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| 10/20/2012 12:00:00 AM

Camaleones de la pasarela

La llegada de modelos andróginos y transexuales está revolucionando el concepto de belleza en la industria de la moda. Ahora las grandes marcas optan por hombres en bikini y mujeres de saco y corbata.

Sus nalgas se contonean coquetas, escasamente cubiertas por una tanga roja. Su largo pelo rubio cae sobre la espalda y cuando se quita el abrigo revela la diminuta cintura común en las pasarelas de hoy. Al final se voltea junto a un carro y aparece la leyenda del comercial: "No es una moda pasajera, no es casual, no es para todo el mundo". Solo entonces los espectadores entienden por qué no es para todo el mundo: la supuesta rubia de facciones delicadas por quien suspiraron por 30 segundos es un hombre.

Desde grandes compañías hasta reconocidos diseñadores están optando en sus desfiles y campañas por personas de rasgos indefinidos entre lo masculino y lo femenino, que puedan usar un traje de saco y corbata con la misma facilidad que uno de novia. El polémico comercial de la rubia en tanga roja, lejos de ser el primero, es un ejemplo reciente de la tendencia cada vez más popular a optar por bellezas andróginas que se salen del molde.

El protagonista de la producción es Stav Strashko, un israelí de origen ucraniano que con escasos 20 años ya es la imagen de Toyota y promete convertirse en uno de los modelos más cotizados del mercado. Desde que un cazatalentos lo descubrió en Tel Aviv, su vida se transformó y pasó de usar ropa oscura de estilo gótico, a glamurosos vestidos de mujer. "Solo cuando empecé a modelar me di cuenta de mi apariencia andrógina. Todos los estilistas me ponían faldas y pronto entendí que puedo parecerme mucho a una mujer",afirmó el joven en una entrevista para Candy, revista especializada en transgeneristas.

Sin embargo, a pesar de que se siente sumamente cómodo con atuendos femeninos y maquillaje, Strashko no tiene intención alguna de convertirse en mujer. Afirma sentirse a gusto con su cuerpo delgado y está consciente de las oportunidades laborales que supone su aspecto camaleónico. "Lo importante no es que sea hombre o mujer, sino que haga una gran interpretación", dijo a SEMANA Luis Venegas, creador y editor de Candy.

Caso distinto es el de la brasileña Lea T o la holandesa Valentijn de Hingh, quienes se sometieron a la cirugía de cambio de sexo y ahora desfilan exclusivamente como mujeres para importantes diseñadores. Lea T, una despampanante morena, fue durante años Leandro Cerezo Medeiros, el hijo del exfutbolista Toninho Cerezo, hasta que en sus veinte empezó a recibir terapia hormonal. Su exótica apariencia la llevó a las pasarelas de la mano de Riccardo Tisci, un diseñador de Givenchy para el que Lea trabajó como asistente personal. Finalmente, y luego de una dura batalla con su familia, se sometió a la cirugía.

De Hingh también nació hombre, pero supo desde niño que en el fondo no lo era. A los 12 años empezó terapia con inyecciones para frenar la pubertad masculina, a los 13 ya vivía como una chica y a los 19 se hizo la cirugía. Desde entonces Valentijn ha sido imagen de las colecciones femeninas de Maison Martin Margiela y Comme des Garçons. Las historias de modelos transexuales los hacen aún más atractivos para las casas de moda, pues la controversia que generan se traduce en dinero contante y sonante. "Para eso los contratan, para que generen polémica. No solo los clientes venden más, sino que también los modelos se cotizan. Es un negocio en el que todos ganan", explicó Venegas.

Pero a pesar de que las historias de modelos transgeneristas resultan fascinantes para el público, su campo de acción se limita al sexo que hayan escogido. En cambio, como afirmó a esta revista Janneke Friebel, dueña y creadora de la agencia holandesa especializada Androgyn Models: "Los modelos andróginos son multifacéticos; aprenden a caminar y a posar como hombres y como mujeres, así que pueden desfilar colecciones masculinas o femeninas. Uno obtiene todo por el precio de uno". Tal vez por eso es que figuras como Andrej Pejic o Erika Linder se están robando todas las miradas.

Famoso por desfilar con ropa de mujer, Andrej Pejic, un serbio radicado en Australia, se convirtió muy pronto en una de las caras más reconocidas del modelaje. Desde Jean-Paul Gaultier hasta Marc Jacobs se pelean por tenerlo en sus desfiles. Pero no hay razón para los celos, pues tras caminar por la pasarela con uno de los coloridos vestidos del diseñador francés, puede tranquilamente lucir la colección masculina del estadounidense. Su apariencia puede ser tan femenina que incluso ha servido para campañas publicitarias de brasieres. Esa ambigüedad ha sido siempre su mayor destreza y la razón por la que a los 17 años, mientras trabajaba en un restaurante de comidas rápidas, un agente quedó cautivado por el misterio de no saber si el cajero que lo atendía era hombre o mujer, y lo contrató en su agencia.

Su popularidad le abrió las puertas a otros modelos que, como él, son más conocidos por parecerse al sexo opuesto. Ese es el caso de la sueca Erika Linder, cuyo salto a la fama se debe, en parte, a haber aparecido en Candy. En esa ocasión su look masculino, su cara agresiva y su preferencia por la ropa ancha la convirtieron en un doble perfecto de Leonardo DiCaprio. Incluso, en marzo la revista Bello publicó unas provocadoras fotografías para el especial La batalla de los sexos en el que Linder posó como hombre junto a su amigo Pejic, quien apareció como mujer. El convincente papel de ambos los hace irresistibles para una industria en la que la línea entre lo masculino y lo femenino es cada vez menos rígida.

"El imagina-rio de la belleza se ha transformado. Ahora hay chicos que usan tacones o esmalte y la ropa ya no es solo para hombres o mujeres sino para quien quiera usarla. No se trata de reafirmar su sexualidad a través de prendas, sino de ponérselas porque les gustan", afirma Friebel. Sin embargo, los modelos andróginos o transexuales tienen muchos críticos que aún los ven demasiado extraños o incluso contra natura. Pero eso tiene sin cuidado a las nuevas estrellas de las pasarelas para quienes lo más importante es sentirse cómodas. Saben que aunque su estilo no es para todo el mundo, su creciente popularidad es prueba de que el fenómeno ni es casual, ni es pasajero.
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