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| 3/30/1987 12:00:00 AM

CANTA EL ASESINO

Después de seis años de silencio, el asesino de Lennon decide confesarse

CANTA EL ASESINO CANTA EL ASESINO
El ocho de diciembre de 1980 a las once de la noche, un muchacho llevaba más de diez horas esperando junto a la puerta del edificio "Dakota", en Manhattan, a que John Lennon regresara, para matarlo. Se habían visto al mediodía y el encuentro sólo sirvió para que el compositor le firmara un disco e intercambiaran unas pocas palabras. En ese momento, Mark Chapman fue incapaz de sacar la pistola y dispararle.
Pero, cuando muerto de frío y sueño sintió que se abrían las puertas de la limosina ante el edificio y que Lennon y su mujer Yoko Ono caminaban hacia donde él estaba, supo que la espera había terminado, que el otro lo había reconocido, que Yoko se había adelantado algunos metros, que el otro quedaba solo, que sería un mejor blanco, en ese momento: "No sentí emoción alguna, no sentí rabia, nada, sólo sentía un silencio mortal en mí cabeza, una quietud mortal, muy fría y cuando él pasó junto a mí, sentí una voz por dentro que me decía "hazlo, hazlo" él siguió caminando, entonces saqué la pistola; no recuerdo si le apunté, a lo mejor lo hice, pero no recuerdo si dirigí el arma hacia él, sólo sé que disparé cinco veces".

En esos momentos, mientras disparaba, mientras contemplaba a Lennon sacudido por los balazos, ¿qué sentía, qué pensaba Mark Chapman? Siempre ha dado la misma respuesta, seis años atrás y ahora: "Recuerdo que pensaba, las balas están haciendo lo suyo" pensaba cómo la humedad del arma podía haberse pasado a las balas, sentí un poco de pesar porque las balas estaban en acción, pero no estoy seguro, sólo recuerdo que pensaba cómo las balas estaban haciendo lo suyo".

Seis años después del asesinato a sangre fría que cambió en parte la historia contemporánea de la música, ese muchacho que era un fanático de los Beatles, ha hecho confesiones cándidas, mesiánicas y alucinadas.

UN MODELO DE VIDA
En medio de sus confesiones y los testimonios de amigos, médicos y expertos en conducta humana, curiosamente aflora la obsesión de Chapman con una pequeña obra maestra de la literatura norteamericana, "Cazador en la sombra" de J. D. Salinger cuyo protagonista, Holden Caulfield, un muchacho rebelde y sucio y peligroso se convirtió en su modelo de perfección y llegó hasta el punto de querer adoptar su nombre en la vida real pero nunca se decidió.

Los terribles momentos que siguieron a los cinco balazos contra John Lennon, reconstruidos por el portero del "Dakota", algunas pocas personas que pasaban en medio del frio cortante que hacía y el mismo Chapman, no fueron como él los había planeado. Después de disparar, dice, iba a agacharse al suelo y quedarse en posición fetal y cuando le preguntaran el nombre diría que era el otro, el personaje de Salinger, cuyo libro alzaría ante los policías. Pero no sucedió asi. Después de dispararle a Lennon, el portero salió corriendo, le dio un golpe y le tumbó el arma y le gritó que se fuera, que se perdiera y Chapman, desconcertado, después de haber logrado lo que había decidido varios meses atrás, cuando se sintió decepcionado con Lennon, le respondió en un susurro: "A dónde iría, no tengo a dónde ir" y se quedo quieto, se echó en el suelo hasta cuando apareció la primera patrulla. Cuando apareció un policía, quien en principio no podia creer que ese hombrecito fuera el autor de los disparos, porque les repitió varias veces "lo siento mucho, no quería causarles problemas".

Mientras en el Hospital Roosevelt el cuerpo desangrado de Lennon era atendido por un numeroso equipo de médicos, Chapman daba sus primeras declaraciones a la Policia: "Nunca quise hacerle daño a nadie, mis amigos lo pueden decir. Lo que ocurre es que hay dos seres dentro de mí. La mayor parte está dominada por una persona amable y los niños con quienes trabajé pueden decirlo. Pero la otra parte es incapaz de entender el mundo y lo que ocurre fuera. No quería matar a nadie y la verdad es que no sé porqué lo hice...".

Las confesiones de Chapman están reforzadas por entevistas con sus dos mujeres, su madre y algunos amigos para quienes este hombre no llevaba una vida normal y en quien las obsesiones con la religión, las drogas y la muerte misma lo llevaron a atacar a Lennon, no por él mismo, sino como uno de los blancos elegidos dentro de un grupo en el cual también estaban otras celebridades como Jackie Onassis, Johnny Carson, Paul McCartney, George C. Scott, y hasta el mismo Ronald Reagan. --

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