Jueves, 19 de enero de 2017

| 2008/11/08 00:00

Con la cámara al hombro

La muy premiada 'opera prima' del bogotano Spiros Stathoulopoulos 'PVC-1' llega a las salas de cine colombianas. Una mirada a la vida del realizador de esta impactante historia.

Spiros Stathoulopoulos estudió realización de cine en la California State University en Los Angeles y comenzó a desarrollar el guión para ‘PVC-1’ cuando todavía estaba en la universidad

El mejor regalo que recibió Spiros Stathoulopoulos Caicedo de sus padres fue la cámara que le compraron cuando tenía 13 años. Ella se volvió su más fiel compañera. Se la pasaba grabando imágenes durante varias horas al día, la llevaba al colegio, a la casa de sus amigos y a los paseos. Luego tomaba las escenas y las editaba para crear historias propias, imaginadas, ficción a partir de situaciones cotidianas. Pasaba sus horas de juego creando guiones para cortometrajes en los que ponía a actuar a sus conocidos, desde su abuela hasta el portero del edificio. "A partir de los 11 años tuve claro que lo que yo quería era que la gente viera mis películas", contó Spiros a SEMANA. Por eso apenas tuvo una buena colección de películas propias empezó a alquilárselas a sus compañeros, y de paso aportar económicamente a sus producciones.

Con las mismas claridad y disciplina comenzó a planear y a escribir el guión de su primer largometraje: PVC-1. La historia de su opera prima está basada en hechos reales. Uno de los episodios recientes más espeluznantes de la violencia y la delincuencia común en Colombia, el impactante asesinato de una mujer con un collar bomba. Al primero que le comentó acerca de su proyecto fue a su papá, Vasilis Stathoulopoulos, quien entró a participar como productor ejecutivo. Su madre, Elsa Caicedo, también se involucró por completo en la realización. Con ese apoyo filial comenzó la travesía de la que se convertiría en su carta de presentación ante la industria del cine.

Tal y como lo hizo desde su infancia, Spiros estuvo involucrado en todos los aspectos de la película. Desde la concepción de la narrativa a través de una sola toma de 85 minutos, la tarea de cargar el equipo de filmación con la cámara, los lentes, el micrófono y las pesas del steadycam -que implicaban un peso de casi 15 kilos-, hasta los arreglos de color y sonido en posproducción.

"Él tenía todo el mapa en su cabeza, eso en verdad me impresionó. Filmamos en un terreno que él conocía perfectamente, una casa que tenemos en Villeta, y en los alrededores de la población", contó Elsa a SEMANA. Toda la película se grabó cuatro veces, pero sólo la última toma convenció a Spiros, quien siempre ha sido muy perfeccionista. Durante cuatro días seguidos los actores naturales y estudiantes de teatro del pueblo, además de los tres protagonistas y actores profesionales, Mérida Urquía, Daniel Páez y Alberto Zornoza, se dedicaron a volver a contar la historia con una coreografía perfectamente ensayada en la que Spiros caminaba, corría y se arrastraba con la cámara fijada a su pecho, para captar los encuadres que llevaba planeando hacía meses.

"Cuando vi la noticia del collar bomba en el año 2000 no lo podía creer. Me quedé pasmado, triste y miraba la foto durante horas, reveló Spiros. No sólo me impresionaba que alguien fuera capaz de hacer eso, sobre todo sentía empatía con esa persona, pensaba en lo que estaría sintiendo". La película se concentra precisamente en ese aspecto sicológico y emocional que viven los protagonistas, Ofelia y Simón, desde el momento en que son asaltados por delincuentes que les exigen dinero y que le amarran a ella el aparato explosivo. También muestra la bondad del agente de antiexplosivos Hurtado, quien la acompaña hasta el final mientras trata de desactivar el infame collar.

Pero, a pesar de que se basa en una historia real, PVC-1 sigue siendo una película de ficción en la que se cambian los nombres de los personajes involucrados y en la cual las escenas son producto de cómo Spiros imaginó la situación, pero no como en verdad ocurrió. Es un estilo que él denomina ficción de hiperrealidad. "Mi intención era que quedara en la memoria y no se desvaneciera. Porque me parece injusto que alguien muera así y la gente no se acuerde, no le dé el respeto que merece. No es sólo una critica a la violencia, sino también a la insensibilidad, a la falta de empatía", aseguró el director.

Ha sido tal el impacto que ha tenido la película que el año pasado fue seleccionada en la prestigiosa sección de Directors' Fortnight (Quincena de Realizadores) del Festival de Cannes, donde además se llevó el premio Citta di Roma a mejor película iberoamericana. También ganó cuatro galardones en el Festival Internacional de Tesalónica, Grecia, entre ellos el premio Fripresci, que otorga la organización de críticos de cine.

La cinta ya ha participado en 28 festivales en varias partes del mundo. Pero quizás el más significativo para Spiros, además de Cannes, donde se estrenó la película, es el de Tesalónica no sólo por su prestigio, sino porque pasó buena parte de su infancia en esa ciudad.

La génesis de este realizador de cine de 30 años comenzó en Creta en donde su padre, un oftalmólogo griego, y su madre, una abogada colombiana, se conocieron y se enamoraron. Spiros, que lleva el nombre de su abuelo como es tradición en ese país, nació en Bogotá pero se crió y vivió plenamente ambas culturas. Él asegura que los griegos y los colombianos se parecen mucho, son festivos, espontáneos y temperamentales. De Grecia ama su comida, su mar y toda su milenaria tradición. De Colombia ama la alegría y la generosidad.

Aunque vive en Los Angeles desde 2002, cuando se fue a estudiar cine, su vida ha dado un giro de 180 grados después de PVC-1, pues cada vez tiene más trabajo y más personas a su alrededor. Desde Cannes firmó contrato con la agencia de talentos Endeavor. "Me han llegado muchos guiones y ya escogí uno para mi segundo largometraje que, aunque no puedo dar muchos detalles, también está basado en una historia real", reveló Spiros a SEMANA.

La película, que los colombianos podrán ver en las salas de cine a partir del 14 de noviembre, siempre será una de las grandes experiencias de su vida. Es ante todo un trabajo que es el resultado del amor. Del amor de una familia que se unió aun más gracias a esta experiencia, pues los padres de Spiros además de brindarle todo el apoyo, se han convertido en unos ávidos aprendices de la industria cinematográfica. "Esta película me llevó a entender lo que a él lo apasiona y lo que hace", explicó Vasilis a SEMANA. Ahora pueden ver el resultado real de todo el tiempo dedicado de lleno a filmar, editar y crear desde que era pequeño. De hacer experimentos con los muebles de la casa, de pedirles a todos que participaran en sus proyectos, pues lo que todos pensaban que era un juego de niños era una preparación práctica para el futuro. Como dice Spiros: "Esta es otra de mis películas, cómo las que vengo haciendo desde que era niño. Sigo siendo el mismo realizador de cine que entonces".
 

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.