Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2003/07/07 00:00

<b>La guarachera.</b> Artículo de SEMANA sobre un mundo sin Celia.

Aunque los rumores de la muerte de Celia Cruz resultaron falsos, el temor a no volver a oír su voz sigue latente.

Cuando al mediodía del martes pasado una estación de radio de Miami interrumpió su programación habitual para dar una noticia de última hora la ciudad entera se paralizó. "Nuestra Celia Cruz ha muerto", dijo con voz solemne el locutor. La noticia le dio la vuelta al mundo en minutos y no hubo nadie que no se estremeciera al oírla. Aunque para fortuna de los amantes de la salsa todo resultó ser un falso rumor, la sola posibilidad de perder a la más grande voz femenina de la música latina dejó preocupados a sus millones de seguidores.

Y lo más alarmante es que esta es la tercera vez en lo que va corrido del año que el rumor adquiere tales proporciones. Para nadie es un secreto que 'la Reina de la Salsa', como también se le conoce, ha sufrido serios quebrantos de salud en los últimos meses. En diciembre del año pasado la operaron de un tumor maligno en el cerebro y de un quiste en el seno y su recuperación no ha sido tan rápida como sus fanáticos esperaban. Sus esporádicas apariciones públicas la han mostrado débil, muy lejos de la vigorosa mujer que a lo largo de casi 80 años ha dado ejemplo de una fuerza y una energía inagotables, y por eso el temor a no volver a oír su voz está más latente que nunca.

Y es que con Celia se iría la voz más emblemática de la música caribeña. Ninguna estrella, actual o anterior, ha logrado alcanzar su nivel de virtuosismo ni mucho menos de popularidad. "Lo que tiene Celia es un arte en grado sumo: su sentido desarrolladísimo del ritmo, su voz tan afinada, tan clara, su capacidad de improvisación", dice César Pagano, investigador y difusor de la música del Caribe.

Pero el mundo estuvo a punto de no conocer a la gran Celia. Nacida en el humilde barrio de Santo Suárez de La Habana, Cuba, en un año que por vanidad jamás ha querido revelar, su mayor sueño era ser maestra. Su voz, sin embargo, no pasaba inadvertida para nadie e incluso sus vecinos se reunían para oírla arrullar a los 14 niños que entre hermanos y primos vivían en su casa. Celia era aún una adolescente cuando a principios de la década de 1940 empezó a ganar concursos de canto locales, lo que acabó de convencer a su familia de que el futuro de la joven no estaba en un salón de clases sino en los escenarios de clubes tan famosos como el Tropicana.

El camino a la fama no fue fácil. "A Celia le tocó descubrir su estilo cantando toda clase de cosas distintas, desde canciones de santería, rumba, nanas negras y españolerías hasta merengues, rumba haitiana, sones, guarachas y rumba cubana", dice Pagano. Durante este aprendizaje cantó con orquestas como las de Ernesto Duarte y Obdulio Morales, entre otras.

El sueño americano

Su gran oportunidad llegó en 1950 cuando la contrataron como voz principal de la mítica orquesta cubana la Sonora Matancera. "Con ellos se desarrolló plenamente en el sentido comercial", cuenta Pagano, y además grabó éxitos tan inolvidables como Burundanga, Melao de caña, Pa'la paloma y Cao cao maní picao. Pero sólo pudo disfrutar del éxito en su tierra durante 10 años, pues con la llegada al poder de Fidel Castro se radicó primero en otros países latinoamericanos y finalmente en Estados Unidos, donde aún vive.

Fue en Estados Unidos donde finalmente se casó con quien resultó ser su compañero ideal: Pedro Knight, o "cabecita de algodón", como ella cariñosamente lo llama en público. Knight tenía mucho reconocimiento como trompetista principal de La Sonora pero no dudó en dejar su carrera en 1965 para manejar la de su cada vez más exitosa esposa.

El sueño americano fue difícil de alcanzar. Pasaron años antes de que Celia volviera a conocer algo del éxito del que había disfrutado en su tierra natal. Fue cuando 'la Reina' conformó un dúo de leyenda con otro rey: Tito Puente. "Con él Celia volvió a recuperar una imagen y un cierto nivel artístico", opina Pagano. Además de Puente otros grandes de la música latina grabaron grandes éxitos con Celia. La Sonora Ponceña, Willie Colón, Ray Barreto y Johnny Pacheco son algunos de los que han compartido micrófono con la Guarachera de Cuba. Pero fue sin duda la Fania All Stars la que devolvió a Celia a sus mejores tiempos.

¡Azuuuucar!

No sólo la voz distingue a Celia. El vestuario extravagante y las pelucas de todos los colores y estilos se han convertido en su sello en el escenario. Pero hay una palabra que sin duda la define en todo el mundo: Azúcar. Aunque han circulado toda clase de versiones sobre su origen Celia cuenta que una noche, luego de cenar con unos amigos en un restaurante. el mesero les preguntó si querían el café con o sin azúcar. Ella, con su particular estilo, le respondió "Azúuuucar!". Esa noche, durante un concierto, Celia les contó la historia a los asistentes y el rumor corrió de boca en boca. Pronto en todas sus presentaciones el público le pedía que contara la historia del azúcar, hasta que ella se cansó y comenzó a gritar ¡Azúuuucar! antes de que se lo pidieran.

El inmenso reconocimiento de Celia, incluso en un país tan difícil como Estados Unidos, le ha valido incontables premios y homenajes en todo el mundo. Discos de oro y platino, estrellas de la fama en varias ciudades, calles y días nombrados en su honor, medallas al mérito de los gobiernos de varios países, estatuas de cera en museos e incluso tres grados honoris causa, incluyendo uno de la prestigiosa Universidad de Yale, son prueba irrefutable de ello.

Las nuevas generaciones de músicos también ven en ella un ejemplo por seguir. En los últimos años Celia ha grabado canciones en colaboración con intérpretes y grupos como David Byrne (el mítico ex líder de Talking Heads y gran divulgador de la música latinoamericana en Estados Unidos), la agrupación argentina Fabulosos Cadillacs, el rapero haitiano Wyclef Jean y el español Jarabe de Palo, todas grandes éxitos en ventas. El respeto que inspira Celia en todas las edades quedó en evidencia durante un homenaje que se le hizo en Miami en marzo de este año. Estrellas de la talla de Gloria Gaynor, Patti LaBelle, Gilberto Santa Rosa, Paulina Rubio, Johnny Pacheco y Gloria Estefan, entre muchas otras, se reunieron con el único propósito de honrar a quienes todos consideran una influencia decisiva en sus propias carreras. Al final de la velada, que estuvo llena de lágrimas, recuerdos y risas de la propia Celia, el sentimiento general fue uno solo: ojalá haya negra para rato.

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