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13 octubre 2012

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Como el ave fénix

La española María Villota siempre soñó con carros. Su padre y su hermano compitieron en la Fórmula 1 y, tras años de entrenamiento, se convirtió en la única mujer del circuito.

Como el ave fénix.
La española María Villota siempre soñó con carros. Su padre y su hermano compitieron en la Fórmula 1 y, tras años de entrenamiento, se convirtió en la única mujer del circuito. Sin embargo, durante unas pruebas aerodinámicas en julio, sufrió un inexplicable accidente que la dejó al borde de la muerte. Luego de innumerables cirugías de reconstrucción craneal y facial, de 114 puntos en la cara y de perder el ojo derecho, la piloto reapareció la semana pasada para hablar de su experiencia. A diferencia de lo que se podría pensar, Villota no se siente derrotada, y aceptó su nuevo aspecto con humor. En la rueda de prensa se le vio serena, cómoda consigo misma y determinada a rehacer su vida ahora que no siente que está en una eterna carrera contra el reloj. Afirmó que a pesar de sus limitaciones físicas seguirá involucrada en las pistas para reforzar la seguridad de los competidores.
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