Sábado, 21 de enero de 2017

| 1999/06/07 00:00

CAMINO AL CIELO

Luego de su reciente beatificación el controvertido Padre Pío, de quien se dice tenía en su cuerpo <BR>los estigmas de Cristo, está a punto de convertirse en santo.

CAMINO AL CIELO


CUANDO SE HAbla de fervor religioso muchos creerían que el templo más visitado por los católicos del
mundo, después del Santo Sepulcro, es el santuario de la Virgen de Lourdes. Sin embargo la madre de Dios
ha sido literalmente 'desbancada' en materia de peregrinaje por un monje italiano que es capaz de reunir en su
monasterio a siete millones de fieles cada año. El responsable de esta romería es el Padre Pío, un sacerdote
capuchino que el pasado 2 de mayo fue beatificado por el Papa Juan Pablo II.
Ese día cerca de 300.000 personas se dieron cita en la Plaza de San Pedro, en Roma, para rendirle un
homenaje al controvertido místico fallecido en 1968. El Padre Pío no sólo se distinguió por una vida entregada
al servicio de Dios sino por ser el primer religioso en llevar en su cuerpo los estigmas de Cristo. Este privilegio
lo obtuvo en 1918, cuando cayó en un profundo estado de éxtasis luego de celebrar una misa. En su sueño vio
la imagen de un hombre con heridas en las manos, los pies y el costado que se acercaba dulcemente hacia
él. Cuando el monje recobró la conciencia descubrió que en sus miembros habían aparecido las mismas llagas
sangrantes del misterioso ser.
Durante 50 años el Padre Pío convivió con los dolo rosos estigmas que lo obligaban a permanecer varias horas
recluido en su habitación. Según declaraciones de testigos, con cl paso del tiempo el monje desarrolló
poderes sobrenaturales dignos de admiración, pues era capaz de predecir el futuro, estar físicamente en dos
lados a la vez y sanar a los enfermos. Sus dotes hicieron que su nombre se popularizara rápidamente hasta el
punto de que cientos de fieles de todo el mundo organizaron excursiones al convento de San Giovanni
Rotondo, en Italia, para venerar al santo varón.

CACERIA DE BRUJAS
La repentina ola de mi lagros llamó la atención del Vaticano que decidió tomar cartas en el asunto. Como si
se tratara de una misión de es pionaje varios sacerdotes se infiltraron en la comunidad capuchina para
investigar el extraño comportamiento del monje. Instalaron micrófonos en su celda, escucharon detrás del
confesionario y leyeron su correspondencia con el fin de encontrar alguna prueba que de mostrara que se
trataba de un fraude. Las primeras teorías señalaban que el Padre Pío se infligía él mismo los estigmas usando
ácido nítrico y que se rociaba perfume de rosas para imitar las emanaciones divinas. Sus detractores afirmaron
que el padre mantenía orgías con sus discípulas, que le pagaba a los periodistas para que escribieran cosas
buenas sobre él y que malgastaba el dinero que los devotos le daban.
La fuerza de estas acusaciones llegó al seno de la Iglesia Católica, que a comienzos de la década de los 30 le
negó al Padre Pío el derecho a celebrar la Eucaristía. Para sorpresa de sus enemigos las adversidades, lejos
de menguar el carácter del monje, fueron afianzando su poder entre los creyentes, quienes pidieron a gritos la
beatificación de su maestro.
Los ruegos fueron escuchados por Juan Pablo II, quien, contrario a sus antecesores, consideró que los actos
celebrados por el Padre Pío eran dignos de admiración. La prueba reina para su beatificación fue la sanación
en 1992 de Consiglia de Martino, una italiana que tras invocar al monje logró recuperarse de una enfermedad
mortal. Si bien es cierto que este milagro fue pieza clave a la hora de demostrar la veracidad en las acciones
del Padre Pío, también lo es el hecho de que el Sumo Pontífice estaba convencido desde hacía tiempo de sus
facultades sobrenaturales. El mismo lo pudo comprobar cuando se desempeñaba como obispo auxiliar de
Krakov, en Polonia. En ese entonces le escribió una emotiva carta al Padre Pío en la que le pedía que orara
por una amiga suya que sufría de cáncer. A los pocos meses, y sin haberla visto personalmente, los rezos del
monje la sanaron. Desde esa fecha Juan Pablo II ha seguido de cerca la obras del capuchino y, como están
las cosas, no sería de extrañar que en el próximo siglo el Padre Pío engrose la lista de los santos más
venerados ya que para merecer este alto reconocimiento sólo necesita un segundo milagrito comprobado.

SANTOS A LA CARTA
Sin duda alguna Juan Pablo II está pasando a la historia de la Iglesia Católica como el Papa que ha realizado
el mayor número de beatificaciones y canonizaciones. A lo largo de sus 21 años de pontificado Karol Wojtyla
ha nombrado 819 beatos y 283 santos. La cifra es sorprendente si se tiene en cuenta que antes de 1978
fecha en la que Wojtyla asumió el papado la Iglesia sólo había otorgado 302 canonizaciones en 407 años
según los registros que datan de Clemente IV.
Los opositores del Papa aseguran que en la mayoría de los casos las razones para otorgar la santidad no
obedecen a facultades espirituales sino a estrategias políticas para favorecer a determinados grupos. Los
casos que más revuelo han causado son las beatificaciones de monseñor Escrivá de Balaguer (fundador del
Opus Dei), y Ceferino Jiménez (un gitano asesinado durante la Guerra Civil Española) y la canonización de
Edith Stein (una monja de origen judío que murió en Auschwitz). A pesar de las críticas los procesos seguirán
y en la lista de espera se encuentran la Madre Teresa y los Papas Pablo Vl y Juan XXIII.

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