Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1998/08/10 00:00

COLORIN COLORADO

La separación de Bruce Willis y Demi Moore puso de nuevo sobre el tapete la fragilidad de los matrimonios de Hollywood.

COLORIN COLORADO

Hace dos semanas la sombra del divorcio se volvió a posar sobre las colinas de Hollywood. La meca del cine fue testigo de la ruptura de Bruce Willis y Demi Moore, quienes fueron, por 11 años, la pareja consentida del celuloide. Aunque la noticia tomó por sorpresa a más de uno, lo cierto es que en las altas esferas del espectáculo los rumores de la separación circulaban desde hacía varios meses. Para nadie era un secreto que el protagonista de Duro de matar y la bella actriz de Ghost se habían distanciado en los últimos meses y que solo se veían para discutir asuntos relacionados con sus tres pequeñas hijas. Las raíces del distanciamiento se remontan a 1996, cuando Willis se negó a acompañar a Moore a los sets de grabación tras aducir que las cintas en que ella trabajaba eran de mala calidad. Ante tan pesada crítica Moore decidió tomar las riendas de su vida _tanto en lo laboral como en lo económico_ hasta el punto de manejar su participación en la cadena de restaurantes Planet Hollywood al margen de la de su marido. A esta falta de comunicación se sumó el eterno demonio de los celos, del cual ninguno pudo escapar. Las malas lenguas aseguran que durante sus grabaciones Willis llevaba bailarinas de streap tease a su camerino para que lo acompañaran durante los recesos. Y llegaba a entusiasmarse tanto con sus compañeras de reparto que a algunas de ellas las invitaba a su rancho para que conocieran a su familia. Esta actitud molestaba sobremanera a Moore, quien veía en las jóvenes estrellas una amenaza para su matrimonio. Tanto que en una ocasión echó de su casa a la actriz Liv Tayler. Pero a pesar de sus constantes reclamos Moore no era precisamente una perita en dulce. Avida de atención, buscaba siempre ser el centro de las reuniones. Y no tenía ningún reparo en seducir a los galanes del momento y en dejarse ver en público con ellos. Las fotos que se dejó tomar en compañía de Brad Pitt, Leonardo Di Caprio y Chris Ciccione _el hermano de Madonna_ le causaron más de un enfrentamiento con su marido. Aunque estos actos fueron minando la relación a los dos parecía tenerles sin cuidado el naufragio de su matrimonio. La prueba más clara de desinterés se presentó durante la premier en la Florida de Armageddon , la última película de Willis. Para sorpresa de los asistentes el nombre de Moore no estaba en la lista de invitados. Con este hecho Willis le dio la estocada final a su convaleciente matrimonio.
Amores pasajeros
Aunque la unión de Willis y Moore no tuvo un final feliz la pareja logró mantener su matrimonio por más de 10 años. Y eso, para los parámetros de Hollywood, es un hecho bastante inusual. Ser fiel en el mundo del espectáculo no es tarea fácil. Si no que lo digan tantas luminarias para quienes ha sido prácticamente igual cambiar de amante que de sombrero. Ese fue el caso de la bella Ava Gardner, quien durante sus años dorados conquistó el corazón de cuanto galán se le atravesó. El matrimonio con Mickey Rooney, su primer marido, duró un año y cuatro meses. Luego se dejó embrujar por el músico Artie Shaw, pero el encanto solo duró siete meses. Finalmente cayó en brazos de Frank Sinatra, cuya pasión alcanzó apenas para dos años de convivencia. Este ritmo lo imitó Lana Turner, quien contrajo matrimonio siete veces, la mayoría de ellas por poco tiempo. Con el hacendado Fred May convivió sólo tres meses. Y con Artie Shaw, quien también fuera marido de Ava Gadner, sólo cuatro. Lo que no quiere decir que los matrimonios cortos fueran siempre seguidos por otros de la misma duración. La popular Katherine Hepburn estuvo casada apenas tres semanas con Ogden Smith, pero después mantuvo un romance con Spencer Tracy por cerca de 30 años.Flor de un díaPero si de matrimonios cortos se habla, el caso más dramático fue el protagonizado por Rodolfo Valentino _el galán de los años 20_, quien estuvo casado con Jean Acker tan sólo 24 horas. Al parecer la boda fue una treta para promocionar la virilidad de Valentino, que se había visto afectada a raíz de sus constantes relaciones homosexuales.La mayoría de las veces, sin embargo, los motivos de la separación son otros. Y aunque sofisticados, no muy distintos a los del resto de los mortales. Es el caso de Cindy Crawford y Richard Gere, quienes después de tres años de casados decidieron que la espiritualidad del Tíbet no se llevaba muy bien con las pasarelas. O el de Uma Thurman y Gary Oldmam, que tras vivir un año juntos decidieron divorciarse a raíz del temperamento enérgico de él.En muchos casos la separación es fruto de la inmadurez. Son muchos los artistas jóvenes que organizan bodas suntuosas y a los pocos días confiesan estar arrepentidos de haberse casado. Esto le sucedió a las actrices Drew Barrymore y Shannen Doherty, cuyos matrimonios duraron dos y siete meses respectivamente. No siempre, sin embargo, la separación termina en pelea. Hay parejas que después del divorcio afianzan su amistad y se vuelven inseparables. Es el caso de Julia Roberts y Lyle Lovett, que se siguen visitando como si nada. Este modelo también lo siguen Jim Carrey y Lauren Holly, cuyo matrimonio solo duró nueve meses, pero que hoy están otra vez de novios.Lo cierto del caso es que los grandes romances que se ven en las películas _como el de Scarlett O'Hara y Rhett Butler en Lo que el viento se llevó_, las grandes rupturas y las grandes reconciliaciones que marcan la historia del celuloide son apenas un pálido reflejo de la realidad. Y en ello radica buena parte de la seducción de Hollywood.

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