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| 7/19/2008 12:00:00 AM

Corazón valiente

A los 99 años murió el doctor Michael DeBakey, pionero de la cirugía cardíaca en el siglo XX.

Michael DeBakey no sólo era considerado una eminencia para los residentes del Hospital Metodista de Houston. También era el terror de muchos de ellos. Tenía fama de ser un tirano y un cascarrabias que no perdonaba el mínimo error, al punto de que las leyendas del centro médico daban cuenta de su supuesta facilidad para despedir a los asistentes por cortar una sutura del largo equivocado. Además, no sólo era exigente como cirujano, sino como profesor en las aulas del Baylor College of Medicine, donde solía meterles poesía a las clases. Cuando ante alguna de sus referencias literarias sus alumnos quedaban desconcertados, él solía perturbarse: "Se supone que una persona educada debe conocer algunos poemas clásicos", decía.

Pero cuando alguien lo tildaba de poco tolerante, a él le bastaba una respuesta: "Si fueras tú el que estuviera sobre la mesa de operaciones, ¿preferirías un perfeccionista o alguien que presta poca atención a los detalles?". Por eso, ahora cuando acaba de morir, el mundo de la medicina lo recuerda como uno de sus grandes innovadores en el siglo XX y como el padre de la cirugía cardiovascular moderna. A lo largo de su carrera realizó más de 60.000 operaciones (1.000 anuales) haciendo uso de sus propias invenciones, entre las que se cuentan la cirugía de los aneurismas de la aorta, procedimientos que hoy son comunes y han salvado las vidas de miles de personas. Gracias a su creatividad participó en el diseño de unos 70 instrumentos y aparatos indispensables para las cirugías. De ahí que actualmente, en las facultades de medicina en Estados Unidos, el examen de admisión tiene una pregunta obligatoria: "¿Sabe quién es Michael DeBakey?"

El célebre cardiólogo relataba que su amor por la medicina y la cirugía empezó de niño, cuando ayudaba a su padre, un inmigrante libanés, a atender a los doctores que visitaban sus droguerías. Decía también que su mamá tuvo mucho que ver, pues fue ella quien le enseñó a coser, un arte que años más tarde le sería útil para hacer el primer injerto artificial en dacrón para reparar arterias. DeBakey debutó como inventor en 1932, cuando creó una bomba de infusión para que la sangre circulara. Y es considerado uno de los pioneros de la cirugía de corazón abierto porque dos décadas más tarde esta pieza se convirtió en un componente fundamental de la máquina de circulación extracorpórea que asume las funciones del corazón y los pulmones durante la cirugía, aportándole al organismo la sangre oxigenada. Tiempo después fue uno de los primeros en registrar una relación causal entre fumar y el cáncer pulmonar.

Durante su servicio en la Segunda Guerra Mundial, DeBakey se encargó de crear estaciones móviles de médicos que se ubicaran cerca del frente para atender de inmediato a los heridos. Por eso en 1945 fue premiado con la Legión al Mérito y también se le considera el precursor de los hospitales móviles conocidos como M. A. S. H., que se desarrollaron durante la Guerra de Corea.

Se le conocía como el 'Tornado de Texas'. Su inagotable energía le permitía trabajar 20 horas al día, una rutina que conservó prácticamente hasta cuando ya era un nonagenario. Se levantaba antes del amanecer y dedicaba dos horas a escribir sus ponencias o los textos para publicar. A las 7 de la mañana llegaba al hospital y saludaba a sus pacientes, con los cuales siempre fue muy cálido. "Como cirujano cambió la vida de cada uno de ellos y trataba igual a un niño pobre de India, a quien operaba gratis, que a un noble o un presidente", dijo a SEMANA el doctor Kenneth Mattox, profesor de cirugía del Michael E. DeBakey Department of Surgery del Baylor College, una de las muchas instituciones que llevan su nombre. Y es que entre sus pacientes célebres figuran el Sha de Irán Mohammed Reza Pahlavi; el duque de Windsor, el renunciado rey Eduardo VIII; Leopoldo de Bélgica, quien en su honor mandó hacerle un busto de bronce para ser exhibido en el Hospital Metodista, y la legendaria cantante y actriz alemana Marlene Dietrich. Además fue médico de cabecera y asesor en temas de salud de diferentes Presidentes de Estados Unidos.

Durante más de medio siglo estuvo a cargo de varias cirugías en un día, por lo general no tenía tiempo de almorzar, y su jornada sólo terminaba después de la medianoche. Por eso no es raro que en ninguno de los más de 1.500 textos científicos que escribió haya alusión alguna a la relación entre el estrés y los problemas cardiovasculares: "El ser humano fue hecho para trabajar duro. No creo que eso le haga daño a nadie", opinaba y desataba polémica.

"DeBakey se hizo famoso porque en los 50 fue pionero en el tratamiento quirúrgico de la disección (ruptura) de aorta, que solía diagnosticarse durante las autopsias. La clasificación que hizo de la enfermedad fue bautizada con su nombre. Él tenía tres características que lo hacían único: era visionario, valiente y tenía experiencia", explicó a esta publicación el doctor Pedro Moreno, director del Laboratorio de Investigación de Cateterismo Cardíaco en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York. En su lista de logros está haber sido uno de los precursores en la operación de bypass coronario. Aseguraba que su equipo realizó varios intentos en perros con modestos resultados y que finalmente en 1964 hizo la primera cirugía exitosa de este tipo en un paciente, pero que cometió el error de no reportarla sino en 1974.

En los 60 recibió 2,5 millones de dólares para crear un aparato que reemplazara el corazón. "DeBakey fue el primer cirujano que pudo implantar con éxito un corazón parcial artificial, un dispositivo de asistencia del ventrículo izquierdo capaz de asumir temporalmente parte de las funciones del órgano", explicó a SEMANA Gilberto Estrada, cardiólogo de la Clínica Shaio. Sin embargo, en 1969 fue su colega y amigo Denton Cooley quien anunció que había implantado el primer aparato totalmente artificial en un paciente con la idea de mantenerlo con vida mientras esperaba un transplante. El enfermo murió días después y DeBakey acusó a Cooley de haber robado su prototipo y de usarlo sin que las pruebas preliminares en becerros hubieran sido satisfactorias. Precisamente sus ensayos en animales lo convirtieron en el blanco de muchos grupos que tildaban sus técnicas de crueles.

En los años 90, cuando ya era un hombre de avanzada edad, produjo un dispositivo 10 veces más pequeño que los existentes para ser implantado en niños a la espera de un transplante. Y aunque en esa época dejó de operar, siguió supervisando cirugías como el quíntuple bypass que en 1995 se le realizó en Moscú al presidente ruso Boris Yeltsin.

En 2005 DeBakey fue protagonista de otra proeza médica. Estaba trabajando en una de sus investigaciones cuando sintió un fuerte dolor que diagnosticó como un aneurisma aórtico. Lo más impresionante es que a los 97 años se convirtió en la persona de mayor edad en sobrevivir a un procedimiento quirúrgico que él mismo había inventado.

Si Michael DeBakey es considerado por muchos colegas el mejor cirujano que ha existido, es porque cambió la historia de la medicina. Él mismo solía decir que en los años 30, cuando se graduó, "si un paciente llegaba con un ataque de corazón, había que dejarlo en manos de Dios".
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