Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1993/04/26 00:00

CAMBIO DE VIDA

Recién separada, con dos hijos y una nueva profesión, Lina Botero dobla una página de su vida.

CAMBIO DE VIDA

HACE POCO más de un año, Lina Botero era una mujer casa da con dos pequeños hijos, a quien muchos asociaban con la imagen de sus padres, los dos monstruos de la cultura, Gloria Zea y Fernando Botero. Su imagen profesional era la de una presentadora de TV que oscilaba entre el campo de la música pop y la cultura. Su imagen social era la de una mujer de mundo que asistía a reuniones sociales del jet set en todas las capitales y cuya presencia registraban extensamente todas las revistas de farándula. Era una vida segura con un futuro trazado donde pocas cosas podían cambiar.
Sin embargo todo eso cambió. En el último año, se separó de su marido Alfred Wild con quien llevaba nueve años de casada y su vida dio un vuelco. Decidió romper con lo que ésta había sido hasta ese momento y la enfrentó a su manera. ~Yo siempre he creído que la única obligación que uno tiene es la de ser feliz. Si uno no lo es, tampoco puede hacer feliz a los demás. Por eso, en la vida hay momentos en los cuales hay que tomar decisiones que son inaplazables".
La decisión de separarse no fue fácil. La experiencia de ser hija de separados famosos había, inevitablemente, marcado su juventud con episodios tanto buenos como malos. Yo siempre he creído que una separación manejada con inteligencia puede llegar a ser una experiencia enriquecedora", agregó evocando la importancia que representó en su vida la llegada de personajes como Andrés Uribe Campuzano el segundo marido de su madre y las dos esposas de su padre, Cecilia Zambrano y Sophia Vari. "Gracias a circunstancias que otros podrían juzgar como negativas, tuve oportunidad de tener cercanas a mí personas de una extraordinaria dimensión hu mana que representaron siempre con ejemplo en mi vida. He aprendido que las relaciones se logran luchando y cultivándolas cada momento de la vida y que esa es una batalla sin tregua".
En este momento su principal preocupación son sus hijos. "No quisiera que vivieran ninguno de los aspectos negativos de una separación, sino, por el contrario, que se sintieran ahora más rodeados de amor que nunca. Por eso Alfred y yo tenemos tan buena relación y por eso estamos conscientes ambos de lo importante que es consolidar una familia alrededor de ellos". Alfred Wild, su ex marido, es un conocido galerista que ha promovido artistas tan importantes como Fernando de Szyszlo, Ana Mercedes Hoyos, Fernando Dávila, Gonzalo Ariza y otros. El amor al arte fue algo que los unió al principio y que continúa uniéndolos en esta etapa.
En este primer año de scparada, Lina ha vivido en carne propia las dificultades de ser simultáneamente madre y mujer profesional. "Ese ha sido el conflicto eterno de mi vida. Uno continuamente se cuestiona cómo se logra un equilihrio entre es tos dos papeles. Estoy convencida, sin embargo, de que uno educa con el ejemplo y con profundo amor. Ha sido una situación difícil pero cada día que pasa siento que la puedo manejar mejor".
~Manejarla cada vez mejor" ha significado que no le queda un instante libre. En un corre corre permanente entre sus hijos y el trabajo su actividad no para hasta las nueve de la noche cuando después de dormir a Andrea y a Nicolás dedica tiempo para ella misma.
"Eso significa a veces el placer infinito de quedarme en la casa con la chimenea prendida, oyendo música y gozando simplemente de tener tiempo para mí, porque esos momentos son hoy en día muy raros en mi vida".
Esto no es para decir que no le gusta salir. Lo que pasa es que en este campo es radical. Cuando sale le gusta divertise, rumbear y, si es posible, bailar.
Este estilo de vida ha hecho que curiosamente no haya conocido lo que más temen las personas separadas: la soledad. "Siempre oí decir que eso era terrible. Pero yo, por el contrario, no la he conocido". Esto se lo atribuye en parte a la falta de tiempo. Para sentirse solo, hay que ser una persona desocupada y eso, definitivamente, no es Lina Botero.
"Cuando uno tiene que combinar dos hijos con cuatro trabajos, estar solo se convierte en un privilegio". Pero agrega que la soledad es un estado de ánimo que sólo se siente cuando no se tiene paz interna, y, según Lina, "este es el momento de más paz y más tranquilidad en mi vida".
Lo que es indiscutible es que se mantiene ocupada. Además de su trabajo en la televisión, la decoración ha adquirido una nueva dimensión en su vida. Siempre la había tenido como hobby. Como hija de Gloria Zea, las visitas a los anticuarios en París, Nueva York y Londres fueron parte de su formación. Había participado en la decoración de sus propias casas, las de su mamá y las de su papá, las cuales han aparecido muchas veces en revistas internacionales. Un día se encontraba comiendo informalmente con Carlos Ardila y Florencia Borrero cuando ellos plantearon que estaban pensando redecorar su casa de Medellín, un enorme complejo en El Poblado donde pasan la mayor parte de su tiempo. Desde hacía mucho tenían pendiente hacerle cambios y al poner el tema sobre la mesa, Lina dio sus opiniones. Al llegar el postre, el contrato de decoración era suyo y desde ese día gran parte de su tiempo se la pasa en avión entre Medellín y Bogotá, ejerciendo su nueva profesión de decoradora. Antes de terminar su primer trabajo ya le han llovido muchas ofertas que ha tenido que rechazar por falta de tiempo.
Otra de sus inquietudes incluía el hecho de que en el país no existía una buena revista de decoración.
Por eso propuso crear una nueva publicación llamada "Decora", hecha en Colombia pero con la sofisticación de las revistas internacionales. Le sugirió su idea a Semana Colección, como parte de su proyecto de 10 ediciones especiales para el hogar.
Dicho y hecho. Tres meses de trabajo al frente de la revista como directora produjeron el lanzamiento del primer número que próximamente aparecerá en el mercado.
Pero la decoración no es su única nueva actividad. También lo es su incursión en el mundo del arte. Como periodista cultural lo había cubierto a través de su programa "Ojo al arte", el cual obtuvo dos premios Simón Bolívar el año pasado. A esto, ahora, le ha agregado un nuevo papel como representante de su padre y de su obra para América Latina.
Todo esto hace que 1993 vaya a ser un año de grandes definiciones para Lina Botero. A los 33 años, su vida ha llegado a una encrucijada.
Es mucho lo que dejó atrás, y mucho lo que le espera por delante.
"Este es un momento de gran plenitud y creatividad en mi vida. A través de mis hijos y de mi trabajo, me he encontrado a mi misma y he descubierto el placer infinito que es la aventura de vivir la vida día a dia".

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