000 millones de dólares y cada uno produce alrededor de 145 millones anuales. Con esos números, para muchos, dentro de las pistas, Ecclestone es irreemplazable. 
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