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| 4/25/2004 12:00:00 AM

Casi un milagro

Esta es la increíble historia de una mujer que se perdió a los 7 años y que a los 52 se reencontró con su familia.

La vida de Gloria Gómez, una humilde campesina nacida en Génova, Nariño, está marcada por dos grandes momentos. El primero ocurrió en 1957, cuando salió de su casa y nunca más pudo volver. El segundo sucedió hace menos de un mes, cuando encontró de nuevo a su familia. Aunque ella cree con firmeza que el destino de las personas ya está escrito, no deja de sorprenderse por las casualidades que se juntaron para encontrar a sus seres queridos. Gracias al programa de Telepacífico Desaparecidos y desplazados pudo cambiar un destino lejos de los suyos.

"Recuerdo que vivíamos en una finquita, mi papá se dedicaba a tejer sombreros de paja y siempre me daba una canasta para recoger el café. Por las noches alumbrábamos la casa con velas y se cocinaba con leña". Estas escasas imágenes de la infancia alimentaron la solitaria vida de Gloria Gómez durante 45 años. También recordaba los nombres de sus padres, Rogelio Gómez y Pastora.

Su pesadilla comenzó cuando sus padres decidieron separarse. En 1957 su mamá se trasladó de Génova a Cali, donde vivían unas primas suyas. Mientras doña Pastora encontraba una casa y un empleo para sostener a sus hijas las dejó al cuidado de sus primas, que tenían un restaurante cerca de la galería central en el barrio El Calvario. "Como las niñas no veían casi a Pastora, vivían muy tristes y lloraban mucho", recuerda un familiar cercano. Por eso Gloria, que tenía 7 años, salió un día a la calle sin que nadie la viera y estuvo dando vueltas en busca de su mamá. Nadie reparó en su ausencia hasta bien entrada la noche. Cuando salieron a buscarla los vecinos sólo atinaron a decir que a la niña se la había llevado la loca del barrio, una anciana que había sido una reconocida enfermera del lugar que sufría de demencia senil y solía merodear por las calles del sector.

Según los vecinos, la mujer vio llorando a la pequeña y la recogió, pero nadie pudo dar razón del lugar donde la había llevado. "Se me perdió la más linda", siempre decía Pastora en medio de su dolor. Desde entonces empezó su calvario. Fue en busca de la mujer que le había arrebatado a su hija, pero en su locura le respondió que no sabía nada. Las esperanzas de doña Pastora se esfumaron.

Para fortuna de Gloria, en un momento de lucidez la loca la entregó a las monjas del internado de La Valvanera, donde albergaban a niñas indigentes. Allí cuidaron a Gloria durante toda su infancia. Ella recuerda que al principio fue difícil adaptarse. Sufría por la ausencia de su madre y todo el tiempo pedía a las monjas que la llevaran al restaurante de las primas, una pista muy vaga para sus benefactoras.

El buen trato y el afecto la ayudaron a sobreponerse. Hizo su primaria y aprendió varios oficios como tejer y coser a máquina. Por eso el trabajo nunca le ha faltado.

Del internado salió de 15 años recomendada para trabajar en la casa de una familia. Pero no duró mucho allí: "El señor de la casa cada vez que se tomaba unos tragos me la dedicaba, insistía en que le abriera la puerta del cuarto que él quería dormir conmigo", recuerda hoy a sus 52 años.

Esto la asustó y se fue para donde una señora que conoció en el internado, quien la protegió durante dos años. Intentó buscar a su familia, sumó sus pocos recuerdos y llegó hasta el barrio donde sus primas tenían el restaurante, con tan mala suerte de que ya no existía y nadie supo darle razón.

Pasó el tiempo y en la vida de Gloria apareció Pedro Vicente Rojas, con quien terminó su soledad. Su historia de amor comenzó el día que a Pedro le encargaron arreglar un altar para una velación. Una vez preparado todo comenzaron a llorar al muerto mientras bebían. En esas estaba Pedro Vicente cuando se abrió una ventana y vio a una muchacha linda pero despeinada; ahí mismo le gritó, "vaya péinese para que pueda salir". Gloria le hizo caso y después siguió recibiéndole visitas al atrevido hasta que se casaron.

Él le dio a Gloria lo que había perdido a muy temprana edad: una familia. Pero siempre mantuvo la ilusión de volver a ver a los suyos. Y cuando recientemente en la empresa donde trabaja le informaron que debía alistar los papeles y registros para tramitar su jubilación, renacieron en ella los recuerdos y decidió iniciar la búsqueda nuevamente. Por una confusión alistó viaje a Génova, Quindío, y no a Génova, Nariño. Creía que había nacido ahí por los recuerdos que tenía: una finca con mucho café. Pero antes de viajar, una amiga le dijo que fueran a Telepacífico. Y así lo hizo.

A la semana de haber sacado el aviso el director, Lisandro Penagos, recibió una llamada de la alcaldía de Génova, Nariño. Le informaron que unos hermanos de Gloria la habían reconocido y querían hablar con ella porque su mamá vivía en Cali a 30 minutos en carro de su hija. Siempre habían estado cerca.

Un vecino de los hermanos de Gloria, que aún viven en Génova, estaba viendo el programa el día que salió la nota donde ella contaba cómo se había perdido y les avisó. Ellos fueron los primeros que la llamaron y le informaron cómo encontrarse con Pastora. Después la llamó una hermana, Arnobia, que vive en Corinto, Cauca. Hasta que por fin un día, a comienzos de abril, acompañada de su esposo, sus dos hijos y sus cuatro nietos recorrió la carretera destapada que lleva de Cali hasta El Rosario, corregimiento donde vive la mamá, y se abrazó con ella después de 45 años de estarla añorando. "Mija, creí que me iba a morir sin volver a verla, gracias a Dios está aquí", dijo Pastora al ver a su hija extraviada. Hubo lágrimas y una tarde llena de recuerdos alegres y tristes, sobre todo cuando le contaron a Gloria que su papá había fallecido hacía tan sólo un año. "Él siempre nos recomendó que no dejáramos de buscarla", le confesó Bolívar, otro hermano que Gloria no conocía.

Pasado un mes del reencuentro, Gloria es una mujer feliz, aunque sabe que será imposible recuperar el tiempo perdido. Para ella el paso que sigue es volverse amiga de su mamá y sus hermanos: "Eso de que le llegue a uno la familia estando viejo no es fácil". Pero con el empeño que siempre la caracterizó, ella está preparando todo para celebrarle el día de la madre a Pastora. El único que se queja es Pedro Vicente, su esposo, que no pierde su humor: "Claro que yo vivía mucho más sabroso antes de que apareciera la suegra".
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