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| 9/29/2012 12:00:00 AM

Bond. James Bond

Cumple medio siglo en la gran pantalla el agente secreto más famoso de la historia. Han pasado 22 superproducciones desde el estreno de 'Dr. No', y el 007, con licencia para matar, sigue siendo el hombre más envidiado y deseado del mundo.

Siempre apuesto y bien vestido, educado, varonil y seguro de sí mismo, al espía más famoso del mundo no le pasan los años. Ni seis actores, ni 22 películas, sin contar una nueva entrega que se estrenará este año, han desgastado al agente de la inteligencia británica. Es más, cinco décadas después de su llegada a la pantalla grande, James Bond es una leyenda del cine y un ícono de la cultura mundial; un personaje con estatus de semidiós que sigue causando admiración y deseo.

El 5 de octubre se cumplen 50 años del estreno de Dr. No. No se trata de un aniversario cualquiera, sino el de la cinta que marcó el inicio de la saga más longeva y la segunda más exitosa de la industria cinematográfica. Por eso, desde Eon Productions, los realizadores de las películas del 007, hasta el Barbican Centre, el centro artístico más grande de Europa, todos se deshacen en conmemoraciones y homenajes. Después de todo, este es uno de los eventos más importantes del año.

A pesar de su éxito, el camino no siempre fue fácil para James Bond. Cuando Albert R. 'Cubby' Broccoli y Harry Saltzman, los fundadores de Eon Productions, quisieron hacer Dr. No, llevaron la idea a cuatro directores antes de que, finalmente, Terence Young aceptó dirigir la cinta. Le propusieron el papel protagónico a Cary Grant pero no quiso pues, dijo, ya estaba muy viejo, así que tuvieron que conformarse con un escocés desconocido llamado Sean Connery. Luego de este desastre, uno de los guionistas abandonó el proyecto a media marcha y como si no hubiera suficientes problemas, el dinero para la producción escaseaba.

Todos esos tropiezos auguraban poco éxito a esa adaptación cinematográfica de una de las novelas del inglés Ian Fleming. El autor había plasmado en su personaje mucho de sí mismo, y no veía en Connery más que un doble incapaz de interiorizar la sofisticación propia del 007. Aunque había sido boxeador y camionero, mientras que los espías son muy aristocráticos, el escocés tenía aspecto, porte y gustos de lord y caracterizó a un James Bond viril, frío, irónico y con clase que se ganó el corazón del público. El desastre se convirtió en milagro. "Haber contratado a Sean Connery fue magistral. Se dieron cuenta de que si refinaban un poco a ese escocés rudo, le darían vida a la creación de Fleming", dijo a SEMANA Mark Monahan, crítico de cine del diario británico The Telegraph.

Luego del desmesurado éxito de Dr. No, Fleming tuvo que reconocer la genialidad de Connery. La película recaudó casi 60 millones de dólares, que en valor actual equivaldrían a unos 500 millones, pero más allá de las cifras, la cinta estableció grandes hitos del cine. La salida del mar en un bikini color crema de la suiza Ursula Andress, quien interpretaba a Honey Ryder, es tan emblemática que su bikini se vendió en 2001 por casi 60.000 dólares y 30 años después, la película Otro día para morir, le rindió un tributo con una escena casi idéntica en la que la ganadora del Óscar Hally Berry aparece con un vestido de baño similar. También, "Bond. James Bond" la forma como el agente se presenta, se convirtió en una de las frases más memorables del cine.

"Connery fue espléndido, ningún otro Bond ha sonado tan bien ni se ha movido como él", afirmó Monahan a esta revista. Pero luego de cinco películas (Dr. No, De Rusia con amor, Goldfinger, Operación trueno y Solo se vive dos veces), Connery se negó a seguir para no afectar su carrera al identificarse exageradamente con un solo personaje.

El golpe fue duro, porque el público acostumbrado a Connery fue poco entusiasta con el nuevo actor. Se trataba del australiano George Lazenby, un modelo desconocido que escasamente había actuado en comerciales, y protagonizó Al servicio secreto de su majestad. "Muchos desestiman a George Lazenby en el papel de Bond pero contribuyó a humanizar al personaje" dijo a SEMANA Mark O'Connell, autor del libro Atrapando balas: memorias de un fanático de James Bond, con prólogo de la actual productora, Barbara Broccoli. Durante el reinado de Connery, Bond cambiaba de chica como quien cambiaba de ropa. Pero en Al servicio secreto de su majestad, se casó. No obstante, y para tranquilidad de los aficionados a las chicas Bond, la esposa muere a manos del villano. Sin embargo, independientemente de sus capacidades actorales, los roces de Lazenby con los realizadores hicieron que esa película fuera la única para él.

Tras el paso del australiano, Connery volvió para una última película, Los Diamantes son Eternos, la séptima de la saga. Pero el escocés estaba cansado del personaje, y se notaba. Así que para la siguiente los productores introdujeron a Roger Moore, hasta entonces famoso por su serie de televisión El Santo. Con 12 años y siete películas en el papel, Moore se convirtió en el 007 que permaneció más tiempo.

El londinense revitalizó y dio un cambio profundo a la personalidad del agente.

Luego de la frialdad de Connery, Moore resultaba igualmente buenmozo, pero además simpático y hasta cómico. Sus películas fueron una combinación de grandes éxitos y profundas decepciones, pero más allá del actor y la recepción crítica de las cintas, la época de Moore vio a unos de los mejores villanos que ha enfrentado James Bond.

Desde el despiadado Mandíbulas hasta Ernst Stavro Blofeld, el genio de la organización criminal SPECTRE, los enemigos del espía fueron cruciales. Seleccionar a los villanos era casi tan difícil como elegir a un nuevo Bond, y debían ser interpretados por excelentes actores. El ganador del Óscar Christopher Walken se enfrentó al espía en En la mira de los asesinos, y Christopher Lee, el villano por antonomasia, lo hizo en El hombre del revolver de oro.

Moore no solo fue el Bond más largo, sino el más viejo, y a los 58 años, ya objeto de críticas, dejó el rol. En su reemplazo apareció Timothy Dalton en Su nombre es peligro. Sus cintas resultaron flojas en taquilla y su interpretación de Bond, a pesar de ser meticulosa, no tenía la autoridad de Connery ni el encanto de Moore. Tras dos interpretaciones, dejó el personaje.

Fueron años de incertidumbre, pues además de que las últimas películas de Moore no fueron tan exitosas y que las de Dalton pasaron de agache, hubo un lapso de seis años sin un actor y, por supuesto, sin películas. Muchos creían que era inútil revivir al espía y que era mejor dejarlo como un ícono del pasado. Pero cuando Pierce Brosnan encarnó a James Bond, la saga tuvo un éxito que no se veía desde la época de Connery. La primera de sus películas como el agente 007, GoldenEye, fue la cuarta cinta más taquillera de 1995.

Brosnan, un irlandés reconocido por su papel en la serie televisiva Remington Steele, enfrentaba el gran reto de hacer que Bond siguiera siendo relevante luego de la caída de la Unión Soviética. Como explicó a esta revista el autor Mark O'Connell: "El éxito de la serie está en su habilidad para adaptarse a la escena geopolítica actual, pero nunca depender exclusivamente de ella". Por eso, el agente ya no luchaba en un marco tipo guerra fría, sino contra emporios mediáticos y dictadores que querían desestabilizar el orden mundial.

La interpretación de Brosnan fue la más diferente al espíritu original. Tenía algo de comedia light norteamericana y, tal vez por lo joven, no inspiraba el respeto de otros. Aún así, sus películas fueron muy taquilleras y el éxito hizo que se revalorizara el personaje y que todas las marcas quisieran ser parte del fenómeno. No en vano las más prestigiosas casas automotrices se pelean porque el agente conduzca su carro; Rolex y Omega tienen una riña casada para ver cuál de las dos adornará la muñeca del espía; y en Skyfall, la vigesimotercera entrega, el 007 cambiará su martini "shaken, not stirred" ("agitado, no revuelto"), por una Heineken, pues la cervecera pagó millones de dólares para que su producto aparezca en la nueva película.

El éxito de Brosnan impulsó al Bond actual. Luego de un minucioso proceso de selección, llegó el rubio y musculoso Daniel Craig. Si bien tiene la rudeza de Connery, muchos critican su falta de sofisticación y elegancia aristocrática. Pero eso no ha impedido que sus películas sean un fenómeno de taquilla y que, sumadas a las entregas anteriores, den un total de 5.000 millones de dólares recaudados en toda la historia. Craig se impuso como el más humano de los agentes con licencia para matar; un hombre que siente dolor físico y emocional, pero que puede defenderse sin problemas de toda clase de peligros. En otras palabras, le devolvió el estatus de leyenda que el personaje gozó cuando fue interpretado por Connery.

A sus 50 años, James Bond sigue siendo tan relevante como cuando se estrenó sin muchas esperanzas Dr. No. Su importancia en la cultura británica se eleva hasta la realeza, como cuando la reina Isabel II aceptó aparecer en un corto para la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 junto al espía. La saga sigue siendo adorada por fanáticos y el personaje sigue siendo tan fascinante como hace medio siglo. Como concluye el crítico Mark Monahan: "Hoy más que nunca, Bond es el hombre que todos quieren ser y con el que todas quieren estar".
 
Así es James Bond
 
El agente con licencia para matar es un hombre apuesto, inteligente, educado y, sobre todo, de gustos ultra sofisticados que van desde trajes de Savile Row hechos a la medida, hasta los más exquisitos tipos de caviar. Pero también es viril, rebelde, crudo y capaz de defenderse de cualquier peligro. Por eso, siempre está rodeado de mujeres hermosas consideradas símbolos sexuales de su época. Como buen donjuán, sin importar si son buenas o malas, Bond siempre encontrará la manera de llevarlas a la cama. Sus enemigos han intentado todo para deshacerse de él, pero gracias a los equipos que le proveen su secretaria, la señora Moneypenny, y el científico dr. Q, como un reloj que dispara rayos laser o activan una bomba, y una valija que se convierte en una bomba de gas, el espía sale casi ileso de toda situación. Los autos también son su sello personal y, aunque prefiere su clásico Aston Martin DB5, no hay película de Bond sin persecución de alta velocidad en un deportivo de gama alta. Pero no todo es trabajo y para terminar el día, luego de acabar con los villanos que quieren tomarse el mundo, el agente prefiere un martini “agitado, no revuelto”.
 
El creador
 
•El periodista Ian Fleming (con Sean Connery), exoficial en la Inteligencia Naval Británica, usó sus historias y las de sus compañeros para crear a James Bond, un agente del Servicio Secreto con licencia para matar.

En solo un mes escribió el primer libro de la serie, Casino Royale, pues quería distraerse y no pensar en su inminente matrimonio con Ann Charteris.

•Aunque el agente era un personaje al que le pasaban cosas extraordinarias, Fleming quería un nombre plano y aburrido, así que se inspiró en un ornitólogo de Filadelfia llamado James Bond para bautizar a su creación.

•El autor británico también diseñó la portada de Casino Royale, cuya primera edición se vendió en solo un mes.

•Según el libro Guinness World Records, la máquina de escribir enchapada en oro, donde Fleming escribió la serie, es la más cara del mundo: se vendió por 90.000 dólares en 1995.

•El creador de James Bond escribió 12 novelas y dos colecciones de cuentos cortos sobre el agente. Cuando murió, otros seis autores escribieron libros autorizados imitando el estilo de Fleming.
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