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| 12/20/2008 12:00:00 AM

Bettie la buena

El pasado 11 de diciembre, a sus 85 años, murió Bettie Page, la modelo erótica más grande de todos los tiempos.

Se fue uno de los íconos que ayudaron a gestar la revolución sexual de mediados del siglo XX. No portaba equipaje. No se llevó nada con ella. Dejó todo su legado. Murió de neumonía el pasado 11 de diciembre en Los Ángeles, vieja y lejos del mundo glamuroso que representaba en sus imágenes. Un mundo al que nunca perteneció realmente.

La sexualidad de los años 60 le debe mucho a Bettie Page. Sus sugestivas fotografías que la consagraron como la femme fatale de las revistas masculinas lograron cambiar la percepción que el gran público tenía sobre la sexualidad y el erotismo. El fetichismo, el de los corsés apretados, los látigos y las nalgadas, salió de los armarios y se instaló en los puestos de revistas. Después de que sus fotos aparecieron en publicaciones como Eyeful, Beauty Parade y Wink, Bettie Page apareció en la portada de la naciente revista Playboy en el mes de enero de 1955, que la denominó la modelo del siglo y la reina de las 'pin-ups'.

Bettie Mae Page había nacido en Nashville, Tennesee, el 22 de abril de 1923. Era la segunda de una familia de seis hijos sin recursos y tuvo que internarse en un orfanato desde los 10 años debido al divorcio de sus padres. Su madre nunca la quiso, su padre abusaba sexualmente de ella.

Su fascinación por el cine y el mundo del modelaje la llevaron a ser la coordinadora de un grupo de arte dramático en su instituto para adolescentes. A los 20 se casó con Billy Neat y se trasladó a San Francisco, donde le ofrecieron su primer trabajo como modelo de abrigos. Nada más alejado de lo que la haría famosa. En 1947 se divorció y se mudó a Coney Island, en Nueva York, donde conoció a Jerry Tibbs, un fotógrafo aficionado que le hizo sus primeras fotos como modelo erótica. Pero fueron los fotógrafos Irwing Klaw y Bunny Yeager, quienes le hicieron las imágenes que la convertirían en uno de los símbolos eróticos más famosos de todos los tiempos.

Sus hermosas fotos sadomasoquistas, ligeras a los ojos de hoy, pero escandalosas para su época, ya sea como dominatriz con una fusta o como mujer sumisa amarrada y con una bola en su boca, han sido siempre una invitación al juego del placer, a la perdición. Son al mismo tiempo una escalera al cielo y una autopista al infierno.

Ese contraste entre mujer buena y mujer mala, de cara angelical en cuerpo endemoniado, que se mostraba agresivamente sensual en escenarios como la sala de cualquier ama de casa, la hacían ver tan real, que era fácil soñar con ella así solamente fuera un producto de consumo más.

Este tipo de modelos eróticas, de glamur, un poco vampiresas, es y ha sido siempre muy popular. Tal vez desde los inicios de la fotografía misma. O por lo menos desde comienzos del siglo pasado. Basta remontarse a una mujer como Louise Brooks, bailarina de las Follies de Broadway, modelo, showgirl, actriz de películas mudas. Su imagen fue tan fuerte durante los años 20, que inspiró a Adolfo Bioy Casares cuando escribió su clásica novela La invención de Morel (1940), sobre un hombre atraído por una mujer que era sólo una imagen proyectada en tercera dimensión. Fue también la inspiración para el famoso cómic de Valentina del italiano Guido Crepax. Pero así como la Brooks, también despertaron la libido el ángel azul de Marlene Dietrich, la berlinesa que le quitó para siempre el sueño a la humanidad en los años 30. Y qué decir de Mae West, con sus atributos que parecían salirse de la pantalla. O la mismísima Marilyn Monroe, tal vez la más famosa, que enamoró hasta políticos y presidentes con un amor de esos que matan. Marilyn tuvo la suerte de morir joven. Y de haberse inmortalizado en la pintura de Andy Warhol como símbolo del arte pop.

Pero si bien Bettie Page nunca fue tan grande en su momento como las anteriores, hoy permanece por encima de muchas de ellas. Y no fue tan grande en ese entonces porque su vida fue una serie de fracasos y oportunidades perdidas una tras otra. Le gustaba el cine como a Marilyn, como a cualquier joven de la época. Pero sus incursiones en el cine fueron siempre películas de género B, cintas oscuras de bajo presupuesto que hoy son de culto. Tal vez porque lo suyo fue algo del bajo mundo es que ha ido saliendo poco a poco a la superficie.

El fenómeno de Bettie Page ha ido en ascenso. Contrariamente a lo que se hubiera podido presagiar, los 15 minutos de fama de esta leyenda no han terminado. A veces parece que apenas comienzan.

Su página www.bettiepage.com, ha tenido más de 626 millones de entradas desde agosto de 2000. Sus seguidores la buscan, la multiplican, la reproducen.

Dave Stevens creó en 1982 la historieta The Rocketeer, en la que el amor de este héroe era una mujer claramente inspirada en Bettie Page. Al haber sido adaptada para el cine, el papel de Bettie lo hizo la actriz ganadora de un Oscar Jennifer Connelly. Y la artista Olivia que ha venido pintando a la Page por más de 25 años fue la primera en integrar su imagen fetichista con una marca de ropa: los jeans Fiorucci.

"El secreto mejor guardado", decía Hugh Hefner de ella. Pero ese secreto que llevó a Bettie a alejarse de la vida pública en 1958, en parte asediada por la Liga por la Decencia, en parte por su propia conciencia, es hoy un secreto a voces que ya forma parte de la iconografía erótica del último siglo. En ese año se casó con Armand Walterson y nunca se dejó tomar más fotos, lo que hizo que quedara inmortalizada en la estética de los años 50, con esa belleza enigmática que aún deslumbra. Nunca envejeció. Nunca murió realmente. Pero ¿a dónde fue? No dio explicaciones. Nunca dio una entrevista, sus fotos mudas siempre hablaron por ella. Como la Garbo o Jean Harlow, su desaparición siempre fue un misterio. ¿Habría muerto?, se preguntaba la gente. Rumores fantásticos se tejieron y entretejieron durante cuatro décadas.

Apenas hace 11 años, la verdad fue revelada. Se supo que se había convertido en una devota religiosa cristiana. Que le había entregado su cuerpo a Jesucristo. Algo usual en muchas actrices y modelos que han llevado una vida escandalosa. Si Dios no la perdonó, no importa. Los mortales lo hicieron. El mundo convirtió a Betty Page en una Diosa. Sus devotos le montan altares en bares y discotecas y la adoran en orgías alrededor del mundo. Ella los ilumina con su luz que renace cada día desde donde quiera que hoy esté escondida.
 
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