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| 7/5/2012 12:00:00 AM

Chávez, el insurgente

El comandante Hugo Chávez celebra su cuarto mandato que le permitirá por la vía democrática permanecer como presidente de Venezuela hasta el año 2019. Veinte años antes de llegar a la Presidencia de Venezuela, Hugo Chávez ya era un conspirador en busca del poder.

Al acto en el que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, anunció los proyectos de recuperación del estado Vargas, azotado por una tragedia natural, acudieron cientos de personas. Era febrero del 2000. Dos horas más tarde de lo previsto, el mandatario descendió de un helicóptero Black-hawk.

La presencia del presidente desató una emoción colectiva de la que era imposible no contagiarse. Quien caminaba entre la gente con el traje verde de comandante, boina roja y botas militares, no parecía un hombre de carne y hueso, sino un dios. Hubo llantos, gritos, empujones, y vivas a favor del hombre que prometía partir en dos la historia de ese país. Llegó sonriente y abrazaba a los niños y las ancianas. Rodeado del personal de la Casa Militar (equivalente a la guardia presidencial), se abrió espacio entre la gente, que hacía hasta lo imposible por siquiera rozarlo. En ese tiempo, la posibilidad de que lo asesinaran no agobiaba sus puestas en escena. Así las cosas, no necesitaba, como en tiempos recientes, el chaleco antibalas y tener cierta distancia con su auditorio.

El 15 de diciembre de 1999, dos meses antes del encuentro en el estado Vargas se aprobó la nueva Constitución Bolivariana de Venezuela, con la cual quedó derogada la que rigió los destinos de Venezuela desde 1961. Por esa razón, el comienzo del milenio estuvo repleto de esperanzas para el 57 por ciento de la población, que prefirió la oferta de Chávez frente a la del candidato opositor, Enrique Salas Römer, quien apenas obtuvo un 34 por ciento de los votos.

Así fue como se cumplió la primera promesa electoral de Chávez en campaña, ratificada en un notable acto de irreverencia el 2 de febrero de 1999, cuando asumió el cargo de primer mandatario ante el ahora extinto Congreso de la República de Venezuela.

Ante la cadena nacional de radio y televisión, y junto al presidente saliente, Rafael Caldera, Hugo expresó con voz clara y fuerte: “Juro delante de Dios, juro delante de la patria, juro delante de mi pueblo y sobre esta moribunda Constitución, que impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República tenga una Carta Magna adecuada para los nuevos tiempos. Lo juro”.

La nueva constitución rebautizó a la Nación con el nombre de República Bolivariana de Venezuela, acabó con el bipartidismo (Acción Democrática – Partido Social Cristiano), eliminó el congreso bicameral para convertirlo en Asamblea Nacional, modificó los símbolos patrios, cambió el sistema de gobierno de democracia política y representativa a democracia social, participativa y protagónica, creó los poderes públicos ciudadano y electoral y le dio derecho de voto a los militares, entre otras novedades.
 
Así nació el Ejército Bolivariano Revolucionario

La nueva constitución como ley fundamental del Estado venezolano estuvo en gestación desde el nacimiento del Ejército Bolivariano Revolucionario, en 1982, integrado, apenas, por dos capitanes, un teniente y Chávez, con su grado de comandante (o teniente coronel). A este movimiento insurgente se fueron uniendo otros miembros de la fuerza militar que, atraídos por la idea de la conspiración, se reunieron en distintas partes del país para “prepararse por si pasa algo”, o más bien, para hacer que pasara.

“Viajaba mucho, tomábamos contactos, hablábamos con oficiales, eso sí, guardando las medidas de seguridad. Discutimos bastante para agregar la R de Revolucionario al movimiento porque en un militar era natural que la palabra se asociara a comunismo y guerrilla, pero lo logramos. Celebramos cinco congresos nacionales con participación de algunos civiles que compartían nuestra ideología. Nunca nos descubrieron. Y así se le dio forma al proyecto político”, relató Chávez en una entrevista con el periodista Eleazar Díaz Rangel.

Se trata del mismo grupo que 10 años más tarde protagonizó el fallido golpe de Estado que intentó derrocar al entonces presidente Carlos Andrés Pérez, el mismo hombre que le entregó en 1975 el sable a Chávez, cuando se graduó de oficial de la Fuerza Armada Nacional en la Academia Militar.

Antes del golpe, el movimiento militar perdió entusiasmo, pero lo reavivó una revuelta civil contra las políticas económicas implementadas por Pérez en 1989, denominada ‘El Caracazo’. La masacre que se vivió en las calles, en el enfrentamiento del pueblo y la milicia, fue determinante para que el grupo afinara los detalles de la insurrección del 4 de febrero de 1992, protagonizada por Chávez, contra el gobierno de Pérez.

Prepararon varios escenarios militares teniendo en cuenta el factor sorpresa, pero las previsiones fueron insuficientes. Comenzaron los asaltos y pasada la medianoche, empezaron a caer muertos y heridos de los bandos de los insurgentes y los institucionales. A Chávez le correspondieron las operaciones que buscaban ocupar el poder en la capital. Pero mientras sus “compañeros de armas” lograron someter a las fuerzas oficialistas en Maracaibo (Zulia), Valencia (Carabobo) y Maracay (Aragua), donde estaban las principales bases militares del país, después de Caracas, Chávez no logró hacerse del control en Miraflores.

El presidente Pérez se dirigió al país, en cadena nacional, y anunció “la sublevación de facinerosos contra la democracia”, logró huir sano y salvo de Miraflores y los alzados se vieron sobrepasados en número por los leales. Lueg, siguió el discurso de 34 segundos por televisión, en el que Chávez reconoció su primera derrota, y empezó también a preparar su primera victoria.

“Compañeros, lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital… Por favor, depongan las armas. Yo, ante el país y ante ustedes, asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano”, dijo Chávez con total serenidad ante las cámaras. (Ver video)

Hugo estuvo preso un par de años, tiempo en el que recibió cientos de visitas de amigos, familiares y sobre todo, curiosos solidarios con su causa. Luego, fue liberado por el presidente Rafael Caldera, y a los pocos meses de haber recuperado la libertad, comenzó el minucioso trabajo de llevar su mensaje revolucionario a todos los rincones del país, con una consigna que caló entre los electores: “Por la Asamblea Constituyente –para una nueva Constitución– contra la corrupción, por la defensa de las prestaciones sociales, aumento general de sueldos y salarios. Gobierno bolivariano ahora”. El 6 de diciembre de 1998, finalmente, alcanzó su objetivo.

“La primera vez que vine a Miraflores fue a buscar una caja de whisky. Siendo cadete, me mandó un capitán, porque estábamos organizando un reinado en mi comando… Volví, años más tarde, cuando estudiaba computación. Otras veces vine a acompañar a mis superiores… Ya estaba conspirando y sabía que un día llegaría aquí para quedarme”, contó Chávez a comienzos del 2012, en un programa dominical del canal Televen.

Mítico y religioso

En la sala de una humilde vivienda ubicada en un barrio de estrato bajo de Venezuela, un altar con figuras a las se que consideran santas, venera a José Gregorio Hernández, la virgen María, San Onofre y Hugo Chávez. Delante de las imágenes hay tres velas, flores y un vaso con agua. La mujer de la casa justificó la foto del presidente en esa mesa: “Es el santo que más milagros nos ha hecho”.

La mujer se refería, tal vez, a la política chavista que llevó a los médicos cubanos hasta los rincones más ínfimos del país, para que atendieran a la población más pobre. Además, a los mercados socialistas que ofrecieron productos subsidiados por el Estado, las calificadas exitosas labores de alfabetización, el poder otorgado a las comunidades para la ejecución de obras a través de los consejos comunales, los centros gratuitos para el diagnóstico médico, la política proteccionista para los empleados públicos, la redistribución de tierras en el campo y el programa que otorga la bonificación de manutención para las amas de casa.

Además de la devoción que le profesan al presidente Chávez, también él mismo se ha ocupado de idolatrar a ciertos personajes, que según dice, guían sus pasos y son sus fuentes de inspiración. Entre sus personajes admirados están Simón Bolívar, Ezequiel Zamora, el Che Guevara, y Fidel Castro.

Desde la cárcel de Yare, donde permaneció retenido por golpista, Chávez le dijo a Laura Sánchez, periodista de El Nacional: “El verdadero autor de esta liberación es el general Simón Bolívar, él con su verbo incendiario nos ha incendiado la ruta”. Luego, en su programa dominical Aló Presidente, contó que cuando era niño su héroe no era Superman sino Bolívar, y en el 2001 citó a este personajes ante el periodista norteamericano Jon Lee Anderson, al justificar la causa de los sentimientos extremos que genera en la gente: “Sólo soy una débil paja arrebatada por el huracán revolucionario”.

Así, poco a poco, Hugo se apropió de la figura del Libertador a favor de su proyecto y logró diluir la fina línea que divide lo religioso de la historia patria. En ese sentido, es posible entender por qué en todas las alocuciones está presente el pensamiento bolivariano con el fin de dar sustento a las políticas que se implementan en Venezuela. Hugo puede recitar de memoria cualquier frase de Bolívar y vincularla con la realidad actual de ese país. Así ha logrado alimentar un culto que lo convierte en predicador de la palabra del líder latinoamericano. Incluso, para algunos, Hugo es percibido como la resurrección de Bolívar.

El historiador Elías Pino Iturrieta, en su ensayo El Divino Bolívar, sostiene que la devoción de Chávez por el Libertador puede rayar en el delirio. Lo que parecía un mito urbano es confirmado, al menos, por seis personas que el autor asegura que entrevistó antes de describir cómo el revolucionario hablaba con un busto de Bolívar y le guardaba una silla vacía para que –su espíritu- participara en los encuentros en los que se planificaba la nueva República. “Mientras transcurren las discusiones –después de su salida de la cárcel- la soledad de una silla testimonia la asistencia del héroe. En ocasiones el comandante fija sus ojos en ese espacio que nadie ocupa”.

Como parte de ese culto también apareció, en varias ocasiones, la figura de Ezequiel Zamora, un llanero que protagonizó una insurrección campesina y luego fue líder militar de la Guerra Federal (contra los privilegios coloniales presentados entre 1859 y 1863). Supuestamente, por el testimonio de uno de sus compañeros de la Academia Militar, Chávez, aún preso, temía que algún conocido lo matara porque creía la resurrección de Zamora, quien murió por traición, tras un tiro en la espalda.

En la conversación con José Vicente Rangel, en enero del 2012, reiteró que cuando estaba en el proceso de organización del Ejército Bolivariano Revolucionario recibió una especie de “señales precursoras…una voluntad secreta, escondida, genética, tal vez”, dijo.

También hay que recordar que en abril del 2010, el presidente de Venezuela logró que un equipo de médicos forenses exhumaran el cadáver del Libertador, enterrado en el Panteón Nacional en 1876. La razón que esgrimió Chávez para el acto fue investigar las causas de la muerte de Bolívar, pues sospechaba que en lugar de haber fallecido por tuberculosis, el prócer hubiera sido envenado con arsénico. No faltó quien dijera que se trataba, más bien, de un acto de magia negra que tenía por objeto “transmitir los poderes espirituales de Bolívar al presidente”. (ver video)

La personalidad de Hugo

Edmundo Chirinos, quien fue el psiquiatra de Chávez y de su segunda esposa Marisabel Rodríguez, antes de que lo sentenciaran a 20 años de prisión por la violación y el asesinato de una de sus pacientes, le concedió una entrevista a Jon Lee Anderson, en la que le indicó algunos rasgos que caracterizaban la personalidad del líder de la revolución bolivariana: vanidoso, iracundo, hiperactivo, rencoroso, astuto, de carácter imprevisible, autoritario y en privado, muy cariñoso. “Me gustaría destacar que está mentalmente sano”, enfatizó el médico que se ocupó por un tiempo de controlar el estrés de la pareja presidencial.

Otro de los rasgos de la personalidad de Chávez, reconocido por gente muy cercana a su entorno íntimo, es el de ser un padre muy cariñoso. El amor por sus hijos lo expresa con frecuencia –de su primer matrimonio con Nancy Colmenares: Rosa Viginia, María Gabriela y Hugo Rafael; y de sus segundas nupcias con Marisabel Rodríguez: Rosinés. Incluso, con frecuencia aparece en actos públicos o en fotografías, tomado de la mano con alguno de sus hijos.

También es buen improvisador. Recita, canta, escribe poesía, cuenta chistes, es adicto a la cafeína, fumador (nunca en público), aficionado del béisbol, buen lector y –al menos antes de enfermarse- le bastaban tres horas de sueño por día para recuperarse.

En el programa dominical Aló Presidente, que transmitía con rigurosidad todas las semanas antes de enfermarse, Chávez llegó a estar frente a las cámaras, en vivo, durante ocho horas ininterrumpidas. El 26 de mayo del 2012 el programa cumplió 13 años de estar al aire, en la edición número 379. Se trató del espacio en que se anunciaron las políticas de Estado, los cambios en el tren ministerial y los programas sociales. No obstante, el programa también era propicio para que el presidente demostrara sus afinidades histriónicas, contara anécdotas y demostrara su soberbia.

“Nos informan que Estados Unidos acaba de expulsar al embajador de Bolivia, para que Bolivia sepa que no está sola, el embajador yanqui en Venezuela tiene 72 horas para salir de nuestro territorio y de inmediato mandaremos por el nuestro… (Regresará) cuando haya un gobierno que respete a los pueblos de América, a los pueblos de Bolívar. Váyanse al carajo 100 veces, gringos de mierda, que aquí hay un pueblo digno”, dijo Chávez visiblemente exaltado en una alocución en el estado Carabobo, en el centro del país, el 11 de septiembre del 2008.

Sus políticas y su relación con el mundo

El gobierno de Chávez se ha caracterizado por profundizar la diferencia y sembrar el odio entre las clases sociales con un discurso incendiario, incrementar exponencialmente el gasto público en inversión social, debilitar la industria petrolera después de un paro que casi saca del poder a Hugo, soportar un golpe de Estado que lo destituyó durante dos días, expropiar empresas privadas e inmuebles, y monopolizar los medios de comunicación (hoy el Estado controla 168 medios radioeléctricos en todo el país).
 
Su mandato se mostró intolerante ante las políticas estadounidenses -a pesar de que Venezuela es el tercer proveedor más importante de Petróleo de Estados Unidos - e incompetente para resolver dos problemas esenciales que agobian a sus compatriotas: la inseguridad (con una tasa de homicidios oficial que se ubica en 48 de cada 100.000 ciudadanos, aunque la oposición la ubica en 60 de cada 100.000) y la necesidad de vivienda (el déficit actual es de 2.000.000 de casas).

También ha sido “cambiante” en su posición frente al conflicto armado interno colombiano. En el 2008 pidió al mundo que se reconociera a la guerrilla como “fuerza beligerante” y solicitó que las FARC fueran eliminadas de la lista de “organizaciones terroristas”. Esto le valió la enemistad con el entonces presidente de Colombia, Álvaro Uribe, y la condena de la opinión pública internacional.

“El presidente subimperialista de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, es un mentiroso, puede ser presidente de una mafia pero no de un pueblo. Es un criminal y no le vamos a permitir que convierta a Latinoamérica en otro Israel. Indigno, lo acuso por ser un mero y triste peón del imperio”, dijo Chávez en su Aló Presidente del día 2 de marzo del 2008.

Los encontronazos con el presidente Álvaro Uribe fueron frecuentes, y en las cuatro ocasiones en las que se suspendieron las relaciones diplomáticas entre ambos países, el motivo fue el mismo: las posiciones encontradas con respecto a las FARC. La más crítica fue en julio de, 2009, cuando se suspendieron también las relaciones económicas. Finalmente, la situación volvió a la normalidad con la llegada de Juan Manuel Santos a la Casa de Nariño. 
 
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