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| 11/15/2014 10:00:00 PM

Watterson, el regreso del ícono

Bill Watterson creó la tira Calvin y Hobbes y la dibujó entre 1985 y 1995. Casi 20 años después, su voz y su arte resurgieron.

Para ser honesto, el universo de los festivales y de sus premios escapa a mis preocupaciones cotidianas. Pero me honra saber que mis trabajos todavía se aprecian”, afirmó Bill Watterson al diario francés 20 minutes en una de las dos respuestas que le concedió al medio. Una entrevista del historietista nacido en 1958 es un evento raro, pues ha hecho una vida lejos de la atención de los medios. Habló en 1989, en 2010, y ahora en 2014. El creador del niño voluntarioso de imaginación sin límites y de su fiel acompañante, un tigre de peluche que cobra vida para su dueño, dejó la mayor parte del tiempo que sus personajes hablaran por él.

El festival de Angulema, que tiene lugar en Francia desde 1974, es considerado uno de los templos de la historieta y el cómic. Cada año premia a historietistas en distintas categorías, pero el Grand Prix reconoce la vida y la obra de creadores referentes. Por cuarta vez en 41 ediciones, el premio se quedó en manos de un estadounidense, Watterson, que competía con artistas de la talla de Alan Moore (V de Vendetta, Watchmen), Quino (Mafalda), Marjane Satrapi (Persépolis) y Katsuhiro Otomo (Akira). Los miembros del gremio de autores de historietas de Francia escogen al homenajeado, y el festival le pide a este oficiar de presidente del festival. Pero Watterson, conocido por su vida de reclusión en Chagrin Falls, Ohio, pidió que lo eximieran de ese requisito. No presidió la edición 41 ni irá en persona a la 42, pero cumplió con dibujar el afiche para esta en febrero próximo. El resultado, recién revelado esta semana, es su homenaje al arte de la tira cómica.

“Acordé hacer el afiche porque sonaba divertido. Tomé todo tipo de rutas improductivas durante meses, pero cuando me llegó la idea el proceso del dibujo fue veloz. Creo que para mí hacer algo simple es un proceso rara vez sencillo”, dijo en la entrevista que excepcionalmente  aceptó darle al Washington Post, tal vez porque solía publicar allí.  Sobre el afiche dijo: “Como un chiste personal ubiqué la historia en un mundo no digital, en el que un tipo recibe el periódico en su patio y la vecina usa un teléfono grande con cable. El anacronismo evoca la distancia que hay con los días gloriosos del medio y de paso me recuerda hace cuánto terminó mi carrera”, añadió. El festival de febrero mostrará originales de Calvin y Hobbes del museo Billy Ireland que cruzarán el Atlántico.

Los fanáticos de Calvin y Hobbes resaltan en la tira una especial cualidad que Daniel Jiménez Quiroz, director de la revista Larva, explicó a SEMANA: “Como los grandes trabajos tiene perdurabilidad. Se dejó de publicar hace 20 años y conserva el tono y la relevancia como solo lo hacen los cómics muy bien construidos. El humor, el relato inteligente que alcanza a públicos distintos y ofrece una amplitud de lectura. Es vista como una de las últimas grandes tiras cómicas y es mi cómic favorito”.

Entre 1985 y 1995 la tira cómica pasó de publicarse en 130 periódicos en Estados Unidos a 2.400 en el resto del mundo. En la cúspide de su popularidad, Watterson la retiró y así explicó su decisión: “Es una muestra de respeto y gratitud hacia mis personajes decirles adiós en la cima de su arte”. No dijo la frase en vano, pues a pesar de los embates del marketing nunca licenció productos como peluches, o camisetas, un paso que le hubiera representado millones de dólares. La única publicación que autorizó fue la de un libro llamado Teaching With Calvin and Hobbes, publicado en 1993 para ayudar a niños con dificultades de aprendizaje. Se imprimieron 2.500 copias y hoy un ejemplar puede costar más de 10.000 dólares.

Al caricaturista Betto le llamó la atención que los nombres vinieran del filósofo Thomas Hobbes y del teólogo John Calvin, y la maestría en el trazo de Watterson que dibujó la cabeza de su personaje principal en una proporción igual a la de su cuerpo. Betto concluye que más allá de la genialidad técnica, la historieta “expone los álter ego en la mente de Calvin. Muestra temores y fortalezas, y cuando uno habla de la condición humana en la tira cómica ha logrado algo importante”. Cuando un estadounidense logra que un festival francés doblegue sus reglas para premiarlo, se sabe que ha hecho algo importante. No es que le importe a Bill Watterson, quien volverá a su modo de vida, lejos de la historieta, cerca de la pintura y del aislamiento feliz que le da su hogar.

La última historieta de Calvin y Hobbes salió el 31 de diciembre de 1995 en el Washington Post. Vino acompañada de un mensaje del autor en el que aseguraba haber agotado el tema, pero tener la satisfacción de haber dado lo mejor de sí. La caricaturista PowerPaola asegura que Calvin y Hobbes fue su punto de partida, pues su padre le guardaba el periódico para que leyera la tira, y afirmó: “Todavía me pregunto como contaba una aventura en tres o cuatro viñetas. Su reconocimiento en Angulema era necesario, pues a todos nos abrió la cabeza el universo de un niño y su tigre de peluche. Admiro y envidio a las personas que tienen imaginación y a los artistas que se resisten a que su trabajo se vuelva puro mercadeo”.
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