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| 2/25/2012 12:00:00 AM

“¿Cómo se divierte el chico que entretiene a millones en las canchas?”

SEMANA habló con el periodista argentino Leonardo Faccio, autor de ‘Messi. El chico que siempre llegaba tarde (y ahora es el primero)’, un libro que retrata al delantero del Barcelona fuera del campo de fútbol.

SEMANA: Usted no es un gran aficionado al fútbol. ¿Por qué se arriesgó a escribir sobre Lionel Messi?
 
Leonardo Faccio: Es verdad, soy argentino, pero nunca fui muy futbolero. Me acerqué a Messi cuando me lo propuso mi editor, Julio Villanueva Chang, en la revista Etiqueta Negra a finales de 2008. En ese momento era una figura mundial en ascenso y acepté hacer el perfil porque me di cuenta de que lo que Messi hacía dentro del campo trascendía lo futbolístico. Me interesaba saber con qué se divierte un chico que entretiene a tantas millones de personas, cómo es su vida fuera de las canchas. Creo que tenemos una sobreabundancia del Messi televisivo, de ese personaje que siempre vemos vestido con el uniforme de la selección argentina o del Barcelona haciendo genialidades, pero cuando sale del campo ya no sabemos más nada. Por eso, mi principal motivación era humanizar al ídolo.
 
SEMANA: Messi es explosivo en la cancha. ¿Cómo es fuera de ella?
 
L.F.: Al empezar a acercarme encontré a una persona tímida, muy apaciguada, con un ritmo lento y una rutina predecible. Eso me llamó mucho la atención porque la mayoría de las estrellas de fútbol se parecen dentro y fuera de la cancha: el andar con el pecho afuera de Maradona, la elegancia de Zidane, la sonrisa de Ronaldinho...Pero Messi presenta esa dualidad. La construcción de su identidad en Argentina también es un elemento importante. Está el Messi del Barça que todos conocemos y pareciera que existe otro vestido con la camiseta argentina, ya sea por su rendimiento en el campo de juego o por la relación que tiene con los futboleros de su país.
 
SEMANA: ¿Se aburre si no tiene un balón en sus pies?
 
L.F.: Él encuentra diversión en ciertas actividades, pero si estas no le dan la posibilidad de controlar el desenlace, tarde o temprano lo terminan aburriendo y las abandona (creo que el PlayStation es el único entretenimiento que le ha durado). Es por eso que la siesta es el eje de su rutina. Si bien el sueño es una exigencia para que los deportistas recuperen fuerza, en su caso funciona como un antídoto muy eficaz contra el aburrimiento.
 
SEMANA: En Argentina a muchos todavía les cuesta aceptarlo, pero él sí sigue teniendo un vínculo estrecho con su país, especialmente con Rosario, donde nació. ¿Qué tanto le afecta ese desarraigo?
 
L.F.: Messi sufrió muchísimo el desarraigo cuando llegó a Barcelona, como lo puede sufrir cualquiera que se va de su país y deja su barrio. Pero a él este padecimiento se le potenció porque cuando llegó a España su mamá, su hermano del medio y su hermana menor no se adaptaron y se devolvieron a Rosario. Entonces, aparte de que estaba en una ciudad nueva con el desafío de mostrar su valía en las inferiores del Barça, se le sumó la presión extra de su familia dividida. De alguna manera, siendo un adolescente empezó a asumir responsabilidades propias de la adultez, un rasgo que se repite en la historia de los niños prodigio. Y me parece que ese es el gran tema del libro: el trauma de crecer.
 
SEMANA: ¿Qué descubrió de las mujeres de Messi?
 
L.F.: Ellas han sido trascendentales en su vida. Empezando por su abuela materna, que fue quien lo llevó a jugar fútbol por primera vez cuando tenia 5 años. Ella murió cuando él cumplió los 10 y ahora le dedica sus triunfos; ese gesto de señalar con los dedos hacia el cielo después de hacer un gol es un homenaje a su abuela. La figura de la mamá también está muy presente: Leo tiene tatuada en la espalda la cara de ella. Y cuando elige una persona para formar una relación estable, prefiere a la chica que conoce desde la infancia. Su vínculo con las mujeres tiene mucho que ver con su niñez, con el círculo materno.
 
SEMANA: Da la impresión de que él todavía no se ha dado por enterado de su fama.
 
L.F.: Lo que pasa es que ha sabido resguardarse de ciertos peligros de la fama. Ha sabido gambetear todo lo que podría convertirse en una distracción. Messi construyó su identidad en torno a la pelota, terminó transformando el fútbol en una misión de vida y no pretende ir mas allá. Ese es un patrón bastante repetido en los grandes talentos. Messi es consciente de su don, de lo contrario, no sufriría tanto la derrota. Llora cuando pierde porque siempre da por descontado que puede ganar.
 
SEMANA: Las comparaciones con Maradona son permanentes. ¿Qué tanto se parecen de puertas para adentro?
 
L.F.: Aparte de su genialidad futbolística y de sus goles, la figura de Maradona es la de un chico perteneciente a las clases postergadas del país que logró trascendencia mundial. En Argentina lo que se pretende es que Messi ocupe ese lugar y casualmente él no cumple con el perfil. Es antagónico. Si bien, en el tipo de juego se los puede relacionar, su carácter es completamente distinto. Maradona es el caudillo de una selección, mientras que Messi propone un liderazgo más silencioso.
 
SEMANA: Messi no es un personaje elocuente. ¿Cómo logró aprovechar cada palabra que le sacó?
 
L.F.: Yo ya conocía ese antecedente y de antemano tenía claro que no iba a forzar una situación antinatural ni tratar de que Messi hablara más de la cuenta. Entonces lo que hice fue redoblar el esfuerzo en el plano de la observación: no solamente esperar qué me podía decir con las palabras, sino qué me decía con sus gestos, con su forma de ser. A veces en el periodismo estamos acostumbrados a que las cosas se dicen únicamente con palabras. Y las personas tiene muchísimas más dimensiones. También sabía que no íbamos a hablar de fútbol. Pedirle a Messi que explique su propio arte es ponerlo en una situación incómoda; lo ha intentado y no ha podido agregar palabras a lo que hace. Por eso hablamos de sus vacaciones, de su novia, de Rosario, de sus amigos... Esa fue la idea desde el momento que supe que la entrevista iba a ser posible.
 
SEMANA: Le tomó nueve meses conseguir una entrevista de apenas 15 minutos.
 
L.F.: Fueron 15 minutos en los cuales sentí haberme enterado de muchas cosas de Leo Messi. Hablar con él fue la entrada a todo su entorno cercano. Curiosamente cuando yo estaba en Argentina entrevistando a sus amigos, él participaba a través del chat de su Blackberry. De alguna forma, a la distancia, y a través de su inseparable teléfono, iba siguiendo mis pasos.
 
SEMANA:¿Sabe si Messi leyó el libro?
 
L.F.: Se lo envié en cuanto estuvo terminado y editado. Me dijo que no le gusta leer y también sé que no le gusta verse a sí mismo, de manera que es una doble provocación. Supe por un comunicado de su fundación que a su familia no le gustaron algunas partes del texto. Y a mí me parece una reacción esperable cuando la producción periodística es independiente, pues no se trata de una biografía autorizada ni de una hagiografía. Generalmente no nos gustamos cuando nos retratan, pero con el paso del tiempo le cogemos cariño. Messi todavía no puede ver su pasado con perspectiva crítica. Su carrera ha sido tan maratónica que a veces nos olvidamos que solo tiene 24 años.
 
SEMANA: ¿Qué le dejaron los tres años que tardó en escribir el libro?
 
L.F.: En el periodismo el saber esperar es vital cuando nos proponemos contar no lo extraordinario, porque lo extraordinario es lo que estamos viendo por televisión, sino la normalidad. Y contar la normalidad de cualquier persona requiere la paciencia de poder ver el tiempo real, la normalidad de una vida.
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