Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/02/26 00:00

Contra la corriente

Por negar en sus libros la existencia del holocausto y la muerte de millones de judíos, acaba de ser condenado a tres años de prisión en Austria el historiador británico David Irving.

El primer libro de David Irving, “La destrucción de Dresden”, se convirtió en un best-seller al tratar un tema tabú en Alemania. Pero su texto más famoso, “La guerra de Hitler”, le quitó toda credibilidad

Celebrado y aplaudido por grupos neonazis y de ultraderecha en todo el mundo, David Irving alcanzó la fama por sus polémicos libros, conferencias y declaraciones a favor de Hitler y del Tercer Reich y en contra de los judíos que padecieron el Holocausto. En La guerra de Hitler, su obra más conocida publicada en 1977, el historiador asegura tajantemente que en la Segunda Guerra Mundial "no hubo cámaras de gas, ni ningún asesinato sistemático de masas organizado por los nacionalsocialistas alemanes".

Los problemas de Irwing con Austria ya venían desde 1984, cuando fue detenido en Viena y expulsado por haber entrado ilegalmente al país y haber pronunciado discursos negando el Holocausto. En 1988 la justicia austríaca lo juzgó por rebeldía y lo condenó por 'negacionismo'. Este es un viejo delito tipificado en el código penal de Austria que castiga con cárcel de entre uno a 10 años a quien niegue públicamente el exterminio nazi de judíos durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Este mismo delito también existe en Israel, Bélgica, Francia, Alemania, Lituania, República Checa, Eslovaquia y Polonia.

Sabiendo a lo que se exponía, Irving llegó clandestinamente a Viena en noviembre del año pasado para dictar una conferencia a la organización estudiantil Olympia, que promueve el odio a los inmigrantes y el racismo. Pero un oportuno 'chivatazo' a la Policía precipitó su captura, poco antes que Irving pudiera dar su charla.

Arruinado y desprestigiado, Irving trató de evitar la cárcel reconociendo a última hora ante el tribunal la existencia del Holocausto judío. Soltó frases como "cometí un error cuando dije que no existían las cámaras de gases en Auschwitz" y "durante el régimen nacionalsocialista alemán fueron asesinados millones de judíos", pero el jurado no consideró que sus palabras fueran "un acto de arrepentimiento" y le impuso la pena de prisión.

La condena de tres años de cárcel contra Irwing ha desatado un amplio debate en Europa sobre la libertad de expresión y la utilidad actual de la Ley de Prohibición, imperante en una decena de países del Viejo Continente, que impide a cualquier persona hablar mal del Holocausto judío. Los más felices con la sentencia son los grupos británicos antinazis Holocaust Memorial Day y Holocaust Educational Trust, que venían atacando a Irving desde los años 70 y cuyos portavoces aseguraron que "es necesario tomar medidas de este tipo para proteger a los ciudadanos y evitar que se repita el pasado". La noticia también avivó la polémica sobre la libertad de expresión, tras las fuertes protestas causadas por la publicación de caricaturas de Mahoma en la prensa europea, que a su vez ha aumentado el poder y el protagonismo de los partidos y las organizaciones de extrema derecha. Austria tiene desde 1963 el Centro de Documentación de la Resistencia, entidad dedicada a divulgar la historia del país durante el siglo XX con el propósito de prevenir el resurgimiento del nacionalsocialismo nazi, y uno de sus voceros, Wilhelm Lasik, ha denunciado el incremento en toda Europa de las manifestaciones antisemitas y de apoyo al "revisionismo" del Holocausto judío impulsado por Irwing y por los políticos de ultraderecha que hacen parte del actual gobierno austríaco.

"Estas leyes, que fueron instauradas en solidaridad con el sufrimiento del pueblo judío y para evitar el olvido histórico de esta tragedia, estaban extraviadas en los códigos y casi nunca se aplicaban, pero Irving las despertó al popularizar sus mentiras y ahora es muy probable que estas leyes se apliquen masivamente contra los líderes neonazis", dijo a SEMANA Günther Kreuzbauer, sociólogo de la Universidad de Salzburgo.

La vida de David Irving, quien nació en 1938 en el condado de Essex (Inglaterra), ha estado marcada por la polémica desde 1963 cuando, a los 25 años, publicó su primer libro La destrucción de Dresden, que fue un best-seller y le dio reconocimiento internacional como historiador. Hasta entonces, nadie había publicado acerca de los bombardeos aliados sobre las ciudades alemanas en la caída del Tercer Reich. A partir de aquel momento se dedicó a escarbar archivos y a escribir más de 20 libros entre los que se destacan sus biografías de Hitler (La guerra de Hitler) y del ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels (Goebbels, genio del Tercer Reich).

Desde los años 70 comenzó a mostrar predilección por la ideología nazi y a difundir su idea de que Hitler nunca supo de los campos de exterminio, según diarios y documentos cuya autenticidad ha sido puesta en duda por numerosos historiadores. Durante casi tres décadas el historiador amasó una gran fortuna con sus polémicos libros, pero la perdió en varios casos ante los tribunales. En 1993 recibió un duro golpe por cuenta de la historiadora norteamericana Deborah Lipstadt, de la Universidad de Emory, Atlanta, con su libro Negando el Holocausto: el creciente asalto a la verdad y la memoria, en el que descalifica las obras de Irving, lo acusa de ser antisemita y de falsificar documentos y lo señala como "el más peligroso negador del Holocausto". Irving demandó a Lipstadt por difamación y a la editorial Penguin, pero perdió el juicio. Hoy sus obras están prohibidas en muchas universidades y las editoriales dejaron de publicar sus libros. Él no desiste y los vende por Internet.

Richard J. Evans, renombrado historiador de la Universidad de Cambridge, dijo que "ni uno solo de sus libros, discursos o artículos, ni una de sus frases refleja con veracidad los temas históricos. No es posible fiarse de lo que Irving cuenta, escribe o habla". El testimonio de Evans fue decisivo en el caso de Irving contra la historiadora Lipstadt, que acabó con un veredicto de 334 páginas del juez Charles Gray, del Alto Tribunal de Londres, quien tildó a Irving como "mentiroso", "falsificador" y "un activo negador del Holocausto, antisemita, racista y asociado con la extrema derecha para promover el nazismo". Esta sentencia de 2000 se considera en Europa como "ejemplar" para todos los que intenten desvirtuar o negar el sufrimiento judío en la época de Hitler.

El historiador inglés apeló esta sentencia, pero el tiro le salió por la culata, pues los tribunales le aumentaron la pena y lo obligaron a pagar tres millones de euros en indemnizaciones. Irving no tuvo más salida que declararse en la ruina y perdió su lujosa mansión en Mayfair, un exclusivo barrio londinense.

A sus 68 años, David Irwing, quien tiene prohibida la entrada a Australia, Canadá, Italia, Alemania y Nueva Zelanda, es una figura de los movimientos neonazis y todas las páginas ultraderechistas de Internet citan sus obras y convocan a marchas en varias ciudades europeas para pedir la libertad del historiador. La justicia austríaca le mantiene una vigilancia constante en la cárcel para evitar su fuga o su asesinato, ya que los grupos neonazis lo consideran un mártir y las organizaciones judías lo odian con toda el alma.

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