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| 7/12/2009 12:00:00 AM

Bobby y Jackie

Un explosivo libro acaba de revelar que después del asesinato en 1963 de John F. Kennedy, su viuda Jacqueline y su hermano Robert fueron amantes hasta cuando éste fue muerto a tiros en Los Angeles, casi cinco años después.

Al caer la tarde del viernes 22 de noviembre de 1963, el Air Force One, el avión presidencial de Estados Unidos, aterrizaba en la base aérea de Andrews, a las afueras de Washington. En su interior, en la parte posterior, viajaba el ataúd con el cadáver del presidente John F. Kennedy, que seis horas antes había sido asesinado a tiros en una calle de Dallas. Adelante iban el nuevo jefe del Estado, Lyndon Johnson, y su esposa, Lady Bird Johnson, y, junto al féretro, Jacqueline Kennedy. La hasta entonces primera dama vestía el traje rosa que se había puesto esa mañana. Lo llevaba manchado con la sangre de su esposo.

Tan pronto se detuvo la aeronave en la plataforma, un hombre salió rápidamente de detrás de un camión militar donde evitaba los flashes de los fotógrafos y subió corriendo la escalerilla. Era Robert Kennedy, fiscal general y hermano del presidente fallecido. "Como si estuviera poseído, casi sin saludar a Johnson, se abrió camino a codazo limpio por el pasillo del avión", cuenta Jack Valenti, un dirigente del partido demócrata en Texas. Y sólo se detuvo frente a su cuñada. "Hola, Jackie", le dijo suavemente. Y ella respondió: "Oh, Bobby".

Poco después, mientras le hacían la autopsia a John F. Kennedy, la esposa de Robert, Ethel Kennedy, se le acercó a Jacqueline. "Al menos tienes la tranquilidad de que John ha encontrado la felicidad eterna", le indicó. "Sí, pero yo habría querido algo más. Tienes suerte de que Bobby esté aquí para ti", le contestó Jackie, que había enviudado a los 34 años. Ethel la consoló: "Él también está aquí para ti".

Pero lo que Ethel ignoraba es que a partir de esa noche su esposo, que había cumplido 38, no sólo iba a servirle de apoyo y compañía a Jacqueline Kennedy, sino que iba a iniciar con ella una apasionada historia de amor que terminó poco antes de que él perdiera la vida el 6 de junio de 1968, tras ser mortalmente herido en un hotel de Los Ángeles. Semejante revelación es el tema central del libro Bobby and Jackie - A Love Story (Bobby y Jackie - Una historia de amor), escrito por el biógrafo C. David Heymann y que acaba de publicar en Estados Unidos la Editorial Atria, del Grupo Simon and Schuster.

Según Heymann, los nexos entre Robert y Jackie eran de vieja data. "Desde el momento en que Jacqueline Lee Bouvier (su nombre de soltera) se casó con John Fitzgerald Kennedy en Newport, en el estado de Rhode Island, el 12 de septiembre de 1953, el miembro de la familia con el que se sintió más cómoda fue Bobby Kennedy", dice. De acuerdo con el libro, aunque Robert nunca intervino para detener las humillaciones que ella había sufrido por las múltiples infidelidades de su esposo el Presidente, esto se debió a que "compartían el interés por el arte, algo que le aburría a John, cuyas lecturas se limitaban a historia norteamericana y novelas de misterio".

Muchas personalidades de prestigio sostienen en el texto de Haymann lo que hasta ahora había sido un chisme: que Robert y Jacqueline mantenían un romance. "Había que ser tonto, ciego o sordo para no concluir que era así. Se cogían la mano, se tocaban, se hablaban al oído", dice Chuck Spalding, uno de los mejores amigos de John. "Una vez, a bordo del Sequoia, se perdieron por 10 minutos y al volver se veían tan relajados y tan cómplices como unos gatos Cheshire", cuenta Arthur Schlesinger, célebre historiador y asesor de John Kennedy. "Ella lo miraba como quien mira a su gran amor", asegura John Kenneth Galbraith, eminente profesor de economía de Harvard.

Esas opiniones palidecen al lado de las que dan otros personajes. Carl Killingsworth, que fue jefe de relaciones públicas de la NBC, señala que la única foto que tuvo en su sala fue la de Robert. Puesta encima del piano, traía una dedicatoria: "Para Jackie, mi amor. Siempre, Bobby". Y los choferes de Robert aseguran que la razón por la cual él dejó su casa de Washington, en la que se quedaron Ethel y los niños, y se mudó a Nueva York fue que Jacqueline había comprado un apartamento en Manhattan para vivir con sus hijos, Caroline y John John. Pero hay más. Insisten en que varias veces a la semana lo dejaban allá en las noches y lo recogían en las mañanas.

Pero sin duda los dos testimonios más comprometedores son los de Kenneth McKnight, asesor de Kennedy en el Senado, y Mary Harrington, una de las amantes de Robert. "El día que fui a ver a Kennedy, todas sus oficinas estaban vacías. Caminé hasta su despacho y vi la puerta abierta. Adentro, en el sofá, Jackie Kennedy se le sentaba en las piernas, de frente, y le abrazaba el cuello. Me vieron. Ella sonrió, y él me preguntó cómo estaba", dice McKnight. Y Harrington recuerda que en 1964 alquiló coincidencialmente un apartamento junto a la propiedad de los Kennedy en Palm Beach. "De pronto vi junto a la piscina a Jackie sólo con la parte de debajo de un bikini. Luego apareció Robert en un vestido de baño blanco, se le arrodilló, y mientras la besaba le metió una mano en el bikini y le puso la otra en el pecho. Luego entraron a la casa".

Mary Harrington, que también conoció a John, explica el atractivo de Robert. "No era tan apuesto como su hermano. Te hablaba mirando directamente a los ojos. Y en contraste con sus discursos, que eran duros, parecía que te cuidaba con la voz. En realidad, era mucho mejor que John con las mujeres. John tenía relaciones sexuales con ellas; Bobby les hacía el amor".

Otro asunto que queda claro en el libro es que Robert le pidió a Jacqueline que no se casara con el multimillonario griego Aristóteles Onassis mientras él estuviera en campaña presidencial, y ella le hizo caso. Contrajo matrimonio en octubre de 1968, cuatro meses después del magnicidio en Los Angeles. Por si fuera poco, Haynemann cuenta que Jackie, que falleció de un cáncer en Nueva York en 1994, mantuvo muchos otros romances para sacarse el clavo de los devaneos de John y de Robert. El actor William Holden fue el primero con el que se vengó en vida de John, seguido por otra superestrella, Marlon Brando, justo tras el drama de Dallas, y por John Carl Warnecke, el arquitecto que diseñó la plaza de Lafayette en Washington.

Jacqueline Kennedy, con su distinción y su estilo, no fue la única mujer que compartieron John y Robert Kennedy. La despampanante Marilyn Monroe pasó igualmente por los brazos de ambos. John la conoció en 1955 en casa de su hermana Pat Kennedy y el esposo de ésta, Peter Lawford. El 19 de mayo de 1962, Marilyn le cantó el famoso Happy Birthday, Mr President en el Madison Square Garden de Nueva York. Para ese entonces, Robert también era su amante. La había conocido en febrero en casa de Lawford. Fue un romance rodeado de pasión y de escándalo, típico de los Kennedy. El 5 de agosto de ese año, la noche en la que Marilyn se quitó la vida, Bobby le había regalado un oso de peluche.
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