Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1996/09/30 00:00

CAMILA O LA CORONA

A pesar de ser el impulsor de las reformas para modernizar la monarquía, el príncipe Carlos tendrá que elegir entre el trono o su amante.

CAMILA O LA CORONA

El anuncio oficial del divorcio de Carlos y Diana no pareció importar a los británicos, ocupados por estos días en un asunto de mayor trascendencia y que, por primera vez en su vida, es liderado por el príncipe Carlos. Se trata de la revolucionaria reforma de la monarquía, que tiene a Carlos como cerebro y muy ansiosos a sus súbditos, después del desastroso desprestigio que en los últimos años ha erosionado los cimientos del palacio de Buckingham. Las principales propuestas de esta renovación son: desmontar la Lista Civil, lo que significa que la familia real renunciaría a los 75 millones de dólares que recibe de los contribuyentes, para vivir de sus propias rentas. Establecer una nueva línea de sucesión, con igualdad de sexos, que llevaría a la princesa Ana del octavo al segundo lugar en el derecho al trono. Reducir el número de miembros de la familia que llevan títulos reales, lo cual sacaría a Diana del círculo de Windsor. Terminar con el papel del monarca como cabeza de la Iglesia Anglicana, lo que elimina la prohibición de acceder al trono a un divorciado y, finalmente, permitir al heredero casarse con una católica romana, lo cual echaría por tierra otro obstáculo para que Carlos contraiga matrimonio con Camila. Pero aunque estas reformas parecen allanar el camino para un segundo matrimonio del príncipe, el asunto no es tan sencillo. Tanto la familia real como sus súbditos saben que, después de estos annus horribilis, la modernización es vital para que la monarquía subsista en el próximo siglo. Sin embargo, cualquier propuesta que Carlos impulse deberá pasar por un largo proceso de estudio y debates en el Parlamento antes de convertirse en ley, y el momento político actual no es el más propicio para emprender cambios. Además, es precisamente el aspecto político la principal talanquera para que Carlos y Camila se unan. Es cierto que ha sido un amor clandestino de 26 años, y es probable que Carlos logre eludir el título de jefe supremo de la Iglesia Anglicana, establecido hace 450 años por Enrique VIII, pero es muy poco probable que Camila se convierta en su esposa. La sentencia de divorcio dictada el miércoles pasado, lejos de apaciguar ha provocado una oleada de críticas contra Carlos. Tanto la Iglesia Anglicana como algunos parlamentarios ven que el heredero no tiene ninguna intención de poner fin a sus amoríos y han manifestado que se oponen a un nuevo matrimonio del príncipe, tras señalar que sería "intolerable". Algunos incluso han dicho que si Carlos tiene intención de casarse con Camila primero debe abdicar. De otra parte, las encuestas realizadas la semana anterior muestran que existe una profunda hostilidad pública con la idea de que la amante de Carlos se convierta en la próxima reina de Inglaterra. Los sondeos de los diarios londinenses señalan que casi el 90 por ciento de los británicos se opone a que Carlos se case con la mujer que amaba cuando se casó con Diana. Muchos aún manifiestan su disgusto porque Carlos haya preferido a una amante vieja y desaliñada sobre una esposa joven y glamourosa. "La mejor manera de que Carlos convenza a sus futuros súbditos de su capacidad de ser rey _manifestó el Daily Telegraph_ es que no sea visto con Camila.. Los años siguientes deben ser para expiar su pasado". Lo que está claro es que los ingleses podrían estar dispuestos a aceptar un adúltero como rey, pero nunca aceptarán a una adúltera como reina. Y si eso contó para Diana, también contará para Camila. Y hoy más que nunca resultan válidas las palabras que ella le dijo a Carlos la primera vez que rompieron: "Hay un conflicto entre el individuo y la institución y en este caso, la institución debe ganar". Aunque hay quienes piensan que el carácter blando de Carlos lo podría llevar a seguir los pasos de su tío abuelo, el duque de Windsor y renunciar al trono por amor, para el grueso de la opinión pública será Camila quien siga los pasos de su bisabuela, Alice Keppel, quien fue durante muchos años la amante del príncipe de Gales, antes de que se convirtiera en el rey Eduardo VI.

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