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| 5/28/2011 12:00:00 AM

Bob Dylan, interminable

Acaba de cumplir 70 años y todavía está vigente. Uno de los músicos más geniales de la historia sigue de gira mientras muchos le piden que se retire para que no desgaste más su imagen de leyenda.

"No soy de los que me cortaría una oreja. Soy del tipo de persona que se suicidaría. Me pegaría un tiro en el cerebro. Si las cosas fueran mal, saltaría por la ventana". Así describía su desespero el mito viviente de la música Bob Dylan en 1966, en pleno auge de su carrera, al crítico musical Robert Shelton. La grabación de la entrevista, inédita hasta la semana pasada, lo muestra desesperanzado. No había cumplido 25 años y ya era considerado un músico superdotado, un poeta rebelde, una especie de profeta para los jóvenes insatisfechos de la época. Pero a Dylan nunca le ha gustado ser un modelo para seguir. Solo quería hacer música, sin periodistas tratando de descifrar su vida y sus letras. Por eso, y porque según sus propias palabras había salido hace poco de una adicción a la heroína, reflexionaba sobre el suicidio.

Muchos de sus fanáticos, de hecho, preferirían que Dylan se hubiera quitado la vida de un balazo. Así se habría convertido prematuramente en leyenda, y no tendrían que verlo ahora dándole la vuelta al mundo con 70 años recién cumplidos. Les parece decadente. Pero Dylan se niega a desaparecer. Y hay millones de personas, entre ellas cantidades incontables de artistas, que aplauden eso. El diario británico The Guardian resume su importancia en un artículo en el que dice que el número de tributos que le han hecho a Dylan equivale a la cantidad de tarjetas que se han firmado en oficinas de todo el mundo para felicitar a un compañero por su cumpleaños o para desearle su pronta mejoría.

El 24 de mayo, día de su cumpleaños, se celebraron homenajes en todo el mundo: músicos israelíes cantaron sus composiciones en inglés y en hebreo, la universidad inglesa de Bristol organizó un simposio llamado 'Las siete eras de Dylan' y Lou Majaw, conocido como el Bob Dylan indio, organizó un concierto de diez horas en su nombre. Dylan ha sido felicitado públicamente, entre otros, por el líder de U2, Bono, quien lo describió como "nuestro propio Shakespeare"; por el guitarrista Bruce Springsteen, quien lo proclamó el "padre del país (Estados Unidos)", y por el cineasta Martin Scorsese, quien afirmó que Dylan no tiene edad. Y así parece, pues el músico, quien ha publicado más de cincuenta discos además de libros con sus memorias, sus pinturas y sus poesías, sigue componiendo y viajando con su Neverending Tour, o Gira interminable: una titánica aventura que empezó en los años ochenta y que todavía lo tiene dando más de cien conciertos al año, tanto en grandes escenarios como en casinos o bares. Antes de junio ya se habrá presentado en Irlanda, Inglaterra, Israel, Suiza, Alemania, Dinamarca y otros países.

El verdadero nombre de Dylan es Robert Allen Zimmerman. Hijo de un matrimonio judío de Minnesota, pasaba largas jornadas escuchando la radio y viendo películas. De ahí su gusto por diferentes ritmos como el blues y el country y su look de motociclista rebelde, a lo James Dean. Aprendió a tocar solo el piano y la guitarra, y formó algunos grupos colegiales antes de entrar a la universidad, que abandonó pronto para dedicarse a la música.

Después de viajar por todo el país haciendo autoestop, llegó a Nueva York detrás de su ídolo, el músico Woody Guthrie (quien tenía escrito en su guitarra: "Esta máquina mata fascistas"). Allá tocó en bares y ejecutó instrumentos para otros artistas, hasta que firmó un contrato para hacer el primero de sus discos.

Con sus letras revolucionarias, pronto se convirtió en un símbolo antisistema y de paz. Pero nunca le gustaron las etiquetas. El misterioso Dylan, quien solía mentir sobre su procedencia, compuso canciones atemporales como Like a Rolling Stone, Blowin' in the Wind, o The Times they are a-Changin', que se convirtieron en himnos generacionales. Pero esas generaciones que lo convertían en ídolo tarde o temprano se cansaban de él, pues solía reinventarse con frecuencia. Siempre le ha gustado cambiar de letras, de ritmos, de pinta. Y así ha logrado convertirse en uno de los músicos más versátiles, influyentes e importantes de la historia. Así algunos consideren indigno que a los 70 años siga teniendo las agallas de pararse en un escenario.
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