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| 7/25/2015 10:00:00 PM

Bill Cosby o el método del abusador

La Associated Press publicó un interrogatorio de 2005 en el que Bill Cosby reconoce lo afirmado por sus acusadoras. Su legado ha quedado reducido a trizas.

Hoy todo está al descubierto, pero las mujeres que describieron los actos de Bill Cosby fueron ignoradas por décadas. Sus testimonios permanecieron sepultados hasta ahora por el poder del legendario comediante o por un arreglo monetario a cambio de silencio. Según ellas, el comediante repitió su fórmula tantas veces (invitar a sus víctimas amablemente, darles una píldora, aprovecharse de ellas) que se convenció de que era infalible, intocable, y peor aún, aceptable. Cosby está a punto de salirse con la suya, pues tiene 78 años cumplidos y varias de las quejas datan de los años sesenta, cuando comenzó a consolidarse como una figura mediática, por lo que muchas habrían prescrito. Pero hoy más de 24 mujeres suman sus voces. Y así los abogados del actor pongan en entredicho la legitimidad de los testimonios, son demasiados para no pesar.

Hasta el 12 de julio pasado, algunos aún defendían a Cosby. La también comediante Whoopi Goldberg aseguraba en el programa The View que hasta que no se probara nada en las cortes era irresponsable llamarlo un abusador. Seguía siendo la palabra de las mujeres contra la de Cosby. Pero esto cambió cuando la agencia Associated Press publicó un interrogatorio que la abogada de Andrea Constand, una de las mujeres que entabló demanda en su contra, le hizo a Cosby en 2005. En 2006, Constand canjeó su silencio por dinero, pero el texto de ese proceso de conciliación apabulla al comediante.

Las declaraciones evidencian que el actor, en efecto, seguía un modus operandi. Confesó que compraba drogas de prescripción (Quaaludes, retratados como potentes narcóticos en la película El lobo de Wall Street y utilizados por Hugh Hefner para dar la bienvenida a nuevas conejitas a su séquito) y se las daba a las mujeres con quienes quería tener relaciones. “¿Cuando obtuvo los Quaaludes, tenía en mente dárselos a jóvenes con las que quería tener sexo?”, preguntó la abogada. “Sí”, respondió el comediante.

La respuesta es diciente, pero no concluyente, pues el actor asegura que lo hacía con el consentimiento de las mujeres. En esas condiciones, dos preguntas son posibles: ¿Cosby se aprovechó de su fama y de drogas potentes para abusar de varias mujeres? ¿O les dio estas píldoras a mujeres que querían la droga y acostarse con él? Más allá de la respuesta, hoy solo lo defienden sus abogados y su esposa Camille, con quien está casado desde 1964. El cómico se quedó sin amigos, y varios comediantes para quienes fue una inspiración y declararon en el pasado su idolatría, entre ellos Jerry Seinfeld y David Letterman, exigieron que sus nombres fueran retirados de la biografía Cosby: His Life and Times. Cosby es un nuevo sinónimo de ‘radiactivo’.

Los abogados de Cosby reaccionaron. Atacaron al juzgado por entregar los apartes del interrogatorio (el juez desestimó que Cosby, como querían hacerlo ver sus representantes, no era una personalidad pública) y también las lecturas que hizo la prensa, que calificaron de tendenciosas. Una de sus abogadas, Monique Pressley, una joven profesional de color, enfatizó al diario The New York Times que si bien Cosby reveló detalles vergonzosos sobre su vida y confesó haber sido infiel a su esposa, no admitió crimen alguno: “Se han representado mal las declaraciones. Nada en esa declaración impulsa los casos de quienes argumentan que el señor Cosby actuó como un criminal”.

Pressley también añadió que la gente debía entender el contexto: en los setenta los Quaaludes eran una droga legal utilizada con frecuencia por parejas que sostenían relaciones sexuales. El argumento coincide con que Cosby expresó en 2005 que el sexo fue consensuado pues “ninguna de las mujeres se quejó, y ninguna me pidió no volverlo a hacer”.

Un año atrás planeaba un regreso triunfal a la televisión y tenía acuerdos con la cadena NBC y con Netflix. También una extensa gira de stand-up comedy por Estados Unidos. Pero a finales de 2014, Barbara Bowman, Tamara Green, Joan Tarshis y la exmodelo Janice Dickinson se sumaron a otras mujeres cuyos testimonios habían sido desatendidos en el pasado por los medios. Todas denunciaron esa especie de método Cosby y la percepción pública cambió. Las cadenas de televisión le cancelaron sus proyectos y solo pudo hacer la gira pues era lo único sobre lo que tenía control. Pero afuera de los escenarios hubo fuertes protestas. Y esta nueva vuelta de tuerca solo lo hunde más a los ojos del público.

Frente a la ley, actualmente, el comediante tiene pendientes dos casos por difamación en Massachusetts y California, un caso civil en esta y una investigación penal. Detrás de estos procesos se encuentra Gloria Allred, una abogada que representa a varias de las mujeres que buscan que Cosby responda, o como mínimo, se vea obligado a expresar remordimiento y sufra el castigo social. Hay mucha especulación sobre las implicaciones legales de ese ya famoso ‘sí’, pero solo el tiempo y la justicia dirán qué tanto lo afectó.

Después de saltar a la fama en el programa I Spy en los sesenta, y de convertirse en un ícono cultural estadounidense en The Cosby Show en los ochenta, Cosby se ganó una estrella en el famoso paseo de la fama de Hollywood. Pero la comunidad y varios líderes afroamericanos ya expresaron su deseo de retirarla. La Cámara de Comercio de Hollywood, fiel a su tradición, se negó pues nunca antes ha hecho tal cosa y no empezará por él (tampoco por Donald Trump, otro candidato). Pero ya se ha visto que tradiciones que parecen estáticas, y voces que parecen calladas, de un momento a otro, cobran vida y cambian el escenario.
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