Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2004/09/05 00:00

'Big Mac'

A pesar de estar enfermo, Steve Jobs, presidente de Apple, no abandonará la compañía que empezó en el garaje de su casa.

El mundo de la tecnología se sacudió hace algunas semanas con la noticia de la enfermedad de uno de sus grandes mitos. A través de un correo electrónico que escribió desde una cama de hospital, Steve Jobs, presidente y fundador de Apple, una de las empresas más emblemáticas de la informática personal, anunció a sus 11.000 empleados que tenía un tumor canceroso en el páncreas. Como consecuencia, ese día las acciones de la compañía cayeron. La situación parecía grave: ¿quién podría reemplazar al genial y polémico hombre detrás de la manzana, ícono inconfundible de los computadores Macintosh?

Pero el visionario detrás del primer computador personal con éxito comercial, de la empresa de animación Pixar responsable de películas como Toy Story y Buscando a Nemo,y recientemente del novedoso reproductor de música iPod, no está dispuesto a dejarse vencer. La operación fue exitosa y el ejecutivo piensa seguir a la cabeza de la empresa. Habrá

Steve Jobs para rato. Después de todo, él considera que durante casi 30 de sus 49 años de edad dedicado a este negocio ha tenido que superar otros tantos difíciles obstáculos. "Es mi primer amor, dice de su creación, esa relación que siempre será especial no importa cómo termine".

Podría decirse que esta relación hombre-computadora empezó cuando Steve era un niño y tuvo la suerte de que lo adoptara un operario de una compañía de láser en California, quien le inculcó la pasión por la electrónica. En el garaje de su casa acondicionó un espacio para que el pequeño dispusiera de su propio taller. De joven, cuando terminaba clases solía asistir a las conferencias que se dictaban en la casa matriz de Hewlett-Packard, donde gracias a su devoción consiguió emplearse durante algunos veranos. Más tarde decidió interrumpir sus estudios universitarios y a los 19 años empezó a diseñar videojuegos para la firma Atari.

En 1976 encontró a su media manzana, Stephen

Wozniak, un viejo amigo, ingeniero de la Hewlett-Packard. A ambos los unía su afición por la tecnología y, según algunos biógrafos, también por las drogas. Fue entonces cuando el garaje de la casa de Steve se convirtió en el sitio de creación del

Apple I, el primer ordenador personal que se vendió completamente armado y no por partes. Wozniak era el hombre del hardware, de los circuitos, y Jobs el del marketing, el innovador, el que -en sus propias palabras- soñaba con "cambiar el mundo". Apple Computers Company había nacido con el lema "Piense diferente". Del origen de este nombre no hay certezas; algunas historias cuentan que tiene que ver con la época en que Steve trabajó en una plantación de manzanas; otras, que es símbolo de la tentación, de sencillez. En todo caso fue un hit.

Montaron la empresa con 1.300 dólares que consiguieron tras la venta de la furgoneta Volkswagen de Steve y la calculadora científica de Woz. Un vendedor local de equipos electrónicos les hizo la primera compra de 25 aparatos que le vendieron a 666 dólares cada uno. Desde entonces empezaron a llover los pedidos, más al año siguiente con la creación del Apple II, revolucionario por sus colores y sonido. Fue cuestión de meses para que se convirtiera en una de las compañías de más rápido crecimiento en Estados Unidos.

Sin embargo, a principios de los 80 Wozniak decidió abandonar el barco luego de sufrir un accidente, aunque algunos biógrafos aseguran que la razón sería el mal carácter de su compañero. Eran momentos difíciles pues IBM comenzó a vender sus legendarios PC y la competencia se hizo muy dura. Fue entonces cuando, haciendo gala de su olfato para los negocios, Steve decidió buscar a John Sculley, presidente de Pepsi Cola. "¿Quieres pasarte el resto de tu vida vendiendo agua con azúcar o quieres cambiar el mundo?", fue como lo sedujo con su habitual halo mesiánico, aunque la movida significaría su destierro. Sculley se convirtió en el presidente de la compañía mientras Steve, a la cabeza de la parte creativa, seguía trabajando en su nuevo juguete: el Macintosh. Obsesionado por la estética y con que los usuarios se identificaran con sus computadoras, encontró la inspiración en una visita al centro de investigación de Xerox. El Mac realmente cambió la historia de la informática personal pues fue el primero en incorporar el sistema de ventanas y los íconos, además de ofrecer la facilidad del mouse. Tiempo después Xerox demandaría a Apple por copiar la interfaz gráfica. Sculley cada vez tenía más poder y en 1985 le dio un golpe de estado a quien lo contrató. Steve Jobs salió de la empresa con 150 millones de dólares en el bolsillo, muchas ideas y con el orgullo destruido. Como quedarse de brazos cruzados no estaba entre sus planes fundó una nueva empresa llamada NeXT Computers y le compró a George Lucas la división de animación de la productora Lucasfilm. Así nació Pixar.

Fueron 11 años lejos del imperio en los que la empresa se vio al borde de la quiebra, arrinconada por IBM y Microsoft, el gigante creado por Bill Gates. El regreso de Steve se orquestó cuando Apple decidió comprar NeXT y darle 1,5 millones de acciones de la manzana a cambio, con lo que volvió al mando. Con un salario simbólico de un dólar se dio a la tarea de revivir su empresa y lo hizo por lo alto con el iMac, un éxito en ventas.

Su talento para los negocios no es lo único que llama la atención. También su personalidad: vegetariano furibundo desde que en su juventud hizo un viaje a la India; suele pasearse por los pasillos de su compañía en jeans y hasta en bermudas y sandalias y recibir a los compradores con los pies sobre su escritorio. Su irreverencia no tiene límite. De Bill Gates dijo: "Le deseo lo mejor, de verdad. Sólo creo que él y Microsoft son un poco estrechos. Bill sería un tipo más liberal si hubiera tomado algún ácido alguna vez". Sin embargo, se dice que detrás de esta imagen descomplicada se esconde un tirano ególatra, como lo retrata la película Piratas de Silicon Valley. El periodista Jim Carlton, autor de la biografía Apple: una historia de intriga, egomanía y meteduras de pata, asegura que "puede ser muy cruel". Cuenta que Steve solía tomar por sorpresa a cualquier empleado pidiéndole que en medio minuto justificara su trabajo y de no hacerlo bien lo despedía.

Excéntrico o no, nadie pone en duda su talento. Como lo define Edwin Estrada, empleado de Apple,"él tiene la capacidad de ver tendencias antes de que otros las vean".

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