Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1989/12/18 00:00

Con rabo de paja

Escándalo al descubrirse que el Nobel del 75, Eugenio Montale, tenía ghostwriter.

Con rabo de paja

En el medio periodístico y literario existe una expresión curiosa, "escritor fantasma", es decir, el que produce textos que aparecen publicados con la firma de otro. Los italianos, tan adictos a las polémicas, están ahora divididos porque se ha descubierto, gracias a un libro escrito por Mario Soldati, periodista y cineasta, que Eugenio Montale, Premio Nobel de Literatura en 1975, estuvo utilizando durante muchos años los escritos de un amigo norteamericano y los publicaba en un periódico como suyos.
La revelación, nueve años después de la muerte de Montale, está incluída en ocho comprometedoras cartas enviadas hace treinta años por el escritor a su amigo Henry Furst, cartas que ahora han aparecido en el Giornale de Milan. El escándalo estalló enseguida. Nadie duda que los poemas fueran escritos por Montale. Lo que ha molestado a muchos es que haya engañado a sus lectores del Corriere della Sera con numerosas críticas literarias nunca escritas por él.
En una de las cartas a Furst, un linguista y periodista que colaboraba frecuentemente en los años cincuenta con la prensa italiana, Montale le dice: "¿ Podrías escribir por mí un artículo mensual sobre libros norteamericanos e ingleses?", y en otra carta le daba instrucciones sobre el estilo que debía utilizar en esos artículos: "No debes escribir con demasiada erudicción cuando te refieras a temas literarios en inglés y, por el contrario, debes ostentar un término medio que pueda ser atribuído a una persona como yo". En otra carta encargaba específicamente una nota sobre el aniversario de Wilde, aportando alguna información nueva sobre el tema.
El libro de Soldati y las cartas de hace treinta años han levantado una auténtica polvareda. Soldati, amigo de Montale y el profesor norteamericano, rinde homenaje al talento de ambos, pero deplora que el uno haya engañado al mundo entero a costa del Otro. Los amigos de Furst están furiosos y recuerdan ahora cómo Montale jamás reconoció en público la ayuda que el amigo le prestó durante todos esos años. Montale siempre firmó los trabajos del otro, pero los amigos de este sabían reconocer su estilo.
Furst estudió en Yale y Oxford, recibió un grado en la Universidad de Padua y se convirtió en uno de los amigos más cercanos de otro gran poeta italiano, Gabriele D'Annunzio. En 1919 tomó parte en la invasión de la ciudad de Fiume (ahora en territorio yugoslavo), emprendida por el ejército particular del escritor. Luego se convirtió en su secretario. Furst trabajó después como crítico del periódico L'Osservatore Romano y otras publicaciones italianas. A principios de los treinta enseñó en Vassar y fue bibliotecario en la Universidad de Columbia y de la Biblioteca del Congreso en Washington. Después de la segunda guerra, Furst se quedó viviendo en Roma y siguió colaborando con revistas y periódicos italianos hasta su muerte en 1967. Jamás le comentó a nadie que sus artículos sobre temas literarios aparecían con la firma de Eugene Montale, quien hasta el momento de ganarse el Nobel era prácticamente desconocido en el mundo. Luego sería traducido y divulgado.
En 1950 Montale ya había publicado varios libros, cuando fue contratado por el Corriere della Sera como crítico literario. En ese entonces, como ahora, el periódico era el más influyente en Italia. Gaetano Afeltra, editor en jefe en esa época, recuerda cómo Montale aceptó un compromiso superior a su tiempo y sus fuerzas.
Estaba obligado, por contrato, a producir mensualmente una determinada cantidad de comentarios y columnas, lo cual debía ser una auténtica pesadilla para alguien tan nervioso e inestable como él. Afeltra, lo mismo que otras personalidades italianas, coinciden en que la altísima calidad de los poemas de Montale nada tienen que ver con su utilización tramposa de un amigo y escritor.
El asunto ha dividido a los italianos: quienes defienden la utilización de ese "escritor fantasma" y quienes condenan la actitud del poeta. Un crítico citaba recientemente el caso de otros famosos que también han utilizado un "escritor fantasma". Alejandro Dumas, padre, usaba materiales ajenos para la redacción de sus novelas y su hijo Alejandro permitió a George Sand que utilizara poemas suyos en una obra teatral, mientras otro Nobel italiano, Luigi Pirandello, incorporaba en sus libros fragmentos escritos por su hijo Stefano Landi. El mismo D'Annunzio pagaba a campesinos y estudiantes para que le buscaran palabras raras usadas por el pueblo.
El más duro de los críticos de Montale ha sido Alberto Moravia, quien en el Corriere della Sera escribió: "Es difícil justificar la actitud de Montale, no importa en qué circunstancias se encontrara".
El debate sigue abierto y muchos han buscado los archivos del periódico para contemplar los artículos firmados por Montale y escritos por otro .

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